A través de autores como Plinio el Viejo (23-78), Dioscórides (40-90) y Avicena (980-1037) se conoce las virtudes curativas que tenían un producto exótico de Persia, el betún o brea, conocido como «mumia». Se le atribuían propiedades medicinales, podía tratar abscesos, fracturas, epilepsias o vértigos, lo que provocó una difusión excesiva de su uso en Europa desde la Edad Media en adelante. Ante la elevada demanda del producto original -brea o betún- se obligó a comenzar la búsqueda de un sustitutivo, las momias egipcias, que tenían una