La cancelación del FCAS se ha presentado como una derrota del poder aéreo europeo, pero quizá deba leerse justo al contrario. Lo relevante no es tanto que Francia y Alemania hayan enterrado un caza tripulado de sexta generación, como que hayan preservado la parte no tripulada del programa y la arquitectura digital destinada a conectarla. A partir de esa decisión, podemos y debemos argumentar a favor de una tesis deliberadamente incómoda: Europa no necesita sustituir el FCAS por otro avión con cabina.