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Cábala y Construcción Masónica

Este documento compara la Cábala y la Masonería, destacando 3 similitudes clave en sus enseñanzas y símbolos: 1) Ambas buscan conocer a Dios más allá de lo intelectual a través de la contemplación. 2) Usan mitos y símbolos como el Templo de Salomón para enseñar valores universales. 3) Consideran a la Sabiduría, Fuerza y Belleza como los tres arquetipos fundamentales del universo.

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Este documento compara la Cábala y la Masonería, destacando 3 similitudes clave en sus enseñanzas y símbolos: 1) Ambas buscan conocer a Dios más allá de lo intelectual a través de la contemplación. 2) Usan mitos y símbolos como el Templo de Salomón para enseñar valores universales. 3) Consideran a la Sabiduría, Fuerza y Belleza como los tres arquetipos fundamentales del universo.

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CÁBALA Y CONSTRUCCIÓN MASÓNICA

La interpretación de la tradición esotérica y de la mística hebreas constituye el objeto de estudio de la


Cábala, según expone Gerschom Scholem, tal vez el cabalista más fascinante de nuestro tiempo por su
rigor y su solvencia.

Nos dice también que la Cábala no representa un misticismo, si por tal ha de entenderse el vacío
o aniquilación del individuo, requerido para alcanzar una fusión con Dios mediante la
“penetración” de éste en ese vacío espiritual. Pero sí será mística, cuando el estudioso cabalista
busque el “conocimiento” de Dios y de su creación más allá de la mera, pero importante,
activación de sus cualidades o capacidades intelectuales. Mediante la contemplación, se llega a
una percepción luminosa de la creación y de su Causa que los cabalistas consideran como una
“revelación de lo primordial”. La aproximación a la realidad trascendente no es meramente
intelectual, como ocurre en las religiones, en las que no se plantea el tema de una “iniciación”
personal, que suele ser sustituída por una “fe” simplificadora, consistente en “creer” lo que no se
entiende.

El texto fundamental de la Cábala es el Sefer-ja-Zoar (Libro del Esplendor), compuesto en España


por Moisés de León, a finales del siglo XIII, aunque el autor afirma haber “descubierto” el libro,
que habría sido escrito en el siglo II por Simeon Bar Yochai y su hijo Eleazar, en el seno de una
gruta en la que ambos se escondían huyendo de la persecución romana de aquel tiempo.

La Cábala (=Tradición o “Ley transmitida oralmente” ) postula que la manera más auténtica de conocer
a Dios es practicar la introspección: “esa experiencia dual y aparentemente contradictoria del Dios que
se esconde y se revela (en nosotros), determina la esfera esencial del misticismo, conduciendo a
descartar otras concepciones religiosas”.

El misticismo cabalístico es un conocimiento muy próximo, en su espíritu, al de la Gnosis


helenística, que no puede explicarse sino mediante símbolos y metáforas. Ese conocimiento
esotérico puede, sin embargo, articularse y transmitirse como teoría, aunque los cabalistas nunca
han deseado hacerlo indiscriminadamente, exigiendo rigurosas cualificaciones morales,
intelectuales y de madurez humana como condiciones previas de los posibles receptores, sin las
que el conocimiento buscado no puede fructificar. Históricamente, el movimiento cabalístico
representa la voluntad de ir más allá de la mera interpretación de la Torah como ley del pueblo
judío, viendo en ella un sistema de símbolos con valor universal y traduciéndola como Ley interna
y secreta del universo.

Es fácil detectar el paralelismo entre este planteamiento de la búsqueda de la Verdad y el método


masónico de avance en busca del lado encubierto de la realidad a través de mitos, metáforas y
símbolos que encierran los valores universales a los que el hombre ha de acceder, a través del
sentimiento y de la intuición, a partir de un corazón regenerado o “renacido” mediante la
iniciación personal progresiva.

El método cabalístico consiste, esquemáticamente descrito, en interpretar los valores contenidos


en las palabras hebreas, teniendo en cuenta que cada letra del alfabeto hebraico (que contiene 22
consonantes, sin vocales definidas) representa un número y cada número tiene, a su vez, un valor

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simbólico. Las palabras tienen un significado directo, material, y otro encubierto, especulativo o
esotérico. Así, dos palabras cuyas letras sumen idénticos valores poseen siempre una
determinada equivalencia (este análisis es el objeto de la gematria cabalística).

Veamos, muy sucintamente, a título de ejemplo, algunas de las interpretaciones cabalísticas que tienen
un paralelismo en la terminología y en la simbología masónicas:

1.- Los símbolos masónicos se toman de la construcción. Pero el obrero masón es constructor de
un templo inmaterial y los utensilios que emplea para ello son también ideales. Se pretende volver
a construir un nuevo Templo de Salomón, formado con piedras “vivas”(cada ser humano) que dé
cabida a una humanidad hermanada y regenerada a través de la práctica de la Virtud.

Salomón (en hebreo Schlomo o Schalom) significa “Paz”, pero sus letras suman exactamente lo
mismo que las de la palabra “Plenitud”. Salomón construyó su Templo en Jeru-schalom o Jeru-
schalem. Jeru significa “manifestación”. Según esto, es posible interpretar que el templo ideal “se
manifiestó en la Paz o en la Plenitud”, siendo destruído luego por los hijos de Babel (babilonios).
Babel significa “confusión”, lo que refleja que la confusión destruyó la idea de paz y de plenitud
que representaba el Templo y que es necesario vencerla para poder reconstruir éste.

2.- Fuera del Templo, quiso Salomón que Jirám , el Maestro, situara dos columnas de bronce. A la
de la izquierda se la llamó BOAZ (“con fuerza”, poder de atracción o principio femenino), la de la
derecha recibió el nombre de JAKIN (que significa “él establece”, lo que implica también “acción”
o principio masculino). Así pues, ambas columnas completaban la idea de “él establece con
fuerza”. “ÉL” representa al UNO universal (el SER o Jehovah de la tradición hebrea) que establece
o crea con fuerza sobre el Dos y el Tres, los principios o polaridades cósmicas, formando la tríada
o primer triángulo de la construcción universal.

3.- En el centro del Templo masónico, figuran, en torno al Cuadro de Trabajo de la Logia y en cada
uno de tres de sus ángulos, sendos pilares representando los arquetipos que integran la primera
tríada de la construcción universal: Fuerza, Belleza y Sabiduría, quedando libre el cuarto ángulo,
por el que la Luz de la Inteligencia Suprema penetra en el plano terrestre, simbolizado por el
número 4. El número 5 representa al hombre elevándose desde lo terreno, hacia lo que le
trasciende. Se simboliza en la Logia mediante la Estrella Flamígera.

4.- El Aprendiz masón tiene tres años simbólicos y el último grado del método de ascesis
iniciática llamado Rito Escocés Antiguo y Aceptado, cuenta con 33 grados.

En hebreo, la palabra “gal”, que significa “forma”, “vibración” o “encarnación”, está compuesta por dos
consonantes cuyos valores son 3 y 30, respectivamente y cuya suma da 33. El sentido que la
Cábala da al valor de esta palabra es el de “plenitud de la forma manifestada”.

Lo Esencial se manifiesta a través de vibraciones periódicas que proceden de lo invisible y


retornan a lo invisible, yendo del 3 al 30 y confluyendo en el 33. Tanto el grado 33 como la edad
simbólica atribuida a Cristo por los gnósticos griegos aluden a una última etapa de la
manifestación formal.

5.- Los aprendices masones se sitúan en el lado Norte de la Logia y los Compañeros lo hacen en
el lado Sur. En la Cábala, el Norte representa la “carne” o la “materia” y también el color rojo de la
sangre vital. El Sur representa el espíritu, el color blanco y la pureza. Por otra parte, la palabra
hebrea “scheleg” significa “nieve” y sus consonantes suman el valor 333. Pasar del Norte al Sur es

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elevarse sobre lo material pasando al mundo espiritual, en el que se busca la perfección de las
formas puras o “blancas”.

El espacio de la Logia contiene tres secciones, que en hebreo se denominan “Ulam”(= mundo),
“Heikal”(sala del palacio celeste) y Dbir, que equivale numéricamente a Dbar (=hablar). Así, el
masón, procedente del Ulam, ha de pasar por el Heikal para encontrar la Palabra perdida, en el
Dbir.

6.- Tal vez el símbolo cabalístico en torno al cual más se haya reflexionado y escrito sea el Árbol
Sefirá o árbol de la Vida. Se trata de un árbol simbólico que enlaza, en las ramas que salen de su
tronco, todo lo existente. Representa la unidad uiversal y nos recuerda que nada de cuanto existe
puede ser analizado aisladamente.

El “Ein-Sof” (Lo infinito, lo que no tiene fin ni principio), que es el nombre que da la Cábala a Dios,
es también “lo misterioso”, que ha de ser descubierto a través de sus manifestaciones en el
universo. En efecto, el Ser generador se manifiesta mediante la “emanación”, la “creación”, la
“formación” y la “acción”. Estas cuatro polaridades del Ser en acción se distribuyen en diez
“sefirots” o etapas : Kether o Corona suprema; Jojma o Sabiduría; Binah o Inteligencia; Jesed o
Gracia; Gebura, o Fuerza; Tiferet, o Belleza; Netsah, o victoria; Jod, o Gloria; Yesod, o Fundamento
y Maljut, o Reino. El Hombre resume en sí mismo todos estos sefirots y, por ello, habría sido
creado en último lugar.

Siguiendo la descripción esotérica de la creación, contenida en el Libro del Génesis, las tres
primeras sefirots representarían emanaciones previas a la creación de nuestro mundo, que
comenzó realmente con la cuarta sefirot o “Chesed” (=Sabia Compasión, o primer “día”), seguida
de la “Geburah”(= Fuerza, en el segundo día) y de la “Tiferet”(= Belleza, en el tercer día),
concluyendo con las cuatro últimas antes mencionadas. Es decir, que Sabiduría, Fuerza y Belleza
son, en la Cábala, como en Masonería, los tres arquetipos fundamentales del universo.

7.- Pero para adquirir el pleno Conocimiento, contenido en las tres primeras sefirots, que
precedieron a la creación del mundo, el hombre, creado en último lugar, habrá de realizar un
camino de “retorno” por cada una de las siete últimas sefirots, no pudiendo pretender alcanzar el
fruto del Árbol de la Vida sin llegar antes a la Sabiduría Compasiva. Esta es, precisamente, la
temática del grado 30º del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

Amando Hurtado

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