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Adaptación Leyendas de Bécquer

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Para la explotación en el aula de esta adaptación de

Leyendas existe un material con sugerencias


didácticas y actividades que está a disposición del
profesorado
en cualquiera de las delegaciones del Grupo Anaya

www.anayainfantilyjuvenil.com
e-mail: [email protected]

© De la adaptación, introducción,
apéndice y notas: Remedios Luna
Fernández, 2011
© De la ilustración: David Guirao, 2011
© De esta edición: Grupo Anaya, S. A., 2011
Juan Ignacio Luca de Tena, 15. 28027 Madrid

Coordinador de la adaptación: Emilio Fontanilla Debesa


Diseño: Javier Serrano y Miguel Ángel Pacheco

Primera edición, abril 2011

ISBN: 978-84-667-9500-5
Depósito legal: Bi. 6156/2011
Impreso en Gráficas Muriel, S. A.
28903 Getafe (Madrid)
Impreso en España - Printed in Spain

Las normas ortográficas seguidas son las establecidas por la


Real Academia Española en la nueva Ortografía de la lengua española,
publicada en el año 2010

Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido por
la Ley, que establece penas de prisión y/o multas, además de las
ÍNDICE

correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios, para quienes


reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o comunicaren públicamente, en todo o
en parte, una obra literaria, artística o científica,
o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en
cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la
preceptiva autorización.
Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . 5

El Monte
de las
Ánimas
(Leyenda soriana) . . . . . . . . . . . .
15

Maese Pérez el
organista
(Leyenda sevillana)
. . . . . . . . . 29

El rayode
luna
(Leyenda soriana)
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .
51

El miserere
(Leyenda religiosa)
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
67

El Cristo de la
calavera
(Leyenda toledana)
. . . . . . . . . . . .
81

La promesa
(Leyenda castellana)
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 97

El beso
(Leyenda toledana)

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
115
Apéndice . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . 135
Introducción
INTRODUCCIÓN

Leyenda: fantasía y realidad

Según la acepción cuarta del Diccionario de la Real Academia


una leyenda es una «relación de sucesos que tienen más de
tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos».
Esta definición relaciona los dos planos o ejes en que se
desenvuelve cualquier leyenda: el plano mágico o maravilloso,
donde tiene lugar todo lo que se aparta de la verosimilitud
narrativa; y el plano real, que sirve de base para construir sobre
él ambientes de maravilla lírica, mundos de ultratumba o
sueños de la imaginación.
Numerosos son los ejemplos representativos del mundo
mágico en las Leyendas de Bécquer que vas a leer a
continuación: una estatua que cobra vida para vengarse, un
Cristo que apaga luces para evitar un duelo, una mano muerta
que es imposible de enterrar y que protege al amado, un
templo que se reconstruye mágicamente, unos esqueletos que
resucitan, una
Leyendas

música que nos eleva al cielo, un órgano que toca solo, un


espejismo que confunde un rayo de luna con una mujer.
Pero para hacer creíbles estos fenómenos hay que situarlos
en el mundo real: en un lugar y tiempo determinados. Así, la
mayoría de las leyendas de Bécquer están localizadas en
lugares conocidos por los lectores: Sevilla, Soria, Toledo,
Fitero, Madrid, y aluden, en concreto, a edificios y monumentos
famosos que tan bien conoció Bécquer: la catedral y la Giralda
de Sevilla, el Alcázar y la plaza de Zocodover de Toledo, la
abadía de Fitero, el río Duero…
Para la localización temporal, Bécquer recurre a la época
medieval, en plena Reconquista (El rayo de luna, El Monte de
las Ánimas, La promesa, El Cristo de la calavera), al siglo xvi
(Maese Pérez el organista) o a un tiempo más cercano al del
autor (El miserere, El beso) incluyendo en su narración a
personajes históricos relevantes de cada época: el rey
Fernando III el Santo, Alfonso VIII de Castilla, Felipe II, o
menos individualizados, como ballesteros, escuderos, dueñas,
damas, galanes, trovadores, peregrinos, recaderas, religiosos,
etc., que constituyen el trasfondo de la vida real y literaria de
cada leyenda.
La verosimilitud también se logra con las descripciones,
tanto de lugares (ruinas, monasterios, callejuelas, salones,
campamentos) como de personajes, especialmente de su
vestimenta en las batallas o en las fiestas palaciegas. Estas
descripciones son muy pictóricas, como cuadros en los que
queda representada una escena. A veces, las escenas son tan
complejas, que el propio Bécquer las califica como «imposibles
de describir con palabras».
La fórmula narrativa que emplea Bécquer trata de
reorganizar y fundir este material maravilloso y real para crear
lo legendario. Y esto lo consigue dotando de valor simbólico a
objetos

Introducción

que sirven de enlace entre realidad y ficción. La banda azul de


Beatriz que desencadena la tragedia; el anillo de Margarita,
símbolo de una promesa más allá de la muerte; los cuadernos
de música inacabados que conducen a la locura; el órgano
manipulado por el espíritu de maese Pérez; el guante justiciero
del marido de doña Elvira; o las sombras engañosas, conectan
ambos mundos.
Por eso, el mayor acierto de Bécquer es haber sabido dar a
los temas fantásticos un tratamiento realista, creíble. De esta

9
manera, tanto los lectores como los propios personajes de las
leyendas reconocen, con temor o sorpresa, pero siempre con
toda naturalidad, esa presencia de lo sobrenatural en el mundo
real.
Si la razón no es suficiente para explicar el mundo porque
no es capaz de dominar la pasión de Alonso, o de conseguir
que Manrique renuncie a un sueño absurdo, ni puede explicar
que el alma de maese Pérez regrese de la muerte para tocar su
órgano, ni aclarar por qué las ánimas deambulan durante la
noche de difuntos, será necesario incluir en la realidad el
mundo de los sentimientos, de lo oculto y misterioso, de lo
inexplicable e incluso del más allá. Y eso es el Romanticismo.

Las Leyendas y el periodismo

Las Leyendas forman un grupo de dieciséis relatos escritos en


prosa poética, estilo bastante innovador en esa época, que
Bécquer publicó en prensa entre 1858 y 1864. El anhelo de
conseguir una prosa cercana a la poesía lo compartía con el
poeta francés Baudelaire, quien, en 1860, manifestaba:
«¿Cuál de nosotros, en sus días ambiciosos, no ha soñado el
milagro de una prosa poética, musical sin ritmo y sin rima, lo
Leyendas

bastante flexible y contrastada para adaptarse a los


movimientos rítmicos del alma, a las ondulaciones del
ensueño, a los sobresaltos de la conciencia?».
Son relatos de extraordinaria sensibilidad, llenos de matices
cromáticos y de efectos sonoros, que se basan en tradiciones
medievales o del pasado, o en la propia invención del autor.
Sus temas preferidos son el amor, la búsqueda del ideal, el
enfrentamiento entre el bien y el mal o la fascinación por la
creación artística.
Un aspecto muy importante es que las leyendas son textos
literarios estrechamente vinculados al periodismo, con las
implicaciones que ello supone. Bécquer debía escribir unos
relatos dirigidos a un público amplio y no especialmente
motivado por la literatura. Necesitaba sintonía con el lector, por
eso lo hace cómplice en algunas leyendas; además, debía
acomodarse a la condición política o social del periódico. Estos
dos condicionamientos concurren en todas las leyendas
publicadas en El Contemporáneo, periódico de claro matiz
conservador y católico. «Si a alguno de mis lectores se le
ocurriese hacerme la misma pregunta después de leer esta
historia, ya sabe por qué no ha continuado el milagroso
portento hasta nuestros días» referirá en Maese Pérez el
organista.
No es necesaria esta vinculación en las dos leyendas de
nuestra selección publicadas en La América (La promesa, El
beso), ya que esta era una revista cultural y literaria, no
política.
Consecuencia del carácter periodístico de las leyendas es
también la significativa relación que existe entre el tema o la
época recreada en algunas leyendas y la fecha en que fueron
publicadas en prensa: El Monte de las Ánimas se publicó poco
después del día de difuntos; Maese Pérez el organista, días
después de Navidad, y El miserere, en Jueves Santo.

10

Introducción

Bécquer era consciente de que sus leyendas debían


adaptarse al público receptor, al formato periodístico y a la
actualidad. Esta circunstancia propició que renovara el género
literario de la leyenda, ya en crisis por esos años, y adoptó una
serie de innovaciones. La primera consistió en el abandono del

11
verso, que era la modalidad tradicional en la época para las
leyendas (Zorrilla, Duque de Rivas), a favor de la prosa, más
directa y comprensible para un lector no especializado.
También redujo la extensión para adaptarse a las columnas que
le facilitaba el periódico y, consecuentemente, simplificó la
trama.
Así pues, las Leyendas de Bécquer no se distinguen de las
de otros escritores de su tiempo por su originalidad temática
sino por su capacidad de renovación del género. Esta
renovación se apoya también en el sello personal que Bécquer
imprime a la mayoría de sus narraciones, convirtiéndolas en
vehículo de su atormentada y soñadora subjetividad e
impregnándolas de una fuerza existencial muy parecida a la de
sus rimas.

Esta edición

La presente adaptación de las Leyendas pretende un doble


objetivo: respetar y mantener la fidelidad al texto original y
acercar al lector juvenil al mundo legendario recreado por
Bécquer. Para ello, se han simplificado estructuras sintácticas y
se ha generalizado el vocabulario específico, que, en
ocasiones, utiliza nuestro autor.
La selección, que ha buscado la variedad temática y de
ambientes, incluye siete de las narraciones que la crítica acepta
como inequívocas leyendas. Su orden responde a un criterio
cronológico basado en la fecha en que fueron publicadas en
prensa.
Leyendas
Leyendas

El Monte de las Ánimas1


(Leyenda soriana)

L a noche de difuntos me 2

despertó a no sé qué
hora el sonido de las
campanas. Su tañido
monótono y eterno me
recordó esta leyenda que
oí hace poco en Soria.
Intenté dormir de nuevo. ¡Imposible! La imagi-
nación, una vez estimulada, es un caballo que se desboca y al
que no sirve tirarle de la rienda. Para pasar el rato, decidí
escribirla.

1 Monte de las Ánimas: monte situado a orillas del río Duero. El nombre es muy apropiado
para situar en él la leyenda.
2 Noche de difuntos: festividad religiosa cristiana, que sigue al día de Todos los
Santos, y que se celebra el 2 de noviembre con el fin de orar por los fieles que han
acabado su vida terrenal y especialmente por aquellos que se encuentran aún en

16
Yo la oí en el mismo lugar en que ocurrió y la he escrito
girando algunas veces la cabeza con miedo, cuando sentía
crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío
de la noche. Pase lo que pase, allá va, como el caballo de
copas.
I

—Atad los perros, tocad las trompetas para que se reúnan


los cazadores y regresemos a la ciudad. La noche se acerca,
es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las
Ánimas.
—¡Tan pronto!
—Si fuera otro día, acabaría con ese rebaño de lobos que
las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras;
pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en
los Templarios3, y las ánimas de los difuntos comenzarán a
tañer su campana en la capilla del monte.
—¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?
—No, hermosa prima. Tú ignoras lo que sucede en este
país, porque hace menos de un año que has venido desde
muy lejos. Frena tu yegua, yo también pondré la mía al
paso, y mientras dura el camino te contaré esa historia.
Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos.
Los condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus
magníficos caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos

estado de purificación en el purgatorio (las ánimas del purgatorio). Las creencias


populares afirman que esa noche las ánimas de los difuntos salen de sus tumbas y
vuelven a sus lugares de origen para participar en la cena con los vivos.
3 Templarios: la orden militar y religiosa del Temple fue fundada en 1118 para
proteger a los peregrinos que iban a Tierra Santa, Jerusalén. Los templarios se
instalaron en Castilla hacia 1130, durante el reinado de Alfonso VII. La orden creció
muy aprisa y acumuló grandes riquezas hasta que Clemente V la disolvió en 1312,
debido a algunos escándalos. Por eso fue un tema recurrente entre los románticos.

17
Leyendas

Beatriz y Alonso, que encabezaban la comitiva a bastante


distancia.
Mientras caminaban, Alonso narró de esta manera la
prometida historia:
—Ese monte que hoy llaman de las Ánimas pertenecía a
los templarios, cuyo convento ves allí, a orillas del río. Los
templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Cuando se
conquistó Soria a los árabes, el rey los trajo de tierras
lejanas para

18
El Monte de las Ánimas

19
Leyendas

defender la ciudad por la parte del puente, ofendiendo con


ello a sus nobles de Castilla, que habrían sabido defenderla
solos, igual que la conquistaron. Entre los caballeros de la
nueva y poderosa orden y los hidalgos de la ciudad fue
creciendo durante años un odio profundo que acabó por
estallar. Los primeros tenían acotado ese monte, donde
reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y
contribuir a sus placeres. Los segundos decidieron organizar
una gran cacería en el coto, a pesar de las severas
prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a
sus enemigos. El desafío llegó a oídos de todos, y nada
consiguió detener a unos en su manía de cazar y a los otros
en su empeño por evitarlo. El proyectado enfrentamiento se
llevó a cabo. Aquello no fue una cacería. Fue una batalla
espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres. Los
lobos, a quienes se quiso exterminar, tuvieron un sangriento
festín. Al final, el rey impuso su autoridad: el monte, que
había ocasionado tantas desgracias, se declaró abandonado,
y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte, y
en cuyo atrio4 se enterraron juntos amigos y enemigos, se
convirtió en ruinas. Desde entonces, dicen que cuando llega
la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la
capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones
de sus sudarios5, corren como en una cacería fantástica por
entre la maleza y las zarzas. Los ciervos braman espantados,
los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al
día siguiente se han visto sobre la nieve las huellas de los
descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le lla-
4 Atrio: espacio limitado de los templos, que está situado en la parte exterior, a la
entrada, generalmente más alto que el suelo de la calle.
5 Jirones de sus sudarios: trozos desgarrados de la tela que cubre el cuerpo de los
cadáveres.

20
El Monte de las Ánimas

mamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de


él antes de que caiga la noche.
El relato de Alonso concluyó justamente cuando los dos
jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a la
ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva
a la que se incorporaron para, después, perderse entre las
estrechas y oscuras calles de Soria.

II

Los sirvientes acababan de quitar la mesa; la alta chimenea


gótica del palacio de los condes de Alcudiel despedía un
vivo resplandor, iluminando a grupos de damas y caballeros
que conversaban familiarmente alrededor de la lumbre, y el
viento azotaba los vidrios del salón.
Solo dos personas parecían ajenas a la conversación
general: Beatriz y Alonso. Beatriz, sumida en sus
pensamientos, seguía con los ojos los caprichos de la llama.
Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las azules
pupilas de Beatriz.
Ambos guardaban silencio desde hacía rato.
Las dueñas6 narraban, acerca de la noche de difuntos,
cuentos de terror cuyos protagonistas eran espectros y
aparecidos; mientras, las campanas de las iglesias de Soria
doblaban a lo lejos con un tañido monótono y triste.

6 Dueñas: viudas que hacían de amas de llaves y de amas de compañía en las casas
señoriales. Solían vigilar y dirigir a las demás criadas.

21
Leyendas

—Hermosa prima —exclamó al fin Alonso, rompiendo el


largo silencio en que se encontraban—, pronto vamos a
separarnos, tal vez para siempre; sé que no te gustan las áridas
llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus
hábitos sencillos y patriarcales; te he oído suspirar varias veces,
quizás por algún enamorado de tu lejana tierra.
Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia: todo un
carácter de mujer se reveló en aquella despreciativa
contracción de sus delgados labios.
—Tal vez por el lujo de la corte francesa, en la que has
vivido —se apresuró a añadir el joven—. De un modo u
otro, presiento que no tardaré en perderte… Al separarnos,
quisiera que te llevases un recuerdo mío… ¿Te acuerdas de
cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haber
recuperado la salud en esta tierra? La joya que sujetaba la
pluma de mi gorra llamó tu atención. ¡Qué hermosa estaría
sujetando un velo sobre tu hermosa cabellera! Ya ha
sujetado el de una novia; mi padre se la regaló a mi madre, y
ella la llevó al altar… ¿La quieres?
—No sé aquí —contestó la hermosa—, pero en mi país
un regalo recibido supone un compromiso. Solo en un día de
ceremonia debe aceptarse un presente de manos de un
pariente…
El acento helado con que Beatriz pronunció estas
palabras turbó un momento al joven que, después de
serenarse, dijo con tristeza:
—Lo sé, prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y
el tuyo entre todos; hoy es día de ceremonias y presentes.
¿Quieres aceptar el mío?
Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la
mano para tomar la joya, sin añadir una palabra.

22
Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y
volvió a oírse la cascada voz de las viejas que hablaban de
brujas y de espíritus y el zumbido del aire que hacía crujir
los vidrios de las ventanas, y el triste y monótono doblar de
las campanas.
A los pocos minutos, se reanudó el diálogo de este modo:

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