Este libro resulta recomendable para el entretenimiento, la reflexión, la ensoñación o la divagación diletante de un abanico muy amplio de lectores, adeptos o no a Julian Barnes, a la manera inglesa de vivir y saber estar, (y sí, adeptos o no) a los hombres jóvenes de corazón. En primer lugar, porque tiene una calidad literaria muy alta. Segundo, porque el texto cuenta avatares atractivos —básicamente vitales, amorosos— de los dos protagonistas, Jean y Stephen, supuestamente ficticios, o no tanto, así como del propio Julian Barnes