DIOS EL PADRE
En la revelación concerniente a la paternidad de Dios
pueden observarse cuatro aspectos diferentes:
1) Dios como el Padre de toda la creación
2) Dios el Padre por relación íntima;
3) Dios como el Padre de nuestro Señor Jesucristo, y
4) Dios como el Padre de todos los que creen en
Jesucristo como Salvador y Señor. L.E. Chafer
. ¿Cómo un hombre se
convierte en un hijo de Dios?
¿Cuáles son algunos de los resultados de convertirse en un
hijo de Dios?
¿En qué error se incurre cuando se dice que todos los hombres
son hijos de Dios?
¿Cómo la paternidad de Dios conforta a un creyente en Cristo?
A. El padre como la primera persona.
Se indica que hay tres Personas en la Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo, y que ellas son un solo Dios. La Primera Persona es designada como
el Padre. Por lo tanto, el Padre no es la Trinidad, el Hijo no es la Trinidad y
el Espíritu tampoco es la Trinidad. La Trinidad incluye las tres Personas.
el Nuevo Testamento define y revela la doctrina total. Y en esta revelación
neotestamentaria el Padre aparece eligiendo, amando y dando; el Hijo se
revela sufriendo, redimiendo y sustentando; mientras que el Espíritu se
manifiesta regenerando, impartiendo poder y santificando. El Nuevo
Testamento se centra en revelar a Jesucristo, pero a la vez, presenta a
Cristo como el Hijo de Dios, la verdad de Dios el Padre es, de esta manera,
revelada. Dado el orden irreversible del Padre mandando y comisionando al
Hijo, y el Hijo mandando y comisionando al Espíritu Santo, el Padre se
designa correctamente en teología como la Primera Persona sin rebajar en
ninguna manera la inefable deidad de la Segunda o la Tercera Persona.
La paternidad sobre la creación.
Aunque las tres Personas participaron en la creación y participan en el sostenimiento del universo
físico y de las criaturas que existen en él, la Primera Persona , o sea Dios el Padre, en una manera
especial es el Padre de toda la creación. De acuerdo a Efesios 3:14-15, Pablo escribe: «Por esta
causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia
en los cielos y en la tierra.» Aquí toda la familia de criaturas morales, incluyendo ángeles y hombres,
son declaradas para constituir una familia de la cual Dios es el Padre. De una manera similar, en
Hebreos 12:9 la Primera Persona es nombrada como «el Padre de los espíritus», lo que parece otra
vez incluir todos los seres morales tales como ángeles y hombres. De acuerdo a Santiago 1:17, la
Primera Persona es el «Padre de las luces», una expresión peculiar que parece indicar que Él es el
originador de toda luz espiritual. En Job 38:7 los ángeles se describen como hijos de Dios.
Job 38:7; 1:6; 2:1; Lucas 3:38; Malaquías 2:10; Hechos 17:29; 1
Corintios 8:6
En base a estos textos hay suficiente campo para concluir que la
Primera Persona de la Trinidad, como el Creador, es el Padre de
toda la creación, y que todas las criaturas que tienen vida física
deben su origen a Él. Solamente en este sentido es correcto
referirse a la paternidad universal de Dios. Todas las criaturas
participan en este sentido en la hermandad universal de la
creación. Esto no justifica, sin embargo, el mal uso de esta doctrina
por los teólogos liberales para enseñar la salvación universal, o que
cada hombre tiene a Dios como su Padre en un sentido espiritual.
C. LA PATERNIDAD POR UNA ÍNTIMA RELACIÓN.
El concepto y relación del padre y el hijo se usan en el Antiguo
Testamento en muchas instancias para relacionar a Dios con Israel. De
acuerdo a Éxodo 4:22, Moisés instruyó al Faraón: «Jehová ha dicho así:
Israel es mi hijo, mi primogénito.» Esto era más que ser meramente su
Creador y era menos que decir que ellos eran regenerados, pues no
todo Israel tenía vida espiritual. Afirma una relación especial de cuidado
divino y solicitud para con Israel similar a la de un padre hacia un hijo.
D. EL PADRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.
La revelación más importante y extensa con respecto a la paternidad
de Dios se relaciona con la vinculación de la Primera Persona a la
Segunda Persona. La Primera Persona se describe como «el Dios y
Padre de Nuestro Señor Jesucristo» (Ef. 1:3). La revelación teológica
más comprensiva del Nuevo Testamento es que Dios el Padre, la
Primera Persona, es el Padre del Señor Jesucristo, la Segunda
Persona.
El hecho de que Jesucristo en el Nuevo Testamento se refiere
frecuentemente como el Hijo de Dios, y que los atributos y obras de
Dios le son constantemente asignados, constituye de una vez la
prueba de la deidad de Jesucristo y la doctrina de la Trinidad como
un todo, con Cristo como la Segunda Persona en relación a la
Primera Persona, como un hijo está relacionado a un padre.
Los teólogos, desde el siglo I han luchado con una definición precisa de
cómo Dios es el Padre de la Segunda Persona. Obviamente los términos
«padre» e «hijo» son usados de parte de Dios para describir la íntima
relación de la Primera y Segunda Persona, sin cumplir necesariamente
todos los aspectos que serían verdaderos en una relación humana de
padre e hijo. Esto es especialmente evidente en el hecho de que ambos,
el Padre y el Hijo, son eternos. El error de Arrio en el siglo IV, que el Hijo
fue el primero de todos los seres creados, fue denunciado por la Iglesia
temprana como una herejía, en vista del hecho de que la Segunda
Persona es tan eterna como la Primera Persona.
Algunos teólogos, mientras que afirmaban la preexistencia de la Segunda
Persona, han intentado empezar el papel de la Segunda Persona como un
Hijo en algún tiempo en la creación, en la Encarnación, o en algún punto
subsiguiente de especial reconocimiento hacia la Segunda Persona, como
su bautismo, su muerte, su resurrección o su ascensión.
Todos estos puntos de vista, sin embargo, son falsos, ya que la
Escritura parece indicar que la Segunda Persona ha sido un Hijo en
relación a la Primera Persona desde toda la eternidad.
La relación de Padre e Hijo, por lo tanto, se refiere a la deidad y
unidad de la Santa Trinidad desde toda la eternidad, en contraste a
la Encarnación, en la cual el Padre estaba relacionado a la
humanidad de Cristo, la cual empezó en un tiempo. Dentro de la
ortodoxia, y en conformidad a ella, las palabras del Credo de Nicena
(325 D.c.), en respuesta a la herejía arriana del siglo IV, declaran:
«el Unigénito Hijo de Dios, engendrado del Padre antes que todos
los mundos; Dios de dioses, Luz de luz, Dios absoluto, engendrado,
no hecho, siendo de una sustancia con el <Padre>. En igual
manera, el Credo de Atanasio declara: «El Hijo es del Padre
solamente; no hecho ni creado, sino engendrado... desde la
eternidad de la sustancia del Padre.»
2Co. 1:3 ;Ga. 4:4; He. 1:2; 1. Se declara que el Hijo de Dios ha sido
engendrado por el Padre Sal. 2:7; Is. 7:14; Is. 9:6-7; Jn. 1:14, 18 ; Jn. 3:16,
18; 1Jn. 4:9. 2 El Padre reconoce como su Hijo al Señor Jesucristo: Mt.
3:17 17 Y Mt. 17:5 ; Lc. 9:35.
3. El Señor Jesucristo reconoce a la Primera Persona de la Trinidad como su
Padre: Mt. 11:27; Mt. 26:63-64; Lc. 22:29; Jn. 8:16-29; Jn. 8:33-44; Jn. 17:1
4. Los hombres reconocen que Dios el Padre es el Padre del Señor Jesucristo:
Mt. 16:16; Mr. 15:39; Jn. 1:34, 49; Hch. 3:13.
5. El Hijo manifiesta su reconocimiento del Padre sometiéndose a El: Jn. 8:29,
49
6. Aún los demonios reconocen la relación que existe entre el Padre y el Hijo.
Mt. 8:29
• E. EL PADRE DE TODOS LOS QUE CREEN EN CRISTO .
• En contraste al concepto de Dios el Padre como el Creador, el cual se
extiende a todas las criaturas, está la verdad de que Dios es el Padre, en
una manera especial, de aquellos que creen en Cristo y han recibido la
vida eterna. (Juan 1:12)
• El hecho de que Dios es el Padre de toda la creación no asegura la
salvación de todos los hombres ni tampoco les da a todos vida eterna. La
Escritura declara que hay salvación sólo para aquellos que han recibido a
Cristo por la fe como su Salvador. La afirmación de que Dios el Padre es
el Padre de toda la Humanidad , y que hay, por lo tanto, una hermandad
universal entre los hombres, no significa que todos son salvos e irán al
cielo. La Escritura enseña, en lugar de lo anterior, que sólo aquellos
quienes creen en Cristo para salvación son hijos de Dios en un sentido
espiritual. Esto no es en el terreno de su nacimiento natural dentro de la
raza humana, ni en el terreno en el cual Dios es su Creador, sino más bien
está basado sobre su nacimiento segundo, o espiritual, nacimiento dentro
de la familia de Dios.
¿POR QUÉ LLAMAMOS A DIOS “PADRE”? | PREGUNTAS
BÍBLICAS
10 MAYO, 2021 Pastor PEPE MENDOZA
¿Por qué llamamos a Dios “Padre”? Para responder esta pregunta
se necesita retroceder varios pasos y recordar algunos conceptos
fundacionales que nos ayuden a entender este título de “Padre”
para Dios de manera correcta y bíblica.
Tenemos que empezar clarificando la idea de los nombres de
Dios. En primer lugar, un nombre en el mundo bíblico involucraba
principalmente una cierta descripción del carácter de la persona.
En el mismo sentido, los diferentes nombres y títulos de Dios
buscan entregar también una descripción de su carácter con cada
nombre o título asignado.
En segundo lugar, esos nombres o títulos para Dios deben ser
entendidos por mentes humanas finitas. Esto significa que ese
nombre o título debe tener correspondencia con el mundo social
y cultural humano para que pueda ser captado. El teólogo
Wayne Grudem señala que estamos hablando de “términos cuyo
significado es familiar para nosotros a través de la experiencia
de esas cualidades en otros seres humanos… podemos decir
que todo lo que la Escritura dice sobre Dios usa un lenguaje
antropomórfico—es decir, un lenguaje que habla de Dios en
términos humanos”.[1]
En tercer lugar, aunque esos nombres y títulos son tomados de
la realidad humana para ser entendidos por humanos, lo cierto
es que Dios, su persona, carácter y atributos superan a todo
entendimiento humano (Is 55:9). En ese sentido, como dice
Herman Bavinck, “Los nombres revelados de Dios no revelan su
ser como tal, sino su adaptación al lenguaje humano. La
Escritura es un lenguaje adaptado. Dios mismo es descrito en
términos humanos vía facultades humanas, partes corporales,
emociones, sensaciones y acciones”.[2]
una primera conclusión podríamos señalar que los nombres y
títulos de Dios son términos adaptados para nuestra comprensión
humana, aunque nuestro Dios será siempre más grandioso e
incomprensible. Sin embargo, Bavinck también concluye
diciendo, “aunque nuestro conocimiento de Él es adaptado y
limitado, no es menos real, verdadero y confiable. Como Dios se
revela a sí mismo, así es verdaderamente”.[3] Esto significa que
Dios mismo se ha dado a conocer a través de ciertos términos
que aunque son humanos y podrían tener modelos o ejemplos
humanos imperfectos y que no alcanzan el estándar, igual en el
Señor se hacen perfectos porque Él es perfecto y santo.
La figura paterna para Dios es una metáfora o símil que busca enseñar un vínculo
que supera nuestro entendimiento para explicar la realidad de la relación de Dios con
su pueblo (Éx 4:22; Dt 32:6; Sal 103:13; Is 45:9-11; Jr 31:9; Os 11:1; Mal 2:10). Sin
embargo, eso no significa que Dios no llegara a usar también símiles femeninos para
Él mismo (p. ej., Is 42:14).[4]
Vayamos a la Escritura misma. El término “Padre” era entendido de una manera muy
amplia por el pueblo de Israel. La unidad básica social o familiar, como la conocemos
hoy, era denominada “la casa del padre” (Gn 24:7). No se trataba de una familia
nuclear tal como la conocemos hoy, sino de una familia extendida que podía incluir
varias generaciones bajo el alero y la dirección de un patriarca (que podría ser abuelo,
bisabuelo, padre y hasta tío, como en el caso de Abraham con Lot). Es debido a este
concepto integral amplio —que involucraba familiaridad, cuidado, sujeción, liderazgo y
dirección— que se usa el término “Padre” y no “Madre” para referirse a la relación de
Dios con su pueblo. No tiene que ver con sexualidad, sino con un criterio de
integración, sujeción y cuidado que la figura del “Padre” representa.
Ahora que ya hemos entendido que la idea de “Padre” involucra no solo la idea de
familia, sino también de relación, cuidado y autoridad. Podemos profundizar un
poco más en el uso bíblico del término “Padre” para referirse a Dios. El teólogo
Louis Berkhoff lo puntualiza de la siguiente manera:
“[Padre] expresa la relación teocrática especial que Dios guarda para con Israel.
En el sentido general de Originador o Creador se usa este nombre en los
siguientes pasajes del Nuevo Testamento: 1 Co 8:6; Ef 3:14-15; He 12:9; Stg 1:16-
18. En todos los demás lugares en que se encuentra, sirve para expresar, bien
sea la relación que la primera persona de la Trinidad guarda con Cristo como Hijo
de Dios, o bien el sentido metafísico, o el medianero; o la relación ética en la que
Dios se coloca en cuanto a todos los creyentes como sus hijos espirituales”.[5]
Jesús mismo enseñó que sus discípulos debemos dirigirnos a Dios llamándolo
“Padre” (Mt. 6:9; Lc 11:2; Mt 28:19). Sin embargo, Jesús fue más allá al emplear la
forma aramea Abba, un término muy cercano, familiar y afectivo que está más
ligado a nuestro “papá” contemporáneo (Mr 14:36).
Es importante también señalar que Jesús usa el término “Padre” para
mostrar el misterio de la relación dentro de la Deidad. Waltke lo explica de
la siguiente manera: “En el misterio de la Divinidad, en la que las tres
personas son una e iguales, el hijo obedece al Padre, y el Espíritu obedece
a ambos. De forma paradójica, Jesús dice que tanto, ‘Yo y el Padre somos
uno’ (Jn 10:30) como ‘el Padre es mayor que Yo’ (Jn 14:28)”. Esto significa
que la idea de jerarquía y autoridad también se expresa con esta idea de
“Padre” para Dios.
Es importante recalcar una vez más que esta figura de Dios como “Padre”
es específica para denotar un aspecto particular de la relación de Dios con
su pueblo y no queda limitada por la imperfección de ese mismo título
expresado entre los humanos. Sabemos que en nuestros días el concepto
de “Padre” o “patriarcado” se han convertido en términos cuestionables a
nivel humano. Sin embargo, es importante atender la advertencia de
Waltke:como seguidores de Cristo, debemos siempre sujetar nuestra
herencia y autoridad, así como cualquier consenso cultura a la Escritura
para que no la invalidemos”.[8]
PÁTER: Con frecuencia se dice que el Nuevo
Testamento introdujo un nuevo nombre para Dios, es
decir, Páter (Padre). Pero esto difícilmente puede ser
correcto. El nombre Padre se usa para la Deidad aun
en las religiones paganas. Se usa repetidamente en el
Antiguo Testamento para designar la relación de Dios
con Israel, Deut. 32: 6; Sal 103: 13; Is. 63: 16; 64: 8;
Jer. 3:4, 19; 31:9; Mal.1:6; 2: 10; en tanto que a Israel
se le llama el hijo de Dios, Ex 4: 22; Deut. 14: 1; 32: 19;
Is. 1: 2; Jer. 31: 20 Oseas 1: 10; 11: 1. En tales casos
este nombre expresa la relación teocrática especial que
Dios guarda para con Israel. (Berkhof)
En el sentido general de Originador o Creador se usa
este nombre en los siguientes pasajes del Nuevo
Testamento: I Cor. 8: 6; Ef. 3: 15; Heb. 12: 9; Sant. 1: 18.
En todos los demás lugares en que se encuentra, sirve
para expresar, bien sea la relación que la primera
Persona de la Trinidad guarda con Cristo como Hijo de
Dios, o bien el sentido metafísico, o el medianero; o la
relación ética en la que Dios se coloca en cuanto a todos
los creyentes como sus hijos espirituales. (Berkhof)
[1] Grudem, Wayne, Systematic Theology (Grand Rapids: Zondervan, 1984) p. 158,
159.
[2] Bavinck, Herman. Reformed Dogmatics – God and Creation, Vo. 2 (Grand Rapids:
Baker Academics, 2008) p. 95.
[3] Ibíd., p. 96.
[4] Waltke, Old Testament Theology (Grand Rapids: Zondervan, 2007) p. 234.
[5] Berkhoff, Louis, Teología Sistemática (Grand Rapids: T.E.L.L., 1979) p. 57, 8.
[6] No se trataba de una duplicidad, sino de poder clarificar al público gentil el
término arameo “Abba” con su similar griego “patér” para que supieran a qué se
estaba refiriendo.
[7] Hendriksen, Guillermo, Comentario Romanos (Grand Rapids: SLC, 1979) p. 291.
[8] Ibíd., p. 236.