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Vencimiento de Terminos

El documento es una solicitud de libertad por vencimiento de términos presentada ante un juez penal. El acusado ha estado privado de la libertad por más de 300 días sin que se haya celebrado la audiencia de juicio oral. Se argumenta que se han superado los términos razonables sin que existan causas atribuibles a la defensa, por lo que el acusado debe ser puesto en libertad.
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Vencimiento de Terminos

El documento es una solicitud de libertad por vencimiento de términos presentada ante un juez penal. El acusado ha estado privado de la libertad por más de 300 días sin que se haya celebrado la audiencia de juicio oral. Se argumenta que se han superado los términos razonables sin que existan causas atribuibles a la defensa, por lo que el acusado debe ser puesto en libertad.
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SEÑOR

JUEZ PENAL MUNICIPAL CON FUNCIÓN DE CONTROL DE


GARANTÍAS DE MOSQUERA (CUNDINAMARCA)
E.S.D.

Referencia: Solicitud de libertad por vencimiento de términos (Art. 317


Num. 5 ley 906 de 2004)

Radicado: 252866107711201680253

ACUSADO: EDWARD YECID CASTILLO MONTERO

EDDIE JOFRED MORENO FONQUE mayor de edad, identificado con la


cedula de ciudadanía No. 1.022.984.486 de Bogotá D.C, domiciliado y
residenciado en la ciudad, abogado en ejercicio, portador de la tarjeta
profesional No 305.947.del C. S. de la Judicatura, actuando en calidad
de apoderado judicial del señor EDWARD YECID CASTILLO
MONTERO identificado con la cédula de ciudadanía No. 1.073.512.164,
me permito solicitar ante su Honorable Despacho que se surta audiencia
de control de garantías de libertad por vencimiento de términos de
acuerdo con lo estipulado en el artículo 317 Numeral 6 de la ley 906 de
2004, en concordancia con los siguientes:

HECHOS

1. El señor EDWARD YECID CASTILLO MONTERO, fue cobijado con


medida de aseguramiento privativa de la libertad por el Juzgado Penal
Municipal de Mosquera el 25 de julio de 2017, por el presunto punible de
acceso carnal abusivo en menor con menor de catorce años.

2. Se han adelantado las audiencias de formulación de acusación,


preparatoria, instalación de juicio oral y practica de pruebas con
presencia del señor EDWARD YECID CASTILLO, y esta defensa, sin que
obre maniobras dilatorias por parte de esta misma.

3. El Juzgado Primero (01) Penal del Circuito de Funza ha fijado varias


fechas para llevar a cabo la diligencia de audiencia de juicio oral,
habiéndose iniciado la misma el día 04 de junio del año en 2019, siendo
suspendida en varias oportunidades por razones ajenas al actuar de mi
defendido como del suscrito.
4. Así mismo, para la continuación de la referida audiencia pública se
han fijado sendas fechas sin que se haya podido continuar con la
misma, igualmente, por razones ajenas a la parte acusada.

5. Como última fecha se fijó el día 25 de septiembre de esta anualidad


para la continuación del juicio oral, audiencia que fue aplazada por
solicitud del ente acusador; argumentando que uno de los testigos de la
fiscalía en este caso un patrullero de la policía nacional, de quien
desconozco su nombre, no podía hacer parte de dicha diligencia, por
cuanto se encontraba de vacaciones en zona rural del departamento del
Casanare.

6. Es menester indicar, que, las solicitudes realizadas por parte de la


fiscalía para el aplazamiento de la audiencia de juicio oral, para
intereses de esta defensa no son una causa razonable para la prórroga
de dicha diligencia.

7. Quiere decir todo lo anterior, que, desde la fecha de instalación de la


audiencia de juicio oral, han transcurrido más trescientos (300) días, sin
que se continúe con las prácticas de pruebas, alegatos de conclusión o
su equivalente conforme lo establece el numeral 6° del artículo 317 del
Código de Procedimiento Penal; vulnerándose de esta manera al señor
EDAWRD YECID CASTILLO MONTERO, los derechos que le asiste a tener
un juicio sin dilaciones injustificadas.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

LEY 906 DE 2004 – ARTICULO 317 INCISO 6

(…)6. Cuando transcurridos ciento cincuenta (150) días contados a


partir de la fecha de inicio de la audiencia de juicio, no se haya
celebrado la audiencia de lectura de fallo o su equivalente”(…).

Teniendo en cuenta lo ya argumentado en los hechos de la presente


solicitud, además de lo contemplado en el parágrafo 1º del articulo 317 de la
ley 906 de 2004. Que indica lo siguiente:
(…) PARÁGRAFO 1o. Los términos dispuestos en los numerales 4, 5 y 6
del presente artículo se incrementarán por el mismo término inicial,
cuando el proceso se surta ante la justicia penal especializada, o sean
tres (3) o más los imputados o acusados, o se trate de investigación o
juicio de actos de corrupción de que trata la Ley 1474 de 2011 o de
cualquiera de las conductas previstas en el Título IV del Libro Segundo
de la Ley 599 de 2000 (…).

A mi prohijado el señor EDWARD YECID CASTILLO MONTERO, se le acuso el


delito de acceso carnal abusivo en menor con menor de catorce años,
tipo penal que se encuentra dentro del capitulo ii del título iv – Delitos contra
la Libertad, integridad y formación sexuales – del Libro II del Código Penal, lo
que quiere decir que en el presente caso se debe dar aplicación al parágrafo
primero de dicho artículo; esto es 300 días contados a partir de la fecha de
inicio de la audiencia de juicio, sin que se haya celebrado la audiencia de
lectura o su equivalente.

Por lo anterior, al señor EDWARD YECID CASTILLO MONTERO, le asiste el


derecho a la libertad por vencimiento de términos, ya que la audiencia de
juicio oral se instaló el día 04 de junio de 2019, superándose el termino de los
300 días sin que se haya celebrado audiencia de lectura de fallo o su
equivalente.

DERECHO A UN DEBIDO PROCESO SIN DILACIONES


INJUSTIFICADAS Y A UN TÉRMINO RAZONABLE DE DETENCIÓN
PREVENTIVA

(…) De conformidad con el artículo 29 C.P., “toda persona tiene


derecho a un debido proceso sin dilaciones injustificadas”. En el
mismo sentido, el artículo 8.1. de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, sobre garantías judiciales, prevé: “toda
persona tiene derecho a ser oída, con las debidas
garantías y dentro de un plazo razonable, por un juez o
tribunal competente, independiente e imparcial… en la
sustanciación de cualquier acusación penal formulada contra ella,
o para la determinación de sus derechos y obligaciones de orden
civil, laboral, fiscal o de cualquier otro carácter”. El Pacto
Internacional
de Derechos Civiles y Políticos, así mismo, contempla el derecho
“a ser juzgado sin dilaciones indebidas”.

Como desarrollo de la anterior garantía constitucional, el artículo


4 de la Ley 270 de 1996, modificado por el artículo 1° de la Ley
1285 de 2009, establece: “Celeridad y Oralidad. La administración
de justicia debe ser pronta, cumplida y eficaz en la solución de
fondo de los asuntos que se sometan a su conocimiento. Los
términos procesales serán perentorios y de estricto cumplimiento
por parte de los funcionarios judiciales. Su violación injustificada
constituye causal de mala conducta, sin perjuicio de las sanciones
penales a que haya lugar…”

El artículo 7 de la misma Ley prescribe que la administración de


justicia debe ser eficiente y que los funcionarios y empleados
judiciales “deben ser diligentes en la sustanciación de los asuntos
a su cargo, sin perjuicio de la calidad de los fallos que deban
proferir conforme a la competencia que les fije la ley” ]. De
acuerdo con la jurisprudencia de esta Corte, este deber
compromete el debido proceso, pero también fines esenciales del
Estado, como la convivencia pacífica, la vigencia de un orden
justo y la efectividad de los derechos; así mismo, el acceso a la
administración de justicia y la eficiencia en la prestación de los
servicios públicos (Arts. 2, 228 y 365 C.P.)

Como principal herramienta para asegurar un debido proceso sin


dilaciones injustificadas, el legislador generalmente consagra
plazos de carácter perentorio, con arreglo a los cuales deben ser
adelantadas etapas o precisas actuaciones en los diversos
sectores del ordenamiento jurídico, aunque no siempre asocie a
ellas específicas consecuencias jurídicas. Para otros casos, la
jurisprudencia constitucional y de la Corte IDH han construido un
conjunto de criterios, sobre la base de los cuales puede ser
evaluado el cumplimiento de plazos razonables, a la luz de los
casos concretos, que permiten determinar si se ha desconocido el
derecho a un debido proceso sin dilaciones].

Entre otros, se han subrayado como factores relevantes: (i) la


complejidad del asunto, (ii) el tiempo promedio que demanda su
trámite, (iii) el número de partes, (iv) el tipo de interés
involucrado, (v) las dificultades probatorias, (vi) el
comportamiento procesal de las partes e intervinientes y (vii) la
diligencia de las autoridades judiciales etc. En materia penal, se
ha considerado determinante (viii) la naturaleza del delito
imputado, (ix) su mayor
o menor gravedad, (x) el grado de complejidad que su
investigación comporte, (xi) el número de sindicados, los (xii) los
efectos sociales nocivos que de él se desprendan y (xiii) el análisis
global del procedimiento].

En materia penal, el derecho a un debido proceso sin dilaciones


injustificadas adquiere una importancia vital, por obvias razones
vinculadas a la intensa afectación del derecho a la libertad
personal del imputado que ocasionalmente se produce durante la
actuación, como consecuencia de la imposición de medidas
cautelares, con fines preventivos]. Como se enunció en la sección
anterior, la creación legislativa de las medidas de aseguramiento
se halla sometida a un conjunto de límites constitucionales de
carácter sustancial, que sirven de garantías para la salvaguarda
de la dignidad humana y la proscripción del exceso en su
utilización, límites dentro de las cuales se encuentra el derecho a
un proceso sin dilaciones injustificadas].

La Corte ha indicado que la detención preventiva de una persona


acusada de un delito restringe su derecho a la libertad personal,
con el propósito de garantizar otros fines constitucionales. Sin
embargo, también ha precisado que los artículos 29 de la
Constitución y 9º del Pacto Internacional de Derechos Políticos y
Civiles impiden que se persista en la prolongación de la detención
luego de un cierto lapso que, además, de ninguna manera puede
coincidir con el término de la pena, pues se desvirtuaría la
finalidad eminentemente cautelar de la detención preventiva y
terminaría convertida en un anticipado cumplimiento de la
sanción, con evidente menoscabo del principio de presunción de
inocencia.

Ha sostenido también, en el anterior sentido, que la fijación legal


de un término máximo de duración de la detención provisional,
aplicable a las etapas de investigación y juzgamiento, consulta en
una sociedad democrática el delicado equilibrio que debe
mantenerse entre el interés legítimo del Estado de perseguir
eficazmente el delito y sancionar a los responsables y, de otro
lado, la necesidad de asegurar la libertad de las personas y la
posibilidad de garantizar un proceso justo e imparcial. La
detención temporal es una medida cautelar, pero,
innegablemente, “trasciende sus efectos procesales y repercute
negativamente en la esfera de la libertad personal del inculpado”,
lo cual revela la importancia de señalar términos máximos de su
duración.
En armonía con lo anterior, el artículo 7.5 de la Convención
Americana sobre Derechos Humanos consagra que toda persona
tiene derecho a “a ser juzgada dentro de un plazo razonable o a
ser puesta en libertad, sin perjuicio de que continúe el proceso”.
Según la Corte IDH, esta disposición “impone límites temporales a
la duración de la prisión preventiva y, en consecuencia, a las
facultades del Estado para asegurar los fines del proceso
mediante esta medida cautelar…// 120. Cuando el plazo de la
prisión preventiva sobrepasa lo razonable, el Estado podrá limitar
la libertad del imputado con otras medidas menos lesivas que
aseguren su comparecencia al juicio, distintas de la privación de
libertad”.

Como consecuencia de lo anterior, para la Corte IDH, el derecho a


un debido proceso sin dilaciones injustificadas, trae consigo, a su
vez, una obligación judicial de tramitar con mayor diligencia y
prontitud los procesos penales en los que el imputado se
encuentre privado de libertad].

En resumen, (i) el bloque de constitucionalidad prevé el derecho a


un debido proceso sin dilaciones injustificadas, (ii) prerrogativa
que tiene como correlato para los servidores judiciales el deber de
garantizar una administración de justicia pronta, cumplida y
eficaz, diligente y célere, (iii) pues esto compromete, además del
debido proceso, la convivencia pacífica, la vigencia de un orden
justo, la efectividad de los derechos consagrados en la
Constitución, el acceso a la administración de justicia y la
eficiencia en la prestación de los servicios públicos (Arts. 2, 228 y
365 C.P.).

(iv) La obligación estatal de adelantar un proceso sin dilaciones se


materializa mediante la previsión normativa de plazos perentorios
y, así mismo, a través de la aplicación de criterios,
jurisprudencialmente construidos, en orden a determinar el
empleo de tiempos razonables, como la complejidad del asunto, el
término promedio que implica el trámite, el número de partes e
intervinientes, el tipo de interés involucrado, las dificultades
probatorias, el comportamiento procesal de las partes e
intervinientes y la diligencia de las autoridades judiciales. En
materia penal, además, la naturaleza del delito imputado, su
gravedad, la complejidad que suponga implique su investigación y
los efectos sociales nocivos que de él se desprendan.

(v) En los procesos penales, el derecho a un debido proceso sin


dilaciones injustificadas resulta especialmente relevante, debido a
las intensas afectaciones que en su desarrollo, por razones
preventivas, se imponen a veces a la libertad del acusado. (vi)
Debido a este drástico impacto, un proceso sin dilaciones
injustificadas comporta un límite sustancial a la discrecionalidad
del legislador en la regulación de la detención preventiva y,
consecuentemente, (vii) resulta fundamental la fijación de
términos máximos de duración de la privación de la libertad.

De suerte, señor Juez, que el camino a seguir en este diligenciamiento


no es otro, que otorgar la libertad por vencimiento de terminos a mi
defendido, pues, el término para ello se encuentra más que superado,
además de que las causales de suspensión no son atribuibles ni al
suscrito ni a mi defendido, amén de que, el tiempo que lleva este
proceso en busca de la realización de la vista pública no es razonable
desde ninguna óptica, por ende se entiende que no ha sido el tiempo
mínimo que la circunstancias de este proceso han ameritado.

PRUEBAS

Su señoría, de una manera muy respetuosa solicitó tener como pruebas


el expediente obrante en el Juzgado 1 Penal del Circuito de Funza.

ANEXOS

1. Anexo sentencia C-221/17 de la Corte Constitucional


2. Sustitución poder por la Dra Ana Valderrama

NOTIFICACIONES

La fiscalía en representación del doctor CESAR VELEZ -fiscal 4 seccional


– Direccion Seccional Cundinamarca, la recibirá en la carrera 12 No. 12 –
22 piso 4, celular 3134189627.

La victima KDMR – las recibirá en la carrera 12 No. 12 – 22 piso 4

El suscrito, la recibirá en la calle 52 Sur No. 9ª – 34 Barrio Abraham


Lincoln – Bogotá D.C. o al correo electrónico
[email protected].
Cordialmente,

EDDIE JOFRED MORENO FONQUE


C.C. 1.022.984.486 de Bogotá D.C.
T.P. 305.947 del C.S.J.
SENTENCIA C -221-17

CODIGO DE PROCEDIMIENTO PENAL-Causal de libertad si transcurridos


ciento cincuenta días contados a partir de la fecha de inicio de la
audiencia de juicio, no se haya celebrado la audiencia de lectura de fallo,
no configura omisión legislativa relativa

La Sala concluye que los derechos a la libertad, a la igualdad y a un debido


proceso sin dilaciones del procesado en segunda instancia, contrario a lo que
consideran los demandantes, se encuentran debidamente protegidos por el
artículo 1 de la Ley 1768 de 2016. Este artículo contiene la regulación que los
actores echan de menos, en la medida en que el plazo máximo de un (1) año
de detención cautelar ha sido estimado, precisamente, tomando como
referente el término máximo para la emisión del fallo de segundo grado. En
otros términos, la hipótesis que los actores estiman excluida de la disposición
objetada, está comprendida y protegida en el supuesto de hecho del citado
artículo 1 de la Ley 1768 de 2016, por todo lo cual, el legislador no incurrió en
omisión alguna. En la Sentencia C-528 de 2003, en que se juzgó un caso
similar, la Corte indicó que la interpretación de las disposiciones jurídicas
supone la existencia de un ordenamiento normativo sistemático, el cual debe
interpretarse de manera integral y coordinada, de modo que ninguno de sus
componentes actúe como compartimento estanco, autónomo e independiente.
En el presente asunto, la protección de la libertad personal, en el marco del
derecho a un debido proceso sin dilaciones injustificadas y a términos
razonables de detención preventiva implica, así mismo, entender que esa
salvaguarda se lleva a cabo dentro de un sistema de reglas dispuestas a
partir de las etapas procesales diseñadas por el legislador y no con base en
normas aisladas. Por las anteriores razones, la Sala encuentra que no se
configura la omisión legislativa relativa alegada por los demandantes y,
como consecuencia, declarará la exequibilidad la norma impugnada.
DEMANDA DE INCONSTITUCIONALIDAD-Requisitos/DEMANDA DE
INCONSTITUCIONALIDAD-Razones claras, ciertas, específicas,
pertinentes y suficientes

LEGISLADOR-Vulneración de la Constitución por acción y por


omisión/DEMANDA DE INCONSTITUCIONALIDAD POR OMISION
LEGISLATIVA RELATIVA-Requisitos

OMISION LEGISLATIVA RELATIVA-Requisitos

ACCION PUBLICA DE INCONSTITUCIONALIDAD POR OMISION


LEGISLATIVA RELATIVA-Requisitos de procedibilidad

MEDIDAS DE ASEGURAMIENTO-Naturaleza y límites

LIBERTAD PERSONAL-Derecho fundamental básico del Estado


constitucional y democrático de derecho

En síntesis, (i) la libertad personal, consustancial al Estado constitucional y


democrático de derecho no es, sin embargo, un derecho absoluto sino que
está sujeto a restricciones. (ii) Estas tienen lugar esencialmente en el marco
del proceso penal, en la forma de sanciones, pero también a través de
medidas cautelares, denominadas medidas de aseguramiento (iii), en
general, con propósitos preventivos, como garantizar la presencia del
imputado, el cumplimiento de las decisiones y la protección de la comunidad
y la víctima.
(iv) Implican la privación o la limitación a la libertad personal o la imposición
de otras obligaciones que garantizan fines legal y constitucionalmente
admisibles. (v) Sin embargo, su incidencia más importante radica en las
intensas injerencias a la libertad personal. (vi) Debido a este particular
impacto, las medidas de aseguramiento se hallan sometidas a un conjunto de
límites constitucionales, que sirven de garantías para la salvaguarda de la
dignidad humana y la proscripción del exceso en su utilización.

DERECHO A LA LIBERTAD PERSONAL-No es absoluto/DERECHO A LA


LIBERTAD PERSONAL-Sujeto a privaciones y restricciones
temporales/MEDIDAS DE ASEGURAMIENTO-Decisiones cautelares de
carácter transitorio y preventivo

MEDIDAS DE ASEGURAMIENTO-Implicaciones/MEDIDAS DE
ASEGURAMIENTO-Finalidad

MEDIDAS DE ASEGURAMIENTO-Incidencia constitucional/MEDIDAS DE


ASEGURAMIENTO-Carácter excepcional

DETENCION PREVENTIVA-Derecho a un proceso sin dilaciones


injustificadas y dentro de un plazo razonable

DERECHO A UN DEBIDO PROCESO SIN DILACIONES INJUSTIFICADAS-


Consagración constitucional e internacional

LEY ESTATUTARIA DE LA ADMINISTRACION DE JUSTICIA-Celeridad y


Oralidad/LEY ESTATUTARIA DE LA ADMINISTRACION DE JUSTICIA-
Eficiencia y diligencia

DEBIDO PROCESO SIN DILACIONES INJUSTIFICADAS-Plazos de carácter


perentorio/DEBIDO PROCESO SIN DILACIONES INJUSTIFICADAS-
Cumplimiento de plazos razonables/DEBIDO PROCESO SIN DILACIONES
INJUSTIFICADAS-Factores relevantes
Como principal herramienta para asegurar un debido proceso sin dilaciones
injustificadas, el legislador generalmente consagra plazos de carácter
perentorio, con arreglo a los cuales deben ser adelantadas etapas o precisas
actuaciones en los diversos sectores del ordenamiento jurídico, aunque no
siempre asocie a ellas específicas consecuencias jurídicas. Para otros casos, la
jurisprudencia constitucional y de la Corte IDH han construido un conjunto de
criterios, sobre la base de los cuales puede ser evaluado el cumplimiento de
plazos razonables, a la luz de los casos concretos, que permiten determinar si
se ha desconocido el derecho a un debido proceso sin dilaciones. Entre otros,
se han subrayado como factores relevantes: (i) la complejidad del asunto, (ii)
el tiempo promedio que demanda su trámite, (iii) el número de partes, (iv) el
tipo de interés involucrado, (v) las dificultades probatorias, (vi) el
comportamiento procesal de las partes e intervinientes y (vii) la diligencia de
las autoridades judiciales etc. En materia penal, se ha considerado
determinante (viii) la naturaleza del delito imputado, (ix) su mayor o menor
gravedad, (x) el grado de complejidad que su investigación comporte, (xi) el
número de sindicados, los (xii) los efectos sociales nocivos que de él se
desprendan y (xiii) el análisis global del procedimiento.

DEBIDO PROCESO SIN DILACIONES INJUSTIFICADAS EN MATERIA


PENAL-Importancia/DEBIDO PROCESO SIN DILACIONES
INJUSTIFICADAS
EN MATERIA PENAL-Afectación del derecho a la libertad personal del
imputado

DETENCION PREVENTIVA-Restricción del derecho a la libertad personal

La Corte ha indicado que la detención preventiva de una persona acusada de


un delito restringe su derecho a la libertad personal, con el propósito de
garantizar otros fines constitucionales. Sin embargo, también ha precisado que
los artículos 29 de la Constitución y 9º del Pacto Internacional de Derechos
Políticos y Civiles impiden que se persista en la prolongación de la detención
luego de un cierto lapso que, además, de ninguna manera puede coincidir
con el término de la pena, pues se desvirtuaría la finalidad eminentemente
cautelar de la detención preventiva y terminaría convertida en un anticipado
cumplimiento de la sanción, con evidente menoscabo del principio de
presunción de inocencia. Ha sostenido también, en el anterior sentido, que la
fijación legal de un término máximo de duración de la detención provisional,
aplicable a las etapas de investigación y juzgamiento, consulta en una sociedad
democrática el delicado equilibrio que debe mantenerse entre el interés
legítimo del Estado de perseguir eficazmente el delito y sancionar a los
responsables y, de otro lado, la necesidad de asegurar la libertad de las
personas y la posibilidad de garantizar un proceso justo e imparcial. La
detención temporal es una medida cautelar pero, innegablemente,
“trasciende sus efectos procesales y repercute negativamente en la esfera de
la libertad personal del inculpado”, lo cual revela la importancia de señalar
términos máximos de su duración.

DERECHO A UN DEBIDO PROCESO SIN DILACIONES INJUSTIFICADAS-


Bloque de constitucionalidad

En resumen, (i) el bloque de constitucionalidad prevé el derecho a un debido


proceso sin dilaciones injustificadas, (ii) prerrogativa que tiene como
correlato para los servidores judiciales el deber de garantizar una
administración de justicia pronta, cumplida y eficaz, diligente y célere, (iii) pues
esto compromete, además del debido proceso, la convivencia pacífica, la
vigencia de un orden justo, la efectividad de los derechos consagrados en la
Constitución, el acceso a la administración de justicia y la eficiencia en la
prestación de los servicios públicos (Arts. 2, 228 y 365 C.P.), (iv) La obligación
estatal de adelantar un proceso sin dilaciones se materializa mediante la
previsión normativa de plazos perentorios y, así mismo, a través de la
aplicación de criterios, jurisprudencialmente construidos, en orden a
determinar el empleo de tiempos razonables, como la complejidad del
asunto, el término promedio que implica el trámite, el número de partes e
intervinientes, el tipo de interés involucrado, las dificultades probatorias, el
comportamiento procesal de las partes e
intervinientes y la diligencia de las autoridades judiciales. En materia penal,
además, la naturaleza del delito imputado, su gravedad, la complejidad que
suponga implique su investigación y los efectos sociales nocivos que de él se
desprendan, (v) En los procesos penales, el derecho a un debido proceso sin
dilaciones injustificadas resulta especialmente relevante, debido a las
intensas afectaciones que en su desarrollo, por razones preventivas, se
imponen a veces a la libertad del acusado, (vi) Debido a este drástico
impacto, un proceso sin dilaciones injustificadas comporta un límite
sustancial a la discrecionalidad del legislador en la regulación de la
detención preventiva y, consecuentemente,
(vii) resulta fundamental la fijación de términos máximos de duración de la
privación de la libertad.

DEBIDO PROCESO SIN DILACIONES INJUSTIFICADAS-Reforma mediante


Ley 1786 de 2016/DETENCION PREVENTIVA-Derecho a plazos razonables
y un debido proceso sin dilaciones/PROCESO PENAL-Ninguna persona
puede ser objeto de medida de aseguramiento privativa de la libertad
superior a un año

PROCESADO EN DETENCION PREVENTIVA-Reglas para cumplimiento


inmediato de libertad

Para la mayoría de los casos, la libertad del procesado en detención


preventiva se cumplirá de inmediato (i) si transcurridos 60 días a partir de la
fecha de imputación no se ha presentado el escrito de acusación o solicitado
la preclusión; (ii) si pasados 120 días contados a partir de la fecha de
presentación del escrito de acusación, no se ha dado inicio a la audiencia de
juicio y (iii) si vencidos 150 días contados a partir de la fecha de inicio de la
audiencia de juicio oral, no se ha celebrado la audiencia de lectura de fallo o
su equivalente. Pero, además de lo anterior, (iv) ninguna medida de
aseguramiento privativa de la libertad podrá exceder de un (1) año, plazo
luego del cual el detenido deberá ser puesto en libertad. Con las primeras tres
reglas, cada una de las fases principales del proceso penal quedan ahora
gobernadas por el régimen
de afirmación de la libertad, de modo que la privación del derecho del
procesado mientras aquellas se adelantan encuentra estrictos límites
temporales en el uso racional y proporcionado de la detención cautelar. Por
su parte, con la última regla, el legislador consagra una cláusula general de
garantía a favor de la libertad del procesado, cuya privación preventiva en
ningún caso puede exceder de un (1) año. En este supuesto, el legislador,
consciente de que la justificación constitucional de la prisión provisional solo
no se diluye si es aplicada por un tiempo razonable y prudencial y
exclusivamente con fines preventivos, consagra un término general que
permite a esa limitación mantener dicho carácter y, correlativamente,
también desvirtuarlo cuando la resulta superar dicho plazo.

DEMANDA FRENTE A LAS CAUSALES DE LIBERTAD DEL CODIGO DE


PROCEDIMIENTO PENAL-Acusados que esperan decisión de segunda
instancia no se encuentran desprotegidos/DESARROLLO DEL JUICIO
ORAL EN EL PROCESO PENAL-Límite temporal de la detención del
acusado

La Sala encuentra que la carencia de regulación a la cual se refieren los


demandantes, en realidad, no tiene sustento. Los acusados que esperan la
decisión de segunda instancia no se encuentran desprotegidos, ni se les viola
el derecho a un debido proceso sin dilaciones injustificadas, pues tampoco
están sometidos, como los suponen los actores, a estar indefinidamente
privados de la libertad. Pese a que la disposición impugnada no haga referencia
a ellos, precisamente, la razonabilidad del término de su detención preventiva
está garantizada en el artículo 1 de la misma Ley 1786 de 2016, según el cual,
el tiempo de las medidas de aseguramiento privativas de la libertad no podrá
exceder de un (1) año. Como se indicó, el citado plazo ha sido
legislativamente estimado como razonable, desde la audiencia de
formulación de la imputación, hasta la decisión de la impugnación en segunda
instancia. Este término, se dijo, funciona como una cláusula general de libertad
a favor del acusado, fundada en un cálculo del tiempo prudencial que toma
el trámite del proceso,
precisamente, hasta la adopción del fallo que resuelve la apelación contra la
sentencia. Por lo tanto, si bien constituye una causal general de libertad, en el
momento procesal al que se refieren los actores el derecho a un debido proceso
sin dilaciones y la libertad personal del acusado se encuentran resguardados
por el contenido de esa previsión legal.

Referencia: Expediente D-11685

Demanda de inconstitucionalidad contra el


artículo 2 (parcial) de la Ley 1786 de
2016, “por medio de la cual se modifican
algunas disposiciones de la Ley 1760 de
2015”.

Actores: Manuel Alejandro Iturralde


Sánchez, Angélica Patricia Noriega
Villamizar, Jorge Alejandro Cárdenas
Cárdenas, Camilo Sánchez Villamarín,
Tomás Orozco García y Virginia Upegui
Caro.

Magistrado Ponente (E):

JOSÉ ANTONIO CEPEDA AMARÍS

Bogotá, D.C., diecinueve (19) de abril de dos mil diecisiete (2017)

La Sala Plena de la Corte Constitucional, en ejercicio de sus atribuciones


constitucionales y legales, en especial las previstas en el artículo 241,
numeral
4 de la Constitución Política, y cumplidos todos los trámites y requisitos
contemplados en el Decreto 2067 de 1991, ha proferido la siguiente sentencia.

I. ANTECEDENTES

En ejercicio de la acción pública consagrada en el artículo 241, numeral 4 de


la Constitución Política, los demandantes solicitan a la Corte declarar
inexequible artículo 2 (parcial) de la Ley 1786 de 2016, “por medio de la cual
se modifican algunas disposiciones de la Ley 1760 de 2015”.

Mediante providencia de seis (6) de octubre de dos mil dieciséis (2016), el


Magistrado Sustanciador dispuso admitir la demanda por considerar reunidos
los requisitos previstos en el Decreto 2067 de 1991, corrió traslado al
Procurador General de la Nación y comunicó el inicio del proceso al
Presidente de la República y al Presidente del Congreso, a los Ministros del
Interior y de Justicia, al Fiscal General de la Nación y al Director de Instituto
Nacional Penitenciario y Carcelario –INPEC-.

De igual forma, con el objeto de que emitieran concepto técnico sobre la


demanda de la referencia, conforme a lo previsto en el artículo 13 del Decreto
2067 de 1991, invitó a participar en el proceso a las Facultades de Derecho de
las Universidades Externado, Libre y Nacional de Colombia, Javeriana, ICESI de
Cali, Eafit de Medellín, del Atlántico, Industrial de Santander, de Ibagué, de la
Sabana, de Antioquia y del Rosario, así como a la Defensoría del Pueblo, a la
Academia Colombiana de Jurisprudencia, al Instituto Colombiano de Derecho
Procesal, a la Comisión Colombiana de Juristas y al Centro de Estudios de
Derecho, Justicia y Sociedad –Dejusticia-
Cumplidos los trámites previstos en el artículo 242 de la Constitución Política
y en el Decreto Ley 2067 de 1991, procede la Corte a resolver sobre la
demanda de la referencia.

II.NORMA DEMANDADA

A continuación se transcribe el parágrafo demandado, subrayando el


numeral objeto de impugnación.

“LEY 1786 DE 2016

(julio 1°)

Diario Oficial No. 49.921 de 1 de julio de 2016

Por medio de la cual se modifican algunas disposiciones de la Ley 1760 de


2015.

EL CONGRESO DE

COLOMBIA DECRETA:

Artículo 2°. Modifícase el artículo 4° de la Ley 1760 de 2015, el cual


quedará así:
Artículo 4°. Modificase el artículo 317 de la Ley 906 de 2004, el cual quedará
así:

Artículo 317. Causales de libertad. Las medidas de aseguramiento indicadas


en los anteriores artículos tendrán vigencia durante toda la actuación, sin
perjuicio de lo establecido en el parágrafo 1o del artículo 307 del presente
código sobre las medidas de aseguramiento privativas de la libertad. La
libertad del imputado o acusado se cumplirá de inmediato y solo procederá
en los siguientes eventos:

(…)

6. Cuando transcurridos ciento cincuenta (150) días contados a partir de la


fecha de inicio de la audiencia de juicio, no se haya celebrado la audiencia de
lectura de fallo o su equivalente”.
(…)

III. LA DEMANDA

Los actores consideran que el numeral acusado incurre en una omisión


legislativa relativa que contraviene los artículos 13, 29 y 228 de la
Constitución Política.

1. Señalan que, de acuerdo con dicho numeral, si iniciado el juicio oral han
transcurrido 150 días sin que se haya celebrado la audiencia de lectura de
fallo o su equivalente, el acusado bajo detención preventiva debe ser puesto
en libertad. Según los demandantes, la norma omite hacer mención a los
acusados, también privados de la libertad, en espera de la resolución del
recurso de apelación interpuesto contra la sentencia, ya sea por la víctima o
el propio acusado. Esta exclusión, en su criterio, implica para este segundo
grupo de detenidos un trato desigualitario y violatorio del derecho a la
libertad y al debido proceso sin dilaciones injustificadas.

Afirman que la expresión “o su equivalente”, prevista en el numeral


impugnado, podría suponer el tratamiento equitativo que se echa de menos.
Sin embargo, aseveran que esta es indeterminada, pues no hay claridad
sobre
el modo en que debe ser interpretada. En su opinión, no hay certeza de si se
refiere a los dos grupos de acusados y, de ser ese el caso, tampoco la habría
acerca de la manera en que deben ser contabilizados los ciento cincuenta
(150) días a los que se refiere la disposición, circunstancia que desconoce
también el principio de taxatividad penal.

Argumentan que la Constitución no distingue entre acusados privados de la


libertad a la espera de la sentencia de primera instancia y acusados privados
de la libertad que aguardan la resolución de la apelación contra ese fallo, sino
que solo prescribe que el sindicado, esto es, quien no ha sido declarado
responsable mediante una decisión ejecutoriada, tiene derecho a un debido
proceso sin dilaciones injustificadas. Por ello, a su modo de ver, al excluir los
detenidos que esperan la decisión de segundo grado, la disposición
menoscaba su derecho a la libertad, así como la posibilidad, en igualdad de
condiciones con los internos condenados, de participar de programas,
actividades y oportunidades que den sentido y dignidad a su permanencia en
prisión.

2. Luego de hacer algunas consideraciones sobre la competencia de la Corte


para conocer demandas por omisiones relativas del legislador, los actores
precisan los elementos que presuntamente dan lugar a la configuración de una
omisión de esa naturaleza en el presente caso, conforme a los requisitos
exigidos por la jurisprudencia de la Corte. En primer lugar, indican que la
omisión se predica del numeral impugnado. En segundo lugar, consideran
que los detenidos en espera de una sentencia de primera instancia y quienes,
también privados de la libertad, aguardan la de segundo grado son dos
grupos asimilables, al estar ambos restringidos en su derecho a la libertad y
no contar con una decisión judicial en firme.

Consideran que no hay justificación que permita distinguir legítimamente


entre los dos grupos, pues todos los acusados deben contar con los mismos
derechos y beneficios hasta el momento en que se produzca una decisión
ejecutoriada, por lo cual la norma viola los derechos a la igualdad, a la
libertad y al debido proceso de quienes aguardan la decisión de segunda
instancia. En tercer lugar, en opinión de los demandantes, el trato desigual
del que estos son objeto no tiene justificación alguna, pues no hay razones
constitucionales ni legales que lo sustenten, ni tampoco se inspira en una
situación de debilidad manifiesta del grupo favorecido.

En cuarto lugar, los actores consideran que la disposición trae como


consecuencia la ausencia de términos procesales perentorios para los
acusados en segunda instancia, la restricción de su derecho a libertad y a
acceder a programas de resocialización y beneficios penales y administrativos
en su indefinida privación de la libertad. Explican que el artículo 179 previó el
plazo de 15 días para la resolución del recurso de apelación y la lectura de la
decisión dentro de los 10 días siguientes a su adopción, tiempos que, sin
embargo, son incumplidos en la práctica.

Ilustran que, según información suministrada en abril de 2016 por el INPEC,


en el Establecimiento Penitenciario y Carcelario La Modelo de Bogotá hay
456 internos detenidos en espera de la decisión de segunda instancia. En tal
situación, estarían 1% desde 2011, 3% desde 2012, 16% desde 2013, 19%
desde 2014, 51% desde 2015 y 10% en lo corrido de 2016 a la fecha de los
reportes. En quinto lugar, los demandantes afirman que el legislador
desconoce los derechos fundamentales de todo “sindicado” a un debido
proceso sin dilaciones injustificadas, al debido cumplimiento de los términos
de la actuación y a la libertad personal, los cuales amparan sin distinción a los
sentenciados en primera instancia y segunda instancia.

3. Con fundamento en jurisprudencia constitucional y en instrumentos de


derecho internacional de los derechos humanos, subrayan que el derecho al
debido proceso sin dilaciones injustificadas implica la posibilidad de que, una
vez transcurrido un “término razonable”, la persona detenida
preventivamente pueda recobrar la libertad, sin perjuicio de la continuación
del proceso. Si bien podría objetarse la inexistencia, en la jurisprudencia de la
Corte IDH, de un lapso preciso asociado a la noción de “plazo razonable” y,
así mismo, la amplia facultad de configuración normativa que le asiste al
legislador en la materia, estas hipotéticas objeciones no tendrían asidero.

En relación con lo primero, argumentan que, pese a la aparente indefinición


del tiempo exacto al que se refiere el concepto de “plazo razonable”, es posible
utilizar el término de duración máximo de la detención preventiva de un año
establecido en el artículo 1 de la Ley 1786 de 2016, para concluir que las
personas a la espera de la resolución del recurso de apelación, interpuesto ya
sea por el mismo acusado u otra parte o interviniente, “también deben estar
cobijadas por el término de libertad que establece el artículo 2 de la misma
ley”.

Señalan que el referido plazo deriva de la proyección realizada por la Fiscalía


General y el Ministerio de Justicia en la exposición motivos del proyecto de
ley
114 de la Ley 1760 de 2015, sobre la duración de un proceso penal,
comprendida la resolución del recurso interpuesto contra la sentencia de
primera instancia, de conformidad con las reglas del CPP. En este sentido,
consideran viable que el término de 150 días expresado en la norma
demandada incluya no solo las audiencias de juicio oral y de lectura de fallo
de primera instancia, sino también la audiencia de lectura de la sentencia de
segunda instancia.

En lo que hace relación a la libertad de configuración del legislador, los


demandantes sostienen que, conforme a la doctrina constitucional,
constituyen límites al ejercicio de esa potestad los derechos constituciones y
el principio de taxatividad, que proscribe la ambigüedad de las normas
penales, sustantivas y procesales, límites que no se ven socavados en este
caso. La demanda remarca que la dilación injustificada de los términos
procesales significa un menoscabo del derecho a la libertad personal y que el
debido proceso en materia penal implica que la situación del acusado sea
resuelta de manera definitiva a la mayor brevedad posible y conforme a los
tiempos establecidos para cada etapa del proceso.

Por lo anterior, para los actores, la libertad de configuración del legislador


“no puede ser un argumento constitucionalmente admisible para rechazar las
pretensiones de la demanda”.

4. Como segundo cargo, los actores consideran que la disposición acusada


desconoce el derecho fundamental a la igualdad, pues no otorga el mismo
trato a dos grupos de personas que se encuentran en situaciones fácticas
idénticas. Subrayan que la norma crea, sin ninguna justificación, un trato
diferenciado entre los acusados bajo detención preventiva que están a la
espera de la sentencia de segunda instancia y aquellos que aguardan la de
primer grado, pese a que el carácter de acusado cesa únicamente cuando la
decisión queda en firme, dado que la apelación interrumpe su ejecutoria y
hace que el afectado mantenga su calidad procesal.

Agregan que todos los acusados que se hallan privados de la libertad tienen
derecho al debido proceso y a la observancia de los tiempos procesales
razonables; así mismo, que no hay norma alguna que establezca un trato
diferencial para los detenidos de primera y segunda instancia y, en definitiva,
todos constituyen un único grupo, sin importar el momento procesal en que
se encuentren.

Con fundamento en los anteriores argumentos, los demandantes solicitan a


la Corte declarar la exequibilidad condicionada del numeral impugnado, en el
entendido de que la expresión “o su equivalente” “cubre la audiencia de
lectura de fallo de segunda instancia”. Subsidiariamente, piden a la Sala
exhortar al Congreso de la República para que modifique el numeral
impugnado y aclare el alcance de la expresión “o su equivalente” “en lo relativo
a los acusados sobre quienes se ha emitido un fallo de primera instancia pero
cuyo caso se encuentra en apelación”.

IV. INTERVENCIONES

Intervenciones oficiales

4.1. Ministerio de Justicia y del Derecho

1. Diana Alexandra Remolina Botía, Directora de la Dirección de Desarrollo


del Derecho y del Ordenamiento Jurídico del Ministerio, intervino dentro del
proceso para cuestionar la aptitud sustantiva de los cargos y defender la
constitucionalidad de la disposición objetada.

2. Luego de citar jurisprudencia de la Corte sobre los requisitos que debe


reunir una demanda de inconstitucionalidad para ser analizada de fondo, la
interviniente señala que los actores precisan las normas legales objeto de
impugnación y los mandatos constitucionales supuestamente infringidos, pero
no ofrecen un argumento orientado a confrontar las dos clases de normas, por
lo cual el cargo carece de certeza. En el mismo sentido, indica que no
proporcionan razones estrictamente constitucionales, sino consideraciones
fácticas e hipótesis “nacidas de su percepción de una situación anómala de
carácter judicial”, como el reporte de procesos en espera de la decisión de
segunda instancia, de manera que el cargo carece de pertinencia.

3. La interviniente expone, en todo caso, los siguientes argumentos en defensa


de la constitucionalidad de la norma. Sostiene que el planteamiento de la
demanda es incorrecto porque la libertad del acusado procede, según el
artículo
317.1 del CPP, cuando haya sido absuelto, y que el numeral impugnado no
implica una medida discriminatoria ni violatoria del debido proceso. A su
juicio, existe una diferencia entre los acusados en primera y segunda instancia
que autoriza un tratamiento diferenciado, pues si bien ambos se encuentran
amparados por la presunción de inocencia, los últimos han sido declarados
penalmente responsables mediante una decisión judicial, por lo cual su
privación de la libertad no puede ser considerada arbitraria.

4. Por otra parte, la representante del Ministerio señala que la expresión “o su


equivalente” utilizada en la norma acusada no debe tomarse como una remisión
genérica o ambigua dado que, al contrario, permite brindar un tratamiento
igualitario a quienes se encuentren en la misma situación, independientemente
del sistema procesal que rija el trámite, ya sea el de la Ley 906 de 2004 o la
Ley 600 de 2000. En su opinión, como en esta no se encuentra prevista la
audiencia de lectura de fallo, era necesario introducir la citada equivalencia,
con el fin de determinar el momento a partir del cual se debe hace efectivo el
derecho a la libertad del procesado, lo cual ocurre entonces con la terminación
de los alegatos de las partes en el juicio, que es la instancia en que el juez se
halla obligado a emitir la sentencia.

5. Por último, la intervinientes afirma que si bien existe una norma a la cual
los demandantes atribuyen la alegada omisión legislativa relativa, esta no
excluye supuestos que, por razones constitucionales, debía prever. Argumenta
que los acusados a quienes no les ha sido dictada sentencia de primera
instancia y aquellos que la aguardan, grupos que la demanda equipara, no se
hallan realmente en situación similar, pues mientras que respecto de los
primeros ya se superó el término legal para surtir todas las etapas del proceso
sin que se haya proferido una decisión de fondo, a los segundos se les
adelantó la actuación en todas sus fases, pero han decidido voluntariamente
impugnar la decisión.

Tampoco se satisface la exigencia de que la exclusión de las hipótesis


alegadas por la demanda carezca de razón suficiente. Recalca que, de
conformidad con la exposición de motivos, las personas detenidas en espera
de la decisión de segunda instancia no son los destinatarios de la norma ni
estaban vinculados al problema que se pretendía resolver con su expedición.
Explica que la finalidad era atender los requerimientos de la actualidad
normativa, la complejidad procesal y el volumen de procesos que ingresan al
sistema penal, “no de aquellos que han terminado con sentencia
condenatoria”. Esta, en criterio de la interviniente, es una razón suficiente
para la exclusión de la que discrepan los demandantes.

En concordancia con lo anterior, la interviniente advierte que no puede


predicarse la existencia de un deber constitucional específico y concreto
impuesto al legislador para regular la cesación de las medidas de aseguramiento
de los acusados que, habiendo sido objeto de la decisión del juez de primera
instancia, “deciden libre, voluntaria y espontáneamente recurrir la decisión”.
En este orden de ideas, con fundamento en las anteriores razones, solicita a la
Corte inhibirse de emitir decisión de fondo y, en su defecto, declarar la
exequibilidad de la norma acusada.
4.2. Fiscalía General de la Nación

Javier Hernán Tovar Maldonado, Director Nacional de Estrategia en Asuntos


Constitucionales de la Fiscalía General de la Nación, allegó a la Corte escrito
de intervención, a través del cual sostiene que la demanda carece de aptitud
sustantiva para ser decidida de fondo.

1. Considera que el cargo formulado no reúne las exigencias de especificidad,


pertinencia, claridad y certeza. Argumenta que no es específico porque la
norma impugnada no infringe la libertad de los acusados que esperan de una
decisión de segunda instancia y, al contrario, el Código de Procedimiento
Penal establece el término de 15 días para la resolución del recurso de
apelación. En el mismo sentido, la inexistencia de una causal de libertad por
vencimiento de términos, según el interviniente, no se deriva de la norma
impugnada, sino que podría predicarse de la causal de libertad del artículo
317.5 CPP, referida al transcurso de 120 días desde la presentación del escrito
de acusación sin haberse dado inicio al juicio oral.

Pare el representante de la Fiscalía, el cargo no satisface el requisito de


pertinencia, pues, en lugar de llevar a cabo una confrontación con parámetros
constitucionales, los actores señalan al artículo acusado de no ser consistente
con la finalidad de la Ley 1760, sobre la fijación de límites a la detención
preventiva. Desde otro punto de vista, la demanda no contiene razones claras,
por cuanto la circunstancia de que los detenidos, debido su calidad de
acusados, no puedan acceder a tratamiento penitenciario, “tampoco se puede
inferir directamente de la norma demandada”.

2. De acuerdo con el interviniente, pese a que los demandantes consideran que


existe una omisión legislativa relativa en la norma impugnada, en realidad, las
personas detenidas en espera del fallo de primera instancia “no son
asimilables, de aquellas que fueron condenadas en primera instancia y se
encuentran cumpliendo la pena privativa de la libertad”. Si bien es cierto
ambos grupos se identifican en que se hallan privados de la libertad, en su
criterio, lo están con base en decisiones judiciales de características,
naturaleza jurídica, fundamentos fácticos y estándares probatorios distintos y,
por lo tanto, pueden ser objeto de una diferencia de trato.

Mientras en primera instancia (i) se practican pruebas y (ii) el acusado se


encuentra en detención preventiva, (iii) impuesta ante la inferencia razonable
de que puede ser autor o partícipe de la conducta que se investiga (iv), con
base
en elementos materiales probatorios, evidencia física o información
legalmente obtenida; precisa que en segunda instancia (i) solo se examina si
el fallo de primer grado es contrario a derecho y (ii) el acusado se encuentra
detenido con fundamento en esa sentencia, revestida de la presunción de
legalidad, (iii) para cuya emisión fue necesario el convencimiento de su
responsabilidad penal más allá de toda duda razonable, (iv) a partir de pruebas
practicadas en el juicio oral.

3. En concordancia con lo anterior, el interviniente considera que los actores


no suministran razones suficientes en orden a demostrar que los dos grupos de
acusados que comparan se hallan en igualdad de condiciones y el legislador
carece de razones al proporcionar un trato diferenciado. Al contrario, de
existir sentencia condenatoria, esta resultaría una razón que autoriza la no
fijación del mismo plazo para los dos grupos de personas. Tampoco los
actores, a juicio de la Fiscalía, pese a advertir la infracción del derecho a ser
juzgado sin dilaciones y a no ser detenido más que por un término razonable,
logran precisar el incumplimiento de un específico deber de carácter
constitucional.

Con fundamento en instrumentos del derecho internacional de los derechos


humanos y decisiones de la Corte IDH y la CIDH, el interviniente agrega que
no existe un elemento objetivo que permita determinar la razonabilidad del
plazo y los únicos criterios en tal sentido son la complejidad del asunto, la
actividad procesal del interesado y la conducta de las autoridades judiciales,
pero a la luz de las circunstancias del caso concreto. Por último, indica que,
no obstante la libertad de configuración del legislador se encuentra limitada
por los derechos fundamentales, los demandantes desconocen que la Corte
Constitucional no tiene competencia para fijar dicho plazos ni los términos
cuyo vencimiento da lugar a la libertad del acusado.

A partir de las anteriores razones, el representante de la Fiscalía General de la


Nación solicita a la Corte declararse inhibida para fallar.

Intervenciones de instituciones académicas

4.3. Universidad de Ibagué

Constanza Vargas Sanmiguel, Decana (e) de la Facultad de Derecho de la


Universidad de Ibagué, intervino para justificar la compatibilidad de la
disposición demandada con la Constitución.
1. La interviniente considera que la disposición no incurre en una omisión
legislativa relativa, por cuanto la intención del legislador no era “referirse a
aquellas situaciones prolongadas en el tiempo por no haber sido desatado el
recurso de alzada interpuesto contra el fallo de juzgado de primera
instancia”. Así mismo, estima que los grupos de acusados comparados por la
demanda no se asemejan, dado que quien espera el fallo de segundo grado ya
ha sido notificado de una decisión de condena, que luego fue objeto de
impugnación, situación distinta a la del detenido que aún aguarda el fallo de
primera instancia.

2. De otra parte, la expresión “o su equivalente”, en su criterio, no es


indeterminada, como lo creen los actores, puesto que hace referencia al acto
procedimental semejante a la audiencia de lectura de fallo, que señala el
término de vencimiento previsto en la ley, “pero no lo es, como lo propone la
demanda que esa lectura de fallo cobije tanto la primera como la segunda
instancia”. La voluntad del legislador, “no puede interpretarse en ese
sentido”.

En consecuencia, la interviniente considera que el numeral demandado es


ajustado a la Constitución y la claridad de la norma no hace aconsejable la
exhortación al legislador solicitada por los actores.

4.4. Universidad del Rosario

Álvaro Garzón Alarcón, Coordinador del Área de Derecho Penal, del


Consultorio Jurídico de la Universidad del Rosario, intervino dentro del
presente proceso para justificar la constitucionalidad de la disposición
acusada

1. Afirma que, no obstante la norma hace relación un término que se debe


contabilizar desde el inicio de la audiencia de juicio hasta la de lectura de
fallo o su equivalente, “no se puede entender como lo hace el accionante, que
se hace referencia a la audiencia de sentido de fallo en primera instancia,
pues debe entenderse que la protección cobija hasta tanto se desvirtúe
efectivamente la presunción de inocencia”. La “audiencia de lectura de fallo”
correspondería entonces a la diligencia en la que se da a conocer la decisión
en firme, ya sea porque no se interponen recursos contra ella o porque
corresponde al fallo de segunda instancia.

En su opinión, la anterior interpretación es armónica con el principio pro


homine y la libertad personal, como principio rector del proceso y criterio de
interpretación de las demás normas. Con fundamento en los anteriores
argumentos, considera que la norma objeto de impugnación es compatible con
la Carta.

4.5. Universidad Industrial de Santander

Clara Inés Tapias Padilla, Directora del Consultorio Jurídico de la


Universidad Industrial de Santander, y varios integrantes del Grupo de Litigio
Estratégico de la Escuela de Derecho de la misma institución, enviaron escrito
de intervención a la Corte mediante el cual respaldan la demanda de
inconstitucionalidad.

1. Los intervinientes sostienen que se satisfacen todos los requisitos señalados


en la jurisprudencia de la Corte para verificar que la disposición acusada incurre
en una omisión legislativa relativa y, por lo tanto, “es evidente que se están
violando los derechos de los sindicados al no permitir que accedan a este
beneficio ya que se encuentra de por medio su derecho al debido proceso y a
gozar de un proceso sin dilaciones injustificadas y por ende a su derecho a la
liberad teniendo en cuenta esto no se encuentran razones suficiente para que
no sea aplicada esta normativa a estos sujetos procesales”.

3. De otra parte, los intervinientes comparten con la demanda que la expresión


“o su equivalente” no es clara en relación con las personas a las que se aplica,
puesto que permite diversas interpretaciones, lo que, además, atenta contra el
principio de seguridad jurídica. Consideran que, si bien la norma no excluye
expresamente los acusados que han sido condenados o absueltos en primera
instancia, “tampoco es claro en qué momento esta puede llegar a ser
aplicada, por lo tanto se hace necesario que se haga una aclaración de dicho
precepto consagrado en la norma”.

Con base en las razones anteriores, los intervinientes solicitan a la Corte


declarar la exequibilidad condicionada de la disposición “ya que se evidencia
la omisión legislativa en la que incurre el legislador cuando deja por fuera a
este grupo de la población carcelaria que se encuentra en la espera de la
resolución de su proceso penal ya sea en primera o en segunda instancia, sin
ninguna justificación, desconociendo de este modo sus derechos a recibir un
trato igual, al debido proceso y por ende su derecho a la libertad. Situación
jurídica que los pone en desventaja con respecto de los otros procesados
penales que sí gozan de este derecho y que la norma taxativamente si cobija”.
V. CONCEPTO DEL PROCURADOR GENERAL DE LA NACIÓN

Mediante escrito radicado en esta Corporación en la oportunidad procesal


correspondiente, la Procuradora General de la Nación (e) presentó el
concepto previsto en los artículos 242-2 y 278-5 de la Constitución, mediante
el cual solicitar a la Corte declararse inhibida para fallar, por ineptitud
sustantiva de la demanda.

La Vista Fiscal recuerda que el Código de Procedimiento Penal contempla


medidas de aseguramiento privativas y no privativas de la libertad y fija un
conjunto de requisitos para que el juez de control de garantías pueda
imponer cualquiera de ellas. Subraya, además, que, según la jurisprudencia
de la Corte, las medidas de restricción de la libertad tienen carácter
preventivo, no naturaleza sancionatoria. A partir de este marco, estima que
la demanda está relacionada, no con la norma acusada, sino con los artículos
176 y siguientes del Código de Procedimiento Penal, sobre los términos para
interponer y resolver recursos, especialmente los que atacan autos dictados
en desarrollo de las audiencias y sentencias condenatorias y absolutorias.

Explica que la omisión alegada no recae en el texto normativo cuestionado y


que los accionantes no demostraron cuáles son los supuestos legales de
hecho equiparables en el procedimiento y en la práctica “a quienes le han
dictado una medida de aseguramiento con detención preventiva en
establecimiento carcelario”. Por esta razón, en su criterio, no se encuentra
verificada violación alguna del derecho a la igualdad. Recalca que, según la
Corte, solo es posible entrar a analizar la configuración de una omisión
legislativa relativa cuando el actor ha dirigido la acusación contra la norma de
cuyo texto surge o emerge esa carencia parcial de legislación.

Con base en los anteriores argumentos, el Ministerio Público estima que la


demanda es inepta y solicita a la Corte declararse inhibida para fallar.

VI. CONSIDERACIONES Y FUNDAMENTOS DE LA CORTE


CONSTITUCIONAL Competencia
1. La Corte Constitucional es competente para resolver la demanda de la
referencia, en los términos del artículo 241-4 C.P., puesto que se trata de la
acción pública de inconstitucionalidad contra disposiciones contenida en una
Ley de la República.

6.2. Cuestión previa. Aptitud sustantiva de la demanda

6.2.1. Antes de indicar el problema jurídico que debe ser resuelto y la


eventual estructura de la justificación de la decisión, es necesario determinar
la aptitud sustantiva de la demanda, pues varios de los intervinientes, así
como el Ministerio Público, consideran que no cumple con los requisitos
mínimos para ser estudiada y solicitan a la Corte inhibirse de emitir
pronunciamiento de fondo. El Ministerio de Justicia y del Derecho afirma que
no contiene argumentos orientados a confrontar las normas legales con los
mandatos constitucionales invocados y que solo prevé consideraciones
fácticas, derivadas del reporte de procesos en espera de decisión de segunda
instancia, por lo cual el cargo carece de certeza y pertinencia,
respectivamente.

Por su parte, la Fiscalía General de la Nación argumenta que la omisión


alegada no se desprende de la disposición impugnada, sino del artículo 317.5
CPP. Así mismo, sostiene que el cargo no es específico, pues, antes que
infringir la libertad del procesado en segunda instancia, el Código de
Procedimiento Penal fija el término de 15 días para la resolución del recurso
de la apelación; no es pertinente, por cuanto se acusa el texto normativo, no
de ser incompatible con la Constitución, sino inconsistente con la finalidad de
la Ley 1760; y no es claro, dado que la imposibilidad para los detenidos de
acceder a tratamiento penitenciario, “tampoco se puede inferir directamente
de la norma demandada”.

La Fiscalía considera, de igual forma, que el cargo no satisface el presupuesto


de la suficiencia, en la medida en que no logra demostrar que los dos grupos
de acusados que compara se hallen en igualdad de condiciones y,
correlativamente, el legislador carece de razones para proporcionar un trato
diferenciado. El Ministerio Público suscribe también este último punto de
vista y, adicionalmente, estima que la demanda está relacionada, no con la
norma acusada, sino con los artículos 176 y siguientes del Código de
Procedimiento Penal, sobre los términos para interponer recursos.

6.2.2. De conformidad con el artículo 2 del Decreto 2067 de 1991, la


demanda de inconstitucionalidad debe contener: “(i) el señalamiento de las
normas acusadas como inconstitucionales, su trascripción literal por
cualquier medio o un ejemplar de la publicación oficial de las mismas; (ii) el
señalamiento de las normas constitucionales que se consideren infringidas;
(iii) las razones por las cuales dichos textos se estiman violados; (iv) cuando
fuere el caso, el señalamiento del trámite impuesto por la Constitución para
la expedición del acto demandado y la forma en que fue quebrantado; y (v) la
razón por la cual la Corte es competente para conocer de la demanda”.

A la luz de lo anterior, la demanda debe formular uno o varios cargos, que


reúnan ciertos requisitos, para que se ajusten a la naturaleza normativa,
abstracta y comparativa del control que realiza la Corte y permitan
comprender el problema de transgresión constitucional que se propone. Esto
ha sido sintetizado en la necesidad de que los cargos
sean claros, específicos, pertinentes, suficientes y satisfagan la exigencia
de certeza.

La claridad hace relación a que los argumentos sean determinados y


comprensibles y permitan captar en qué sentido el texto normativo que se
controvierte infringe la Carta. Deben ser entendibles, no contradictorios,
ilógicos ni anfibológicos. Conforme la exigencia de la certeza, de una parte, se
requiere que los cargos tengan por objeto un enunciado normativo
perteneciente al ordenamiento jurídico e ir dirigidos a impugnar la
disposición señalada en la demanda y, de la otra, que la norma sea
susceptible de inferirse del enunciado acusado y no constituir el producto de
una construcción exclusivamente subjetiva, con base en presunciones,
conjeturas o sospechas del actor.
La especificidad de los cargos supone concreción y puntualidad en la censura,
es decir, la demostración de que el enunciado normativo exhibe un problema
de validez constitucional y la explicación de la manera en que esa consecuencia
le es atribuible. Es necesario que los cargos sean también pertinentes y, por
lo tanto, por una parte, que planteen un juicio de contradicción normativa
entre una disposición legal y una de jerarquía constitucional y, por la otra,
que el razonamiento que funda la presunta inconstitucionalidad sea de
relevancia constitucional, no legal, doctrinal, político o moral.

Tampoco el cargo es pertinente si el argumento en que se sostiene se basa en


hipótesis acerca de situaciones de hecho, reales o de hipotética ocurrencia, o
ejemplos en los que podría ser o es aplicada la disposición. Y, por último,
la suficiencia implica que la demostración de los cargos contenga un mínimo
desarrollo, en orden a demostrar la inconstitucionalidad que le imputa al
texto demandado. El cargo debe proporcionar razones, por lo menos básicas,
que logren poner en entredicho la presunción de constitucionalidad de las
leyes, derivada del principio democrático, que justifique llevar a cabo un
control jurídico sobre el resultado del acto político del legislador[1].

6.2.3. Ahora, como lo ha reconocido la Corte, el legislador puede vulnerar la


Constitución, no solo por acción sino también por omisión [2]. En este sentido,
cuando la demanda se orienta a mostrar que la infracción a la Carta se
origina en una omisión legislativa relativa[3], a los anteriores requisitos se
añade la exigencia de construir un específico razonamiento tendiente a
evidenciar que, en efecto, existe una carencia parcial de regulación violatoria
de preceptos de la Constitución.

De acuerdo con la jurisprudencia de la Corte, la existencia de una omisión


legislativa relativa requiere constatar (i) que existe una norma sobre la cual
se predique el cargo; (ii) que la misma excluya de sus consecuencias jurídicas
aquellos casos que, por ser asimilables, tenían que estar contenidos en el texto
normativo cuestionado, o que el precepto omita incluir un ingrediente o
condición que, de acuerdo con la Constitución, resulta esencial para
armonizar el texto legal con los mandatos de la Carta; (iii) que la exclusión de
los casos o ingredientes carezca de un principio de razón suficiente; (iv) que
la falta de justificación y objetividad genere para los casos excluidos de la
regulación legal una desigualdad injustificada frente a los que se encuentran
amparados por las consecuencias de la norma; y (v) que la omisión sea el
resultado del incumplimiento de un deber específico impuesto por el
constituyente al legislador[4].

De igual forma, al referirse a los requisitos de procedibilidad de la acción


pública de inconstitucionalidad cuando el cargo se propone por la vía de una
omisión legislativa relativa, la Sala ha sostenido que la viabilidad de conocer y
emitir pronunciamiento de mérito se halla condicionada a que la omisión sea
atribuible directamente al texto de la disposición impugnada y no a ningún
otro u otros enunciados no vinculado al trámite de constitucionalidad[5].

Particularmente, la Corte ha subrayado la relevancia de que la configuración


de la presunta inconstitucionalidad no suponga un ejercicio interpretativo de
conjuntos más amplios de disposiciones, de regulaciones distintas o de normas
indeterminadas[6]. Desde otro punto de vista, este requisito se traduce en que la
omisión que se plantea pueda coherentemente imputársele a la disposición
acusada o, en otros términos, que sea lógicamente atribuible a su texto[7].

Este razonamiento se convierte, así, en la condición fundamental para que el


cargo por incumplimiento de una obligación superior que hace
constitucionalmente incompleta la norma demandada pueda ser conocido y
decidido de fondo. Debe precisarse, sin embargo, que la satisfacción de este
presupuesto solo implica que la demanda es formalmente apta y puede ser
analizada, no que el elemento considerado por el demandante
constitucionalmente obligatorio dentro de la norma efectivamente lo sea y, por
lo tanto, se configure una verdadera omisión del legislador. Este es ya el
problema constitucional de fondo planteado a la Corte, que deberá ser resuelto
en el análisis de fondo de los cargos[8].
6.2.4. Los demandantes impugnan la causal de libertad prevista en el artículo
317.6 C.P.P., conforme con la cual, si iniciada la audiencia de juicio, han
transcurrido 150 días sin que se haya celebrado la audiencia de lectura de
fallo o su equivalente, el acusado bajo detención preventiva debe ser puesto
en libertad. Para los actores, la norma incurre en una omisión legislativa
relativa al no hacer mención a los acusados, también privados de la libertad y
amparados por la presunción de inocencia, que aguardan la resolución del
recurso de apelación interpuesto contra la sentencia de primera instancia. A
su juicio, de tal forma se desconocen sus derechos a la igualdad, a la libertad
y a un debido proceso sin dilaciones injustificadas.

Como advierten los demandantes, la disposición establece a favor del


acusado en espera de la sentencia de primera instancia el derecho a ser
dejado en libertad si la decisión no ha sido emitida dentro de un término
específico y, sin embargo, no consagra una prerrogativa similar en cabeza del
acusado que aguarda el fallo de segundo grado, pese a que este también es
acreedor al debido proceso dentro de un plazo razonable, se encuentra
privado de la libertad y cobijado aún por la presunción de inocencia. Desde la
perspectiva de la coherencia básica, se observa que los actores vinculan la
omisión al contenido normativo de una disposición a la que podría
válidamente a atribuírsele.

La norma contempla una ventaja para un grupo de acusados que, dentro del
proceso penal, solamente se encuentran pendientes de la decisión judicial de
fondo sobre su responsabilidad penal, mientras que no prevé la misma
ventaja para otro conjunto de procesados que, de forma análoga,
únicamente esperan la resolución judicial de mérito sobre su culpabilidad,
aunque por el juez de segundo grado, sin que esto último parezca, a primera
vista, relevante. La demanda no recurre a otras normas diferentes ni a textos
más amplios para la construcción de la omisión, sino que a partir de la sola
disposición objetada logra edificarla de manera lógica.
Contrario a lo que plantea la Fiscalía General, la omisión alegada no resulta
atribuible al artículo 317.5 C.P.P., que prevé la libertad del procesado si,
transcurridos 120 días de la fecha de presentación del escrito de acusación,
no se ha dado inicio a la audiencia de juicio oral, pues el momento procesal y
la situación del acusado a los que se refiere esta norma no son mínimamente
comparables con los del procesado que aguarda la decisión de segunda
instancia. Así mismo, en oposición a lo que observa el Ministerio Público, la
impugnación no se relaciona con los artículos 176 y siguientes del C.P.P.,
pues si bien estos prevén términos para el trámite de la segunda instancia, no
contemplan causales de libertad, que es el elemento distintivo y relevante de
la disposición censurada.

El cargo cumple, así mismo, los requisitos de especificidad y pertinencia, pues


si bien en algún momento la demanda hace referencia a que la norma
impugnada es inconsistente con la finalidad de la Ley 1760 de 2015 y a
argumentos de tipo fáctico, relacionados con porcentajes de personas
privadas de la libertad que esperan la decisión de segunda instancia, estos
son evidentemente elementos accidentales del cargo, el cual se dirige a
mostrar el presunto problema de inconstitucionalidad concretamente del
numeral acusado, derivado de una carencia de regulación, se fundado en un
supuesto desconocimiento de los derechos constitucionales a la igualdad, la
libertad y a un debido proceso sin dilaciones.

El cargo satisface también el requisito de certeza, por cuanto la construcción


de la acusación por inconstitucionalidad parte de una interpretación razonable
de la disposición que se objeta, deducible con arreglo en una mera
lectura literal de su texto. Por último, el planteamiento de la demanda es
además claro y suficiente, dado que no induce a confusión ni a ambivalencias
y, en los términos explicados, cuenta con un desarrollo elemental, de modo
que genera una mínima duda sobre la constitucionalidad del precepto que se
orienta a impugnar. Además, si bien la demanda plantea formalmente otro
cargo por violación del derecho a la igualdad, resulta inequívoco que
reconduce al primero y a sus fundamentos.
Por último, la Fiscalía sostiene que los demandantes, “han identificado la
norma de la cual se predica una omisión, con lo cual se reúne el primer
elemento. Sin embargo un análisis de la disposición demandada permite
concluir que no contiene una omisión esencial que impida armonizarla con las
obligaciones previstas en la Constitución”. Este planteamiento también es
formulado por el Ministerio Público. El argumento, sin embargo, como lo
reconoce el interviniente, en realidad se dirige a defender la
constitucionalidad de la norma, no a controvertir la aptitud sustantiva del
cargo, por lo cual eventualmente será evaluado en la oportunidad
correspondiente.

6.3. Problema jurídico y estructura de la decisión

6.3.1. Los demandantes acusan de incurrir en una omisión legislativa relativa


el artículo 317.6 C.P.P., según el cual, transcurridos 150 días contados a partir
de la fecha de inicio de la audiencia de juicio, si no se ha celebrado la
audiencia de lectura de fallo o su equivalente, el acusado debe ser puesto en
libertad. En opinión de los actores, la norma incurre en una omisión porque
no incluye a los acusados, también privados de la libertad y amparados por la
presunción de inocencia, que aguardan la decisión de segunda instancia. En
su criterio, de tal forma se desconocen sus derechos a la igualdad, a la
libertad y a un debido proceso sin dilaciones injustificadas.

Para el Ministerio de Justicia y del Derecho, existe una diferencia entre los
dos grupos de procesados, lo cual autoriza su tratamiento diferenciado, pues
si bien en uno y otro caso se presumen inocentes, quienes esperan el fallo de
segunda instancia “tienen en su contra una decisión judicial que los declara
penalmente (sic) responsable, de manera que su privación de la libertad no
puede ser considera arbitraria”. Así mismo, estima que mientras en un caso
ya se superó el término legal para surtir todas las etapas del proceso sin que
se haya proferido una decisión de fondo, en el otro ya se adelantó la
actuación
en todas sus fases, pero el acusado ha decidido impugnar voluntariamente la
decisión.

La Fiscalía General de la Nación acuerda en lo fundamental con la anterior


opinión, pero considera que ambas clases de acusados no son asimilables
sobre la base de que, si bien se encuentran en común privación de libertad,
lo están con fundamento en decisiones judiciales de características,
naturaleza jurídica, fundamentos fácticos y estándares probatorios distintos.
En sentido similar, el Ministerio Público sostiene que la demanda no
demuestra que los supuestos de hecho que hace objeto de comparación
sean asimilables “en el procedimiento y en la práctica”, de manera tampoco
se puede predicar violación alguna del derecho a la igualdad.

De forma opuesta, la Universidad Industrial de Santander respalda los


argumentos de la demanda y, según la Universidad del Rosario, el numeral
impugnado debe ser entendido, no en el sentido de que hace referencia “a la
audiencia de sentido de fallo en primera instancia”, sino como una
“protección que cobija hasta tanto se desvirtúe efectivamente la presunción
de inocencia”. Considera, entonces, que la audiencia de lectura de fallo
corresponde al escenario en el que se dé a conocer la decisión en firme, ya sea
de primera o segunda instancia.

6.3.2. Planteada la discusión en los anteriores términos, corresponde a la Corte


determinar si la disposición, según la cual, transcurridos 150 días contados a
partir de la fecha de inicio de la audiencia de juicio, de no haberse celebrado
la audiencia de lectura de fallo o su equivalente, el acusado deber ser puesto
en libertad, comporta una omisión legislativa relativa, violatoria de los
derechos a la igualdad, la libertad y el derecho debido proceso sin dilaciones,
al no amparar con la misma prerrogativa al procesado en espera de la
decisión del recurso de apelación interpuesto contra la sentencia.

6.3.3. Con el propósito de ilustrar los aspectos centrales del debate de


constitucionalidad, la Sala reiterará su jurisprudencia sobre (i) la naturaleza de
las medidas de aseguramiento y sus límites constitucionales (ii) el derecho a
un
proceso sin dilaciones injustificadas y a términos razonables de detención
preventiva. A continuación, (iii) analizará la constitucionalidad de la
disposición demandada.

7. Fundamentos

i. Naturaleza de las medidas de aseguramiento y límites constitucionales

1. Legado de la tradición liberal, uno de los derechos fundamentales básicos


en el Estado constitucional y democrático de derecho es la libertad personal,
que implica en general la posibilidad y ejercicio efectivo de todas las acciones
dirigidas a desarrollar las aptitudes y elecciones individuales que no pugnen
con los derechos de los demás ni entrañen abuso de los propios.
Correlativamente, supone la prohibición de todo acto de coerción física o
moral, oficial o proveniente de particulares, que interfiera o suprima la
autonomía de la persona, la sojuzgue, oprima o reduzca indebidamente[9].

2. No obstante lo anterior, la jurisprudencia constitucional ha señalado que el


derecho a la libertad personal no es absoluto sino que se está sujeto a
privaciones y restricciones temporales[10]. Las privaciones legítimas a la
libertad son llevadas a cabo esencialmente en el marco del proceso penal,
bajo la forma de sanciones contra el acusado, como consecuencia de su
declaratoria de responsabilidad penal. Sin embargo, también en el trámite de
la actuación el Estado puede afectar la libertad personal a través de
decisiones cautelares, denominas medidas de aseguramiento, de carácter
transitorio, decretadas con fines preventivos[11].

3. Las medidas de aseguramiento implican la privación efectiva del derecho a


la libertad personal, restricciones a su ejercicio o la imposición de otras
obligaciones, con el objeto de evitar que el imputado obstruya el debido
ejercicio de la justicia, no comparezca al proceso o no cumpla la sentencia o
con fines de protección de la sociedad o de la víctima. Su fin general es, así,
impedir indeseables situaciones como producto del tiempo transcurrido en la
adopción de la decisión y las medidas de fondo a que haya lugar.
Las medidas de aseguramiento adquieren, sin embargo, una particular
incidencia constitucional debido a su capacidad para afectar de manera
intensa la libertad personal. El agente sufre un temporal, preventivo y, sin
embargo, ostensible impacto en el derecho a su libertad. Por estos innegables
efectos, de acuerdo con la Constitución y la jurisprudencia de esta Corte, la
creación de las medidas de aseguramiento debe ser estrictamente excepcional
y se encuentra sometida a un conjunto de límites, diseñados en orden a
salvaguardar el principio de la dignidad humana y la prevención del exceso en
su utilización.

4. En síntesis, (i) la libertad personal, consustancial al Estado constitucional y


democrático de derecho no es, sin embargo, un derecho absoluto sino que está
sujeto a restricciones. (ii) Estas tienen lugar esencialmente en el marco del
proceso penal, en la forma de sanciones, pero también a través de medidas
cautelares, denominadas medidas de aseguramiento (iii), en general, con
propósitos preventivos, como garantizar la presencia del imputado, el
cumplimiento de las decisiones y la protección de la comunidad y la víctima.
(iv) Implican la privación o la limitación a la libertad personal o la
imposición de otras obligaciones que garantizan fines legal y
constitucionalmente admisibles.

(v) Sin embargo, su incidencia más importante radica en las intensas injerencias
a la libertad personal. (vi) Debido a este particular impacto, las medidas de
aseguramiento se hallan sometidas a un conjunto de límites constitucionales,
que sirven de garantías para la salvaguarda de la dignidad humana y la
proscripción del exceso en su utilización.

ii. El derecho a un debido proceso sin dilaciones injustificadas y a un


término razonable de detención preventiva

5. De conformidad con el artículo 29 C.P., “toda persona tiene derecho a un


debido proceso sin dilaciones injustificadas”. En el mismo sentido, el artículo
8.1. de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, sobre garantías
judiciales, prevé: “[t]oda persona tiene derecho a ser oída, con las debidas
garantías y dentro de un plazo razonable, por un juez o tribunal competente,
independiente e imparcial… en la sustanciación de cualquier acusación
penal formulada contra ella, o para la determinación de sus derechos y
obligaciones de orden civil, laboral, fiscal o de cualquier otro carácter”. El
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, así mismo, contempla el
derecho “a ser juzgado sin dilaciones indebidas”.
6. Como desarrollo de la anterior garantía constitucional, el artículo 4 de la
Ley 270 de 1996, modificado por el artículo 1° de la Ley 1285 de 2009,
establece: “Celeridad y Oralidad. La administración de justicia debe ser
pronta, cumplida y eficaz en la solución de fondo de los asuntos que se
sometan a su conocimiento. Los términos procesales serán perentorios y de
estricto cumplimiento por parte de los funcionarios judiciales. Su violación
injustificada constituye causal de mala conducta, sin perjuicio de las
sanciones penales a que haya lugar…”

El artículo 7 de la misma Ley prescribe que la administración de justicia debe


ser eficiente y que los funcionarios y empleados judiciales “deben ser
diligentes en la sustanciación de los asuntos a su cargo, sin perjuicio de la
calidad de los fallos que deban proferir conforme a la competencia que les
fije la ley” [12]. De acuerdo con la jurisprudencia de esta Corte, este deber
compromete el debido proceso, pero también fines esenciales del Estado,
como la convivencia pacífica, la vigencia de un orden justo y la efectividad de
los derechos; así mismo, el acceso a la administración de justicia y la
eficiencia en la prestación de los servicios públicos (Arts. 2, 228 y 365 C.P.)
[13]
.
7. Como principal herramienta para asegurar un debido proceso sin
dilaciones injustificadas, el legislador generalmente consagra plazos de
carácter perentorio, con arreglo a los cuales deben ser adelantadas etapas o
precisas actuaciones en los diversos sectores del ordenamiento jurídico,
aunque no siempre asocie a ellas específicas consecuencias jurídicas. Para
otros casos, la jurisprudencia constitucional y de la Corte IDH han construido
un conjunto de criterios, sobre la base de los cuales puede ser evaluado el
cumplimiento de plazos razonables, a la luz de los casos concretos, que
permiten determinar si se ha desconocido el derecho a un debido proceso
sin dilaciones[14].

Entre otros, se han subrayado como factores relevantes: (i) la complejidad


del asunto, (ii) el tiempo promedio que demanda su trámite, (iii) el número
de partes, (iv) el tipo de interés involucrado, (v) las dificultades probatorias,
(vi) el comportamiento procesal de las partes e intervinientes y (vii) la
diligencia de las autoridades judiciales etc. En materia penal, se ha
considerado determinante (viii) la naturaleza del delito imputado, (ix) su
mayor o menor gravedad, (x) el grado de complejidad que su investigación
comporte, (xi) el
número de sindicados, los (xii) los efectos sociales nocivos que de él se
desprendan y (xiii) el análisis global del procedimiento[15].

8. En materia penal, el derecho a un debido proceso sin dilaciones


injustificadas adquiere una importancia vital, por obvias razones vinculadas a
la intensa afectación del derecho a la libertad personal del imputado que
ocasionalmente se produce durante la actuación, como consecuencia de la
imposición de medidas cautelares, con fines preventivos[16]. Como se enunció
en la sección anterior, la creación legislativa de las medidas de
aseguramiento se halla sometida a un conjunto de límites constitucionales
de carácter sustancial, que sirven de garantías para la salvaguarda de la
dignidad humana y la proscripción del exceso en su utilización, límites dentro
de las cuales se encuentra el derecho a un proceso sin dilaciones
injustificadas[17].

La Corte ha indicado que la detención preventiva de una persona acusada de


un delito restringe su derecho a la libertad personal, con el propósito de
garantizar otros fines constitucionales. Sin embargo, también ha precisado
que los artículos 29 de la Constitución y 9º del Pacto Internacional de Derechos
Políticos y Civiles impiden que se persista en la prolongación de la detención
luego de un cierto lapso que, además, de ninguna manera puede coincidir
con el término de la pena, pues se desvirtuaría la finalidad eminentemente
cautelar de la detención preventiva y terminaría convertida en un anticipado
cumplimiento de la sanción, con evidente menoscabo del principio de
presunción de inocencia[18].

Ha sostenido también, en el anterior sentido, que la fijación legal de un


término máximo de duración de la detención provisional, aplicable a las
etapas de investigación y juzgamiento, consulta en una sociedad
democrática el delicado equilibrio que debe mantenerse entre el interés
legítimo del Estado de perseguir eficazmente el delito y sancionar a los
responsables y, de otro lado, la necesidad de asegurar la libertad de las
personas y la posibilidad de garantizar un proceso justo e imparcial[19]. La
detención temporal es una
medida cautelar pero, innegablemente, “trasciende sus efectos procesales y
repercute negativamente en la esfera de la libertad personal del inculpado”,
lo cual revela la importancia de señalar términos máximos de su duración[20].

En armonía con lo anterior, el artículo 7.5 de la Convención Americana sobre


Derechos Humanos consagra que toda persona tiene derecho a “a ser juzgada
dentro de un plazo razonable o a ser puesta en libertad, sin perjuicio de que
continúe el proceso”. Según la Corte IDH, esta disposición “impone límites
temporales a la duración de la prisión preventiva y, en consecuencia, a las
facultades del Estado para asegurar los fines del proceso mediante esta
medida cautelar…// 120. Cuando el plazo de la prisión preventiva sobrepasa
lo razonable, el Estado podrá limitar la libertad del imputado con otras
medidas menos lesivas que aseguren su comparecencia al juicio, distintas de
la privación de libertad”[21].

Como consecuencia de lo anterior, para la Corte IDH, el derecho a un debido


proceso sin dilaciones injustificadas, trae consigo, a su vez, una obligación
judicial de tramitar con mayor diligencia y prontitud los procesos penales en
los que el imputado se encuentre privado de libertad[22].

9. En resumen, (i) el bloque de constitucionalidad prevé el derecho a un


debido proceso sin dilaciones injustificadas, (ii) prerrogativa que tiene como
correlato para los servidores judiciales el deber de garantizar una
administración de justicia pronta, cumplida y eficaz, diligente y célere, (iii)
pues esto compromete, además del debido proceso, la convivencia pacífica,
la vigencia de un orden justo, la efectividad de los derechos consagrados en
la Constitución, el acceso a la administración de justicia y la eficiencia en la
prestación de los servicios públicos (Arts. 2, 228 y 365 C.P.).

(iv) La obligación estatal de adelantar un proceso sin dilaciones se


materializa mediante la previsión normativa de plazos perentorios y, así
mismo, a través
de la aplicación de criterios, jurisprudencialmente construidos, en orden a
determinar el empleo de tiempos razonables, como la complejidad del asunto,
el término promedio que implica el trámite, el número de partes e
intervinientes, el tipo de interés involucrado, las dificultades probatorias, el
comportamiento procesal de las partes e intervinientes y la diligencia de las
autoridades judiciales. En materia penal, además, la naturaleza del delito
imputado, su gravedad, la complejidad que suponga implique su
investigación y los efectos sociales nocivos que de él se desprendan.

(v) En los procesos penales, el derecho a un debido proceso sin dilaciones


injustificadas resulta especialmente relevante, debido a las intensas
afectaciones que en su desarrollo, por razones preventivas, se imponen a
veces a la libertad del acusado. (vi) Debido a este drástico impacto, un proceso
sin dilaciones injustificadas comporta un límite sustancial a la
discrecionalidad del legislador en la regulación de la detención preventiva y,
consecuentemente, (vii) resulta fundamental la fijación de términos
máximos de duración de la privación de la libertad.

iii. Análisis de constitucionalidad de la disposición demandada

10. Los demandantes acusan de incurrir en una omisión legislativa relativa el


numeral 6, artículo 2, de la Ley 1786 de 2016, que establece el término máximo
de detención preventiva en desarrollo de la audiencia de juicio oral. Según la
disposición, transcurridos 150 días contados a partir de la fecha de inicio de
la audiencia de juicio, si no se ha celebrado la audiencia de lectura de fallo o
su equivalente, el acusado debe ser puesto en libertad. Para los actores, la
norma incurre en una omisión legislativa relativa porque no incluye a los
acusados, también privados de la libertad, que aguardan la decisión de la
apelación interpuesta contra la sentencia. Desde su punto de vista, la norma
cuestionada desconoce sus derechos a la igualdad, a la libertad y a un debido
proceso sin dilaciones injustificadas, por no contemplar un plazo máximo de
detención cautelar en segunda instancia.
11. Como cuestión inicial, la Corte debe subrayar que la Ley acusada subrogó
varios artículos de la Ley 1760 de 2015, la cual, a su vez, había modificado
algunas disposiciones del Código de Procedimiento Penal (Ley 906 de 2004),
en relación con las reglas para la aplicación de las medidas de
aseguramiento, especialmente, de las privativas de la libertad. Con el
propósito de reforzar su uso excepcional, a través de dichas leyes el
legislador introdujo límites materiales a la imposición de la prisión
preventiva y fijó términos máximos de duración, tanto en cada una de las
fases del proceso, como en general para todo el trámite. Interesa precisar los
aspectos que la Ley 1760 de 2015 modificó del Código en la materia, para
luego comprender los alcances de la Ley 1786 de 2016 impugnada. Dos
fueron los cambios importantes de la primera reforma.

12. Por un lado, el parágrafo 1º del artículo 307 C.P.P., como fue modificado
por el artículo 1 de la Ley 1760 de 2015, estableció que las medidas de
aseguramiento privativas de la libertad no podrían exceder de un (1) año, con
excepción de los siguientes supuestos: cuando (i) “el proceso se surta ante la
justicia penal especializada”, (ii) “sean tres (3) o más los acusados contra
quienes estuviere vigente la detención preventiva” o (iii) “se trate de
investigación o juicio de actos de corrupción de los que trata la Ley 1474 de
2011[23]. En estos casos, el citado término de un (1) año podría prorrogarse, a
solicitud del fiscal o del apoderado de la víctima, hasta por el mismo plazo
inicial.

13. Por otro lado, el artículo 317 C.P.P., como fue modificado por el artículo 4
de la Ley 1760 de 2015, estableció como causales de libertad: 1) la preclusión
o absolución del procesado o el cumplimiento de la pena, según su
determinación anticipada; 2) la aplicación del principio de oportunidad, 3) la
aprobación de un acuerdo aceptado por el juez de conocimiento, 4) el
transcurso de 60 días desde la formulación de la imputación, sin que se
hubiera presentado el escrito de acusación o solicitado la preclusión, 5) el
transcurso de 120 días desde la presentación del escrito de acusación, sin
haberse dado inicio a la audiencia de juicio y, además, 6) el transcurso de
150 días desde el inicio de la audiencia de juicio, sin que se haya celebrado la
audiencia de lectura de fallo o su equivalente.

El mismo artículo 317 C.P.P. también prescribió que los plazos contenidos en
los numerales 4, 5 y 6 se incrementarían por el mismo término inicial (i)
“cuando el proceso se surta ante la justicia penal especializada”, (ii) “sean
tres
(3) o más los imputados o acusados” o (iii) “se trate de investigación o juicio
de actos de corrupción de que trata la Ley 1474 de 2011”.

14. Conforme a lo anterior, en la reforma de la Ley 1760 de 2015 resultaron


notables dos regulaciones, antes inexistentes en el Código de Procedimiento
Penal: 1) la introducción un término máximo de duración de las medidas de
aseguramiento privativas de la libertad. El legislador incorporó al régimen de
libertades una garantía en función del debido proceso sin dilaciones
injustificadas, de acuerdo con la cual, si el procesado cumplía un (1) año en
prisión preventiva debía ser puesto en libertad, salvo en los procesos
adelantados ante la justicia penal especializada, contra 3 o más procesados
afectados por detención preventiva o por actos de corrupción de los que trata
la Ley 1474 de 2011, casos en los cuales dicho terminó se duplicaba; 2) la
incorporación de una nueva causal de libertad para el acusado, vinculada al
tiempo transcurrido desde el inicio del juicio oral hasta la celebración de la
audiencia de lectura de fallo, plazo que fue fijado en 150 días. Esto, una vez
más, salvo en los procesos adelantados ante la justicia penal especializada,
contra 3 o más procesados o por actos de corrupción de los que trata la Ley
1474 de 2011, en cuyos casos el término se duplicaba.

15. El artículo 5 de la misma Ley 1760 de 2015, sin embargo, postergó la


entrada en vigencia, específicamente, de las dos anteriores reformas, por el
término de un año luego de su promulgación. Esta norma de vigencia traía
como consecuencia que, en tanto la Ley fue promulgada el 6 de julio de
2015, dichas disposiciones entrarían en vigencia el 6 de julio de 2016. Pese
a esto,
antes de que se cumpliera esa fecha, el 1º de julio de 2016, el Congreso
promulgó la Ley 1786, demandada en este asunto, que subrogó varios
artículos de la Ley 1760 de 2015 y, concretamente, las dos reglas analizadas
en precedencia[24].

16. El artículo 1 de la Ley 1786 de 2016 reemplazó el artículo 1 de la Ley 1760


de 2015, pero mantuvo prácticamente los mismos contenidos normativos y,
específicamente, el término máximo de un (1) año de detención preventiva
dentro de la actuación procesal. Como novedad, solamente previó que dicho
término podrá prorrogarse, a solicitud del fiscal o del apoderado de la
víctima, hasta por el mismo término inicial, no solo en los procesos (i) que se
surtan ante la justicia penal especializada, (ii) en que sean tres (3) o más los
acusados contra quienes estuviere vigente la detención preventiva y (iii) en
los adelantados por actos de corrupción de los que trata la Ley 1474 de 2011,
sino además (iv) en los cuales se investiguen o juzguen las conductas
previstas en el Título IV del Libro Segundo de la Ley 599 de 2000, es decir,
aquellas que atentan contra la libertad, integridad y formación sexuales[25].

De la misma manera, el artículo 2 de la Ley 1786 de 2016 reemplazó el


artículo 4 de la Ley 1760 de 2015, pero mantuvo invariables los plazos de
detención preventiva, para la presentación del escrito de acusación o la
solicitud de preclusión una vez realizada la formulación de la imputación (60
días), para el inicio de la audiencia de juicio luego de presentado el escrito de
acusación (120 días) y, en especial, para la audiencia de lectura de fallo una
vez iniciado el juicio oral (150 días). Como novedad, la disposición únicamente
estableció que dichos plazos se incrementan por el mismo término inicial no
solo en los procesos (i) que se surtan ante la justicia penal especializada, (ii)
en que sean tres (3) o más los acusados y (iii) por actos de corrupción de los
que trata la Ley 1474 de 2011, sino además, como en el caso anterior, (iv) en
los cuales se investiguen o juzguen las conductas que atenten contra la
libertad, integridad y formación sexuales.
Lo indicado puede ser sintetizado en el siguiente esquema:

Ley 1786 de 2016 (se resaltan los


apartes novedosos, respecto de
Ley 1760 de 2015 la Ley 1760 de 2015)

Artículo 1, modificatorio del Artículo 1, modificatorio del


artículo 307 C.P.P. El término de artículo 1 de la Ley 1760 de 2015,
las medidas de aseguramiento modificatorio del artículo 307
privativas de la libertad no podrá C.P.P. El término de las medidas de
exceder de un (1) año. aseguramiento privativas de la
libertad no podrá exceder de un (1)
año.

Este término podrá prorrogarse, a


Este término podrá prorrogarse, a solicitud del fiscal o del apoderado
solicitud del fiscal o del apoderado de la víctima, hasta por el mismo
de la víctima, hasta por el mismo término inicial en procesos: (i) que
término inicial en procesos: (i) que se surtan ante la justicia penal
se surtan ante la justicia penal especializada, (ii) en los cuales sean
especializada, (ii) en los cuales tres (3) o más los acusados contra
sean tres (3) o más los acusados quienes estuviere vigente la
contra quienes estuviere vigente la detención preventiva (iii) en los
detención preventiva (iii) se trate cuales investiguen o juzguen actos
de investigación o juicio de actos de corrupción de los que trata la Ley
de corrupción de los que trata la 1474 de 2011 o (iv) por conductas
Ley 1474 de 2011. contra libertad, integridad y
formación sexuales.

Artículo 4, modificatorio del Artículo 2, modificatorio del


artículo 317 C.P.P. Causales de artículo 4 de la Ley 1760 de 2015,
libertad durante el proceso: (i) el modificatorio del artículo 317
transcurso de 60 días desde la C.P.P. Causales de libertad durante
formulación de la imputación, sin el proceso: (i) el transcurso de 60
que se hubiera presentado el días desde la formulación de la
escrito de acusación o solicitado la imputación, sin que se hubiera
preclusión, (ii) el paso de 120 días presentado el escrito de acusación
desde la presentación del escrito de o solicitado la preclusión, (ii) el
acusación, sin haberse dado inicio transcurso de 120 días desde la
a la audiencia de juicio (iii) el presentación del escrito de
vencimiento de 150 días desde el acusación, sin haberse dado inicio
inicio de la audiencia de juicio, sin a la audiencia de juicio (iii) el
que se haya celebrado la audiencia vencimiento de 150 días desde el
de lectura de fallo o su inicio de la audiencia de juicio, sin
equivalente. que se haya celebrado la audiencia
de lectura de fallo o su
equivalente.

En los tres casos anteriores, los


En los tres casos anteriores, los plazos se incrementarán por el
plazos se incrementarán por el mismo término inicial (i) cuando el
mismo término inicial (i) cuando el proceso se surta ante la justicia
proceso se surta ante la justicia penal especializada, (ii) sean tres
penal especializada, (ii) sean tres (3) o más los imputados o
(3) o más los imputados o acusados o
acusados o (iii) se trate de (iii) se trate de investigación o
investigación o juicio de actos de juicio por actos de corrupción de
corrupción de que trata la Ley 1474 que trata la Ley 1474 de 2011, y
de 2011, (iv) por conductas contra libertad,
integridad y formación sexuales.

17. En este orden de ideas, desde la reforma introducida mediante la Ley


1786 de 2016, se encuentran vigentes, para la generalidad de los casos, dos
normas trascendentales para el debido proceso sin dilaciones injustificadas,
que
completan y consolidan un modelo para la garantía del derecho a plazos
razonables de detención preventiva. Así, ninguna persona puede ser objeto
de una medida de aseguramiento privativa de la libertad superior a (1) año
dentro del proceso penal y, de igual forma, si transcurridos 150 días luego
iniciada la audiencia de juicio oral, no ha sido celebrada la audiencia de
lectura de fallo, el acusado debe ser puesto en libertad.

18. De esta manera, en el decurso de la actuación, para la mayoría de los casos,


la libertad del procesado en detención preventiva se cumplirá de inmediato
(i) si transcurridos 60 días a partir de la fecha de imputación no se ha
presentado el escrito de acusación o solicitado la preclusión; (ii) si pasados
120 días contados a partir de la fecha de presentación del escrito de
acusación, no se ha dado inicio a la audiencia de juicio y (iii) si vencidos 150
días contados a partir de la fecha de inicio de la audiencia de juicio oral, no se
ha celebrado la audiencia de lectura de fallo o su equivalente. Pero, además
de lo anterior, (iv) ninguna medida de aseguramiento privativa de la libertad
podrá exceder de un (1) año, plazo luego del cual el detenido deberá ser
puesto en libertad.

Con las primeras tres reglas, cada una de las fases principales del proceso penal
quedan ahora gobernadas por el régimen de afirmación de la libertad, de
modo que la privación del derecho del procesado mientras aquellas se
adelantan encuentra estrictos límites temporales en el uso racional y
proporcionado de la detención cautelar. Por su parte, con la última regla, el
legislador consagra una cláusula general de garantía a favor de la libertad del
procesado, cuya privación preventiva en ningún caso puede exceder de un (1)
año. En este supuesto, el legislador, consciente de que la justificación
constitucional de la prisión provisional solo no se diluye si es aplicada por un
tiempo razonable y prudencial y exclusivamente con fines preventivos,
consagra un término general que permite a esa limitación mantener dicho
carácter y, correlativamente, también desvirtuarlo cuando la resulta superar
dicho plazo.
El esquema anterior de plazos máximos de detención preventiva, entre cada
una de las etapas del proceso y durante toda la actuación, puede ser
ilustrado de la siguiente manera:

Audienci 60 Escrito 120 Audien 15 Audienci Audien


a día de cia de 0 a de cia de
días
s juicio lectura lectura
de día
oral de fallo de fallo
imputaci acusació s
Audiencia o su de
ón n
de equivale segund
acusación nte a
instanci
a
Audiencia
preparato
ria

Termino máximo de detención preventiva durante todo el proceso: Un (1)


año

19. Los demandantes consideran que la específica regla, según la cual, si


transcurridos 150 días desde el inicio de la audiencia de juicio, no se ha
celebrado la audiencia de lectura de fallo o su equivalente, el acusado debe
ser puesto en libertad, incurre en una omisión legislativa, al no incluir a los
acusados, también privados de la libertad, que aguardan la decisión de
segunda instancia. El argumento fundamental aquí consiste en que mientras
los acusados mencionados en la norma se hallan amparados en virtud de una
cláusula de libertad por vencimiento de términos, lo propio no ocurre con los
acusados que esperan la decisión de la impugnación contra la sentencia,
quienes entonces podrían estar indefinidamente privados de la libertad.

A su juicio, el derecho a un proceso sin dilaciones y a estar privado


preventivamente de la libertad no más que por un tiempo razonable solo se
garantiza al primer procesado, sobre el cual versa exactamente la regla, no al
segundo, respecto del cual nada prevé. A la luz del modelo para la garantía
del derecho a plazos razonables de detención comentado, la Corte
encuentra, por el contrario, que no le asiste razón a la impugnación.

20. Como lo pone de manifiesto la demanda, conforme a la exposición de


motivos de la Ley 1760 de 2015, que por primera vez previó las dos reglas
que se han venido analizando, el plazo máximo de duración de un (1) año de
las medidas de aseguramiento privativas de la libertad, corresponde al tiempo
promedio que toma un proceso penal, desde la audiencia de formulación de
imputación hasta la resolución del recurso de apelación interpuesto contra la
sentencia, a partir de las reglas contenidas en el Código de Procedimiento
Penal.

En el citado documento[26], en efecto, el Ministro de Justicia y del Derecho y


el Fiscal General de la Nación, funcionarios que presentaron el proyecto de
ley, señalaron que el límite temporal de la privación preventiva de la libertad
debía estar en armonía con la duración efectiva del proceso penal ordinario,
a partir de la audiencia de formulación de la imputación, de manera que
dicho máximo legal no resultara en contradicción con la debida
administración de justicia. En este sentido, mostraron que, de conformidad
con el Código, para la generalidad de los casos, la duración del proceso,
desde la audiencia de formulación de imputación hasta la decisión por el juez
de segunda instancia, era de 220 días. Advirtieron que este término, sin
embargo, no era suficiente en la realidad para agotar todo la actuación[27].

Explicaron que el plazo anterior había sido consultado con jueces y fiscales,
para comparar las reglas previstas en la ley con la práctica y que, según
indicaron, en ocho meses, es prácticamente imposible terminar el proceso”[28],
debido a la duración de las sesiones y a las circunstancias que a veces
impiden la realización de las audiencias. Por esta razón, afirmaron que se
había llegado a la conclusión de que un término razonable para evacuar los
procesos con personas privadas de la libertad, que no fuera en contravía de
la administración de justicia y, al mismo tiempo, respetara los derechos de
aquellas, podía ser fijado en un (1) año.

La anterior propuesta se recogió en el proyecto de ley y fue finalmente


aprobada. El marco precedente explica el sentido y la razón de ser de la
regla, con idéntico contenido, prevista luego en el artículo 1 de la Ley 1786
de 2016. El plazo aquí consagrado, como se clarificó, parte del cálculo de lo
que dura razonablemente el proceso penal, desde la audiencia de
formulación de la imputación hasta la expedición de la sentencia de segunda
instancia.

21. Como consecuencia lógica de lo anterior, la Sala encuentra que la carencia


de regulación a la cual se refieren los demandantes, en realidad, no tiene
sustento. Los acusados que esperan la decisión de segunda instancia no se
encuentran desprotegidos, ni se les viola el derecho a un debido proceso sin
dilaciones injustificadas, pues tampoco están sometidos, como los suponen los
actores, a estar indefinidamente privados de la libertad. Pese a que la
disposición impugnada no haga referencia a ellos, precisamente, la
razonabilidad del término de su detención preventiva está garantizada en el
artículo 1 de la misma Ley 1786 de 2016, según el cual, el tiempo de las medidas
de aseguramiento privativas de la libertad no podrá exceder de un (1) año.

Como se indicó, el citado plazo ha sido legislativamente estimado como


razonable, desde la audiencia de formulación de la imputación, hasta la
decisión de la impugnación en segunda instancia. Este término, se dijo,
funciona como una cláusula general de libertad a favor del acusado, fundada
en un cálculo del tiempo prudencial que toma el trámite del proceso,
precisamente, hasta la adopción del fallo que resuelve la apelación contra la
sentencia. Por lo tanto, si bien constituye una causal general de libertad, en
el momento procesal al que se refieren los actores el derecho a un debido
proceso sin dilaciones y la libertad personal del acusado se encuentran
resguardados por el contenido de esa previsión legal.
22. Los demandantes hacen una lectura de la regulación sobre la materia a
partir de la sola disposición que acusan, pero dejan de lado que tal regulación
se halla en el conjunto de la ley atacada. Como se explicó atrás, la Ley 1786
de 2016 diseñó un modelo para la garantía del derecho a plazos razonables
de detención preventiva y a un debido proceso sin dilaciones. Este modelo
está compuesto, de un lado, por las reglas relacionadas con etapas
específicas de la actuación, a las cuales se vinculan términos cuyo
desconocimiento da lugar a la libertad del acusado, y de otro lado, por la
regla del plazo general para el desarrollo del proceso hasta la decisión de
segunda instancia, cuyo incumplimiento trae la misma consecuencia anterior.

El texto impugnado constituye una de las reglas vinculadas con una etapa
específica del proceso, que va del inicio del juicio oral a la audiencia de
lectura de la sentencia de primera instancia. Pero el derecho a un debido
proceso sin dilaciones del acusado que aguarda la decisión de segunda
instancia no se garantiza con esa regla, sino con aquella, también contenida
en la Ley (artículo 1), conforme con la cual, el término de las medidas de
aseguramiento privativas de la libertad no puede exceder de un (1) año. Esta
regla parte de la base de que este tiempo de detención sin haberse emitido
la decisión de segunda instancia es un plazo razonable para que el acusado
sea puesto en libertad.

23. Es además evidente, conforme a lo anterior, que las situaciones en las


cuales se encuentran, por una parte, el acusado privado de la libertad que, en
desarrollo del juicio oral, espera la sentencia de primera instancia y, por la otra,
el detenido que, en segunda instancia, aguarda la decisión de la revisión de la
sentencia, son sustancialmente distintas.

El legislador previó para cada una de las fases principales del proceso penal y,
en particular, para el desarrollo del juicio oral, un límite temporal de la
detención del acusado, de conformidad con sus fines y la complejidad del
trámite en particular. Por el contrario, el acusado en segunda instancia ya no
se encuentra sometido a los procedimientos propios de la audiencia de juicio
oral y público, ni a debate probatorio alguno, pues ya ha sido dictada la
correspondiente sentencia, condenatoria o absolutoria, y solo resta su revisión
por el juez de apelación. De ahí que su situación no sea equiparable con la
del acusado que espera el fallo de primera instancia.

No obstante lo anterior, como se ha subrayado, quien aguarda la decisión de


segunda instancia no queda desprovisto del derecho a tiempos razonables de
detención, pues de conformidad con el artículo 1 de la Ley 1786 de 2016, las
medidas de aseguramiento privativas de la libertad no pueden exceder de un
(1) año, regla fundada en que este término de detención sin que haya sido
resuelta la apelación de la decisión de primera instancia resulta razonable para
que el acusado sea dejado en libertad.

24. De esta manera, la Sala concluye que los derechos a la libertad, a la


igualdad y a un debido proceso sin dilaciones del procesado en segunda
instancia, contrario a lo que consideran los demandantes, se encuentran
debidamente protegidos por el artículo 1 de la Ley 1768 de 2016. Este
artículo contiene la regulación que los actores echan de menos, en la medida
en que el plazo máximo de un (1) año de detención cautelar ha sido
estimado, precisamente, tomando como referente el término máximo para la
emisión del fallo de segundo grado. En otros términos, la hipótesis que los
actores estiman excluida de la disposición objetada, está comprendida y
protegida en el supuesto de hecho del citado artículo 1 de la Ley 1768 de
2016, por todo lo cual, el legislador no incurrió en omisión alguna.

En la Sentencia C-528 de 2003, en que se juzgó un caso similar, la Corte


indicó que la interpretación de las disposiciones jurídicas supone la existencia
de un ordenamiento normativo sistemático, el cual debe interpretarse de
manera integral y coordinada, de modo que ninguno de sus componentes
actúe como compartimento estanco, autónomo e independiente[29]. En el
presente asunto,
la protección de la libertad personal, en el marco del derecho a un debido
proceso sin dilaciones injustificadas y a términos razonables de detención
preventiva implica, así mismo, entender que esa salvaguarda se lleva a cabo
dentro de un sistema de reglas dispuestas a partir de las etapas procesales
diseñadas por el legislador y no con base en normas aisladas.

Por las anteriores razones, la Sala encuentra que no se configura la omisión


legislativa relativa alegada por los demandantes y, como consecuencia,
declarará la exequibilidad la norma impugnada.

VII. DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Corte Constitucional administrando justicia en


nombre del Pueblo y por mandato de la Constitución,

RESUELVE:

Declarar EXEQUIBLE el numeral 6, del artículo 2, de la Ley 1786 de 2016, “por


medio de la cual se modifican algunas disposiciones de la Ley 1760 de 2015”,
por el cargo analizado en esta sentencia.

Notifíquese, comuníquese, publíquese, insértese en la Gaceta de la Corte


Constitucional, cúmplase y archívese el expediente.

LUIS GULLERMO GUERRERO PÉREZ


Presidente
MARÍA VICTORIA CALLE CORREA ALEJANDRO LINARES CANTILLO
Magistrada Magistrado

ANTONIO JOSÉ LIZARAZO OCAMPO GLORIA STELLA ORTIZ DELGADO


Magistrado Magistrada

IVÁN HUMBERTO ESCRUCERÍA MAYOLO ALBERTO ROJAS RÍOS


Magistrado (E) Magistrado

JOSÉ ANTONIO CEPEDA AMARÍS AQUILES ARRIETA GÓMEZ


Magistrado (E) Magistrado (E)

ROCÍO LOAIZA MILIÁN


Secretaria General (E)

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