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La Confianza

El valor de la confianza

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ESTUDIANTE

Paula Bencomo
Scarlet Contreras

PROFESOR
Marcos Sánchez

CARRERA
Educación

ASIGNATURA
Introducción a la gestión educativa
Video recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=-oVy8DmuIuo
Los valores son convicciones profundas de los seres humanos que determinan su
manera de ser y orientan su conducta y sus decisiones. Valores, actitudes y conducta
están relacionados, y nos ayudan a superarnos.

Los valores se jerarquizan por criterios de importancia. Cada persona construye su


escala de valores personales, esto quiere decir que las personas preferimos unos
valores a otros.

Los valores más importantes de la persona forman parten de su identidad, orientan sus
decisiones frente a sus deseos e impulsos y fortalecen su sentido del deber ser.
Los valores y su jerarquización pueden cambiar a lo largo de la vida. Están relacionados
con los intereses y necesidades de las personas a lo largo de su desarrollo. Los valores
de los niños pequeños están definidos en buena medida por sus necesidades de
subsistencia y por la búsqueda de aprobación de sus padres, los adolescentes guían
sus valores personales por su necesidad de experimentación y autonomía, por ejemplo
amistad, libertad. Mientras que en la edad adulta se plantean nuevas prioridades: salud,
éxito profesional, responsabilidad. Algunos valores permanecen a lo largo de la vida de
las personas.

Los tipos de valores se pueden clasificar en universales, humanos, personales,


familiares, socioculturales, morales, éticos, estéticos, espirituales, materiales,
económicos y pragmáticos.

Los Valores Personales, son aquellas cualidades en nuestro interior que nos impulsan a
vivir bien, a ser mejores cada día. La confianza es un valor personal que podemos a
desarrollar en el transcurso de nuestra vida.
Lawrence Kohlberg (25 de octubre de 1927-19 de enero de 1987). Psicólogo
estadounidense. Obtuvo en Chicago el título de “Bachelor of Arts” y el doctorado en
filosofía. En 1958 presentó su tesis doctoral acerca del desarrollo del juicio moral.

Kohlberg consideraba esencial comprender la estructura del razonamiento frente a los


problemas de carácter moral. En sus investigaciones no se centra en los valores
específicos sino en los razonamientos morales, es decir, en las razones que tienen las
personas para elegir una u otra acción. Son los aspectos formales del pensamiento
moral los que interesan a Kohlberg.
Heteronomía. Todas las personas empezamos en el primero, el de la heteronomía,
pero no todos llegan al sexto, se van quedando en los estadios inferiores y sólo llegan a
los superiores aquellas personas que son más sanas moralmente y más positivas y
maduras para la sociedad en la que viven. Hay que insistir en que el juicio moral es
siempre un juicio práctico: cada estadio se caracteriza no sólo por pensar así, sino
sobre todo por tratar de vivir así.

heteronomía
1. f. Fil. Condición de la voluntad que se rige por imperativos que están fuera de ella misma.

La Axiología es la rama de la filosofía que estudia los valores.


Egoísmo mutuo (individualismo). Es también una etapa propia de la infancia y
comienza hacia los cinco años, a partir del momento en que el niño descubre las reglas
del juego. Hay que cumplir las reglas del juego, no por miedo al castigo (sería el estadio
1), ni por respeto a los demás, que vendrá en estadios posteriores, sino por egoísmo:
porque comprende que si no las cumple no lo dejan jugar, o que también los demás
harían trampa y sería un caos.

Expectativas interpersonales. Aparece aquí un factor afectivo que humaniza las


relaciones con los demás. Ya no somos movidos por el miedo (estadio 1), ni por reglas
mutuas inflexibles (estadio 2), sino por el deseo de agradar y de ser aceptados. Se
hace lo que se espera de nosotros, se actúa de modo que nos consideren «buenos,
buena persona, buen chico, etc.». Se guarda lealtad a los compañeros por afecto y,
sobre todo, por el deseo de sentirnos queridos.
Responsabilidad y compromiso. Aquí comienza la autonomía, aquí comienza la edad
adulta en lo moral. Suele suceder hacia los 18 o 20 años(aunque hay jóvenes de 15 ó
16 años que ya están en este estadio).

Actuar bien es hacer aquello a lo que libremente se ha comprometido (por un sueldo, al


dar su palabra, por responsabilidad ante la propia familia, ante los compañeros, ante la
sociedad).
Todos tienen derecho. Es el estadio de la apertura al mundo: no sólo mi familia, mis
amistades, mi ciudad, mi país, sino que todos los seres humanos del planeta tienen
derecho. ¿A qué? Ante todo, a la vida y a la libertad. A una vida humana, aunque sea
modesta y sencilla (alimentación, vivienda, educación, sanidad) y a ser libres.

Todos somos iguales. En esa frase, o en la equivalente de «todos somos hermanos»,


se puede concretar el razonamiento moral propio del 6.º estadio. Quien llega a este
estadio, comprende que no sólo tienen todos derecho a la vida y a la libertad, sino que
también hay que creer en la igualdad y en la dignidad de todas las personas.
6. Todos somos iguales

5. Todos tienen derecho

4. Responsabilidad y compromiso Confianza

3. Expectativas interpersonales

2. Egoísmo mutuo (individualismo).

1. Heteronomía
Fuente: Elaboración propia
Confianza. 1. f. Esperanza firme que se tiene de alguien o algo. 2. f. Seguridad que
alguien tiene en sí mismo.

Realización. 1. f. Acción y efecto de realizar o realizarse. Realizarse. 4. prnl. Sentirse


satisfecho por haber logrado cumplir aquello a lo que se aspiraba. Superación. 1. f.
Acción y efecto de superar. 2. tr. Vencer obstáculos o dificultades. 5. prnl. Dicho de una
persona: Hacer algo mejor que en otras ocasiones.

—Diccionario de la Lengua Española, Vigésimo segunda edición


En sociología y psicología social, la confianza es la creencia en que una persona o
grupo será capaz y deseará actuar de manera adecuada en una determinada situación
y pensamientos. La confianza se verá más o menos reforzada en función de las
acciones.

La confianza es una hipótesis sobre la conducta futura del otro. Es una actitud que
concierne el futuro, en la medida en que este futuro depende de la acción de un otro. Es
una especie de apuesta que consiste en no inquietarse del no control del otro y del
tiempo.
De acuerdo con Laurence Cornu, profesora de filosofía en la Universidad de Tours, la
confianza es la seguridad hacia una persona firme que alguien tiene hacia otra persona
o cosa. “Tengo la confianza necesaria para derrotar al rival”.

Confianza se refiere, por otra parte, a la familiaridad en el trato:“No hace falta que te
peines cada vez que voy a tu casa, ya tenemos bastante confianza”, “¿Cómo te atreves
a hablarme de esa forma? Nunca te di semejante confianza”.

Para la psicología social y la sociología, la confianza es un hipótesis que se realiza


sobre la conducta futura del prójimo. Se trata de una creencia que estima que una
persona será capaz de actuar de una cierta manera frente a una determina situación:
“Voy a contarle todo a mi padre, tengo confianza en que me entienda y me ayude”.
En este sentido, la confianza puede reforzarse o debilitarse de acuerdo a las acciones
de la otra persona. En el ejemplo anterior, si el padre ayuda a su hijo, la confianza
saldrá fortalecida; pero de lo contrario, la confianza se verá traicionada y, en el futuro lo
más probable es que el hijo no actúe de la misma forma.

La confianza supone una suspensión, al menos temporal, de la incertidumbre respecto


a las acciones de los demás.

Cuando alguien confía en el otro, cree que puede predecir sus acciones y
comportamientos. La confianza, por lo tanto, simplifica las relaciones sociales.
El término aplicado a una organización o una empresa se refleja a base de varios
factores como la calidad con la que realiza sus productos y por tanto de las
evaluaciones de calidad, de códigos éticos y de su cultura o clima laboral, pero por
encima de todo ello se refleja mediante el ethos de la empresa (hábitos de su corazón),
lo que define su carácter y los rasgos que la distinguen de cualquier otra.

Teresa, Barba (2013) indica que es muy deseable aprender a ser buenos líderes, tener
buenos dotes de comunicación y negociación, formar parte de equipos de alto
desempeño en la empresa en que laboramos o en cualquier otra actividad que
desempeñemos, pero al estudiar estas habilidades, sus características y requisitos
encontramos un ingrediente básico y común en todos los casos: La Confianza.
La confianza, es sinónimo de fe, de certeza, de seguridad.

Cuando confías en alguien, no temes en algo malo pueda suceder, eres feliz porque te
convences en que todo estará bien y no te limitas a expresarte ante otros tal y como
eres.

Cuando confías en ti mismo, aceptas retos y te planteas metas cada vez más altas,
porque sabes que las lograrás, porque crees en tu fuerza interna y en tu capacidad de
llegar a la cima.

Cuando confías en que tus sueños se pueden hacer realidad, no dudarás en actuar de
la manera correcta para conseguirlos, no temerás en fallar porque sabes que no hay
otra opción más que lograrlo.

La confianza te hace fuerte frente a un mundo que quiere hacerte dudar.


Una persona confiada es aquella que da por ciertos todos esos valores positivos en sí
misma y en las demás.

Tiene seguridad y mira con fe los aspectos valiosos de los seres humanos, por lo que
espera que todos tengan una conducta favorable. La confianza debe estar basada en lo
que observamos en quienes nos rodean. Cuando no es así puede ligarse a la
ingenuidad o la ilusión y permitir que nos engañen, entonces ya no es un valor, sino un
punto débil de nuestro carácter.

El secreto es saber hallar el matiz preciso. Si no confiamos en nadie, ni en nosotros


mismos, la vida es dolorosa e imposible. Si nos dejamos guiar por las ilusiones
corremos riesgos. La objetividad al reconocer los valores propios y ajenos hace que la
confianza tenga bases más sólidas y nos permita correr más rápido, saltar más alto, ser
más fuertes.
Una persona confiada es aquella que da por ciertos todos esos valores positivos en sí
misma y en las demás.

Tiene seguridad y mira con fe los aspectos valiosos de los seres humanos, por lo que
espera que todos tengan una conducta favorable. La confianza debe estar basada en lo
que observamos en quienes nos rodean. Cuando no es así puede ligarse a la
ingenuidad o la ilusión y permitir que nos engañen, entonces ya no es un valor, sino un
punto débil de nuestro carácter.

El secreto es saber hallar el matiz preciso. Si no confiamos en nadie, ni en nosotros


mismos, la vida es dolorosa e imposible. Si nos dejamos guiar por las ilusiones
corremos riesgos. La objetividad al reconocer los valores propios y ajenos hace que la
confianza tenga bases más sólidas y nos permita correr más rápido, saltar más alto, ser
más fuertes.
La vida de todos los días y los acontecimientos excepcionales están llenos de retos y
desafíos para cada uno de nosotros. En realidad nunca sabemos bien qué nos espera
en el futuro inmediato, cuando salimos de casa, o a largo plazo, digamos en cinco o
diez años.

En realidad resulta imposible saber lo que habrá de ocurrir, porque el mundo está hecho
de riesgos y cambios constantes: nuestra familia, nuestra escuela y ciudad se modifican
a cada instante. Esos cambios pueden ser positivos o negativos y a veces pensar en
ellos, o vivirlos cuando son ya una realidad, provoca miedo e incertidumbre.

¿Qué podemos hacer si nada parece demasiado seguro?


La respuesta es muy sencilla: confiar en nosotros mismos, en nuestra fortaleza y poder
de adaptación, en nuestra capacidad de responder a los retos que nos pone la vida.
Aunque ninguno de nosotros es un superhéroe y todos estamos sujetos a fallas y
errores, siempre debemos estar seguros de que nuestros conocimientos, nuestros
valores y nuestros principios son un escudo protector que nos permite avanzar a salvo
por la vida.

Quien no confía en sus propias fortalezas no puede obtener avances. Quien sabe
reconocerlas se supera día con día, cumple sus metas y logra realizarse: llevar a cabo
sus proyectos más importantes, ser cada día mejor persona e ir más allá de sus
posibilidades actuales.

Una persona desconfiada avanza siempre a pasos inseguros.


• Quien no realiza sus sueños sufre frustración y amargura.
• Los conformistas nunca emplean su genuino potencial humano.
En la base de una familia feliz está el valor de la confianza. Ésta es un elemento crucial para la
pareja que la conforma y la sustenta. Cuando nacen los hijos los padres deben confiar en sí
mismos como educadores y en el potencial de desarrollo que hay en ellos. Mientras en las
generaciones anteriores inculcar miedo o temor al castigo en los pequeños era una estrategia
básica de educación, hoy sabemos que la apertura, el acercamiento y la comprensión con los
hijos ofrece verdaderos logros.

La mejor forma de criar hijos seguros de sí mismos y una estructura de personalidad sólida
consiste en ofrecerles certeza y seguridad como padres: atender sus necesidades, escucharlos y
ser sensibles a sus problemas, así como manejar bien el margen de libertad y responsabilidad
que les damos.
♦ BALANCEO A TRES: se colocan dos personas una en frente de la otra a una distancia
suficiente para que una tercera persona pueda situarse en medio y ser balanceada por las otras
dos que la reciben y empujan suavemente entre ellas.

Conviene que las tres personas tengan un peso y una constitución similares para que puedan
manejar de forma segura y cómoda a la persona de en medio.

La persona que se pone en medio afloja su cuerpo dejándolo caer hacia delante y atrás en peso
muerto, con los ojos cerrados de preferencia, confiando en las otras dos personas.

Ver video: https://www.youtube.com/watch?v=e2v_HkusE9Y


♦ EL LAZARILLO: por parejas, uno se venda los ojos a modo de ciego y el otro hace de lazarillo.
Hay varias maneras de jugar, siempre teniendo en cuenta de remarcar la seguridad para que el ciego no
sufra ningún daño, el lazarillo deberá estar atento en todo momento.
Se puede empezar a jugar en un espacio cerrado despejado de objetos, si bien teniendo la precaución
adecuada se puede también practicar en el exterior.
- Manteniendo el contacto con el ciego: el lazarillo lo sujeta con una mano por un brazo y así lo guía, dirige
su movimiento. Sin hablar, sólo pronunciando STOP si requiere que el ciego se pare de golpe.
- Sin contacto con el ciego: el lazarillo lo guía indicándole si tiene que girar, seguir recto, parar, ir hacia
atrás: recto / derecha + recto / izquierda + recto / hacia atrás / stop / cualquier combinación necesaria para
guiar los pasos del ciego.
- Pronunciando el nombre del ciego: aconsejable en sala o espacio sin obstáculos, el lazarillo guía
al ciego llamándole por su nombre. Primero puede llamarle desde muy cerca para luego alejarse un poco,
tomar más distancia, llamarle más flojo, más fuerte.
- Haciendo un sonido que previamente el lazarillo le hará escuchar al ciego: de la misma manera que la
variante de pronunciar el nombre pero en este caso con un sonido. El facilitador puede indicar los sonidos
a cada pareja, pueden ser sonidos de animales u otras cosas, o dejar que cada lazarillo escoja el sonido que
quiera.

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