La masa se apelotonaba frente a su casa. Su madre, aterrorizada, apenas se atrevía a mirar por una rendija del postigo. Todo empezó en la verbena: alguien intentó forzar a Cecilia, la de Juani. Cuando la encontraron, al sentir de sus gritos, en el pasaje tras la iglesia, repetía, incesantemente, un nombre: "¡Marce! ¡Marce!" En pánico, no lograron sacarle ni una palabra más. Naturalmente, los allí presentes interpretaron que había reconocido a su agresor, a Marcelino, el hijo del carpintero, conocido por …