En el pasado envío comentábamos sobre el tema de la alquimia: la transmutación del
plomo en oro. Concluimos que los alquimistas de la antigüedad guardaban, bajo
procesos de laboratorio y experimentación que sirvió de base a la química moderna, un
conocimiento espiritual, cuyo propósito era transformar las energías más burdas del ser
humano, en energías de naturaleza sutil, a través del uso de su mente. A este proceso,
lo conocemos como alquimia mental. Existe una analogía entre los procedimientos
alquímicos de la antigüedad, y el proceso alquímico que tiene lugar en la mente del ser
humano. Conocer las etapas de la alquimia, podría arrojarnos luz sobre el proceso
interno que se da en la psique de cada individuo.
Estas etapas, conocidas como nigredo, albedo y rubedo, se corresponden a procesos
mentales que el ser humano vive y experimenta durante su desarrollo y crecimiento
personal.
La primera etapa, conocida como nigredo, es aquella en la cual el alquimista colocaba
un metal de poco valor en un recipiente sellado, junto con azufre y sal, para propiciar su
putrefacción.
En la segunda etapa, el albedo, el material putrefacto es mezclado con mercurio y
sometido a temperaturas muy altas en el proceso llamado calcinación. El propósito era
que el mercurio "atrapara" la sustancia plateada resultante de la calcinación. Esta
sustancia, a lo largo de otros procedimientos químicos, es la que eventualmente se
convertiría en oro.
En la tercera etapa, el contenido del envase permanecería sellado para que la
sustancia plateada, conocida como "alba" se condensara una y otra vez, hasta que se
completara su transformación. Existe una similitud entre las etapas mencionadas de la
alquimia antigua, con el proceso que toma lugar en nuestra psique, al que llamamos
alquimia mental.
En la etapa del nigredo, el ser humano se enfrenta con su sombra. Es decir, aquellos
contenidos inconscientes, relegados, reprimidos y olvidados, que en muchos casos
representan dolor, ansiedad y sufrimiento. Representa la confrontación con uno mismo,
durante la cual sólo es posible vernos tal cual somos. Con todas nuestras virtudes, pero
también haciendo frente a todos nuestros defectos.
En la etapa del albedo, nos sometemos simbólicamente al fuego de las experiencias
diarias. Nuestro cuerpo se convierte en el "horno" donde tiene lugar el proceso de
calcinación. Es necesario entonces, aceptarnos tal cual hemos descubierto que somos.
También es tarea de esta etapa, reconocer nuestra naturaleza opuesta. Es decir, saber
que nuestra totalidad se compone de energía masculina y femenina. Es indispensable,
armonizar los contrarios en nuestra personalidad.
En la tercera etapa, el rubedo, el individuo ya ha logrado la integración de sus
opuestos, y entra en un proceso "preparatorio" hacia un nivel de evolución superior. Es
lo que Jung llamó, la individuación. Por supuesto, ésta es sólo una descripción general
de un proceso largo, complicado e intenso, que serviría para desarrollar nuestras
potencialidades latentes. Esperamos que esta breve introducción sirva de panorama
general o mapa de camino para crear consciencia sobre el proceso de la alquimia
mental. De igual forma, que sirva de motivación para buscar, estudiar e investigar más
de este profundo e interesante tema, que bien puede servir de inicio a nuestro propio
proceso de auto conocimiento. Un Abrazo Fraternal Un Iniciado de la Sacra Orden del
Corpus Hermeticum Internacional