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Codependencia - Jorge Bucay

"El amor no se suplica (y mucho menos se exige)... Se inspira; y si no logramos inspirarlo, no tiene sentido suplicarlo (y mucho menos exigirlo)" escribió Emma Godoy y Jorge Bucay nos comparte valiosos conceptos del disfuncional actuar de quienes se niegan a dejar de ser queridos....

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Codependencia - Jorge Bucay

"El amor no se suplica (y mucho menos se exige)... Se inspira; y si no logramos inspirarlo, no tiene sentido suplicarlo (y mucho menos exigirlo)" escribió Emma Godoy y Jorge Bucay nos comparte valiosos conceptos del disfuncional actuar de quienes se niegan a dejar de ser queridos....

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CODEPENDENCIA Y MANIPULACIÓN AFECTIVA.

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CUANDO SOMOS PERSONAS AFECTIVAMENTE CODEPENDIENTES padecemos una
enfermedad similar a cualquier adicción, diferenciada sólo por el hecho (en realidad menor)
de que nuestra “droga” es un determinado tipo de personas o una persona en particular.
Exactamente igual que cualquier otro síndrome adictivo, como CODEPENDIENTES somos
portadores/doras de una personalidad proclive a las adicciones y podemos, llegado el caso,
realizar actos casi (o francamente) irracionales para proveernos “la droga” (el afecto al que
somos adictos). Y como sucede con la mayoría de las adicciones, si nos viéramos
bruscamente privados/as de ella podríamos caer en un cuadro, a veces gravísimo, de
abstinencia.
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LA CODEPENDENCIA es el grado superlativo de la dependencia enfermiza. La adicción queda
escondida detrás de la valoración amorosa y la conducta dependiente se incrusta en la
personalidad como la idea de que “No podemos vivir sin determinada persona”.
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Ante el argumento:
—...si amamos a alguien, y le amamos con todo nuestro corazón, ¿no es cierto acaso que no
podemos vivir sin esa persona?
La respuesta irrefutable es:
—No, la verdad es que esa sensación de no poder vivir sin alguien NO ES CIERTA.
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La verdad es que SIEMPRE PODEMOS VIVIR SIN EL/LA OTRO/A, SIEMPRE, y hay dos personas
que deberíamos saberlo: Nosotros y el/la otro/a persona.
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Sería sano que nos pareciera horrible que alguien piense que no podemos vivir sin él/ella y
crea que si decide irse nos morimos...
Sería sano que nos aterrara la idea de convivir con alguien que crea que somos
imprescindibles en su vida.
Estos pensamientos son siempre de una manipulación y una exigencia siniestras.
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El amor siempre es positivo y maravilloso, nunca es negativo, pero puede ser la excusa que
utilicemos para volvernos adictos afectivos.
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EN REALIDAD, LA PERSONA CODEPENDIENTE NO AMA; necesita, reclama, depende, pero no
ama…
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Sería bueno empezar a deshacernos de nuestras adicciones a las personas, abandonar estos
espacios de dependencia y ayudar al/a la otro/a a que supere los propios.
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Sería encantador que la gente que queremos nos quiera; pero si esa gente no nos quiere, lo
más sano –para ambos/as- es que nos lo diga y se vaya (o que no nos lo diga pero que se
vaya). Porque nadie queremos estar al lado de quien no quiere estar con nosotros/as...
Es muy doloroso. Pero siempre será mejor que si se quedaran con nosotros/as engañándonos.
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Dice Antonio Porchia en su libro Voces:
“Han dejado de engañarnos, no de querernos, y sufrimos como si hubiesen dejado de
querernos”.
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EL NOCIVO PROCESO DEL AUTO MENTIRA AFECTIVA.
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… A todos/As nos gustaría evitar LA ODIOSA FRUSTRACIÓN DE NO SER QUERIDOS/AS… A
veces, para lograrlo, nos volvemos neuróticamente manipuladores/as: Manejamos la situación
para poder engañarnos y creer que nos siguen queriendo, que siguen siendo nuestro punto de
apoyo, nuestro bastón…
Y empezamos a descender por la nociva y peligrosa pendiente de la auto mentira y
manipulación afectiva… Nos vamos metiendo en un pozo cada vez más oscuro buscando la
iluminación del encuentro.
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EL PRIMER PELDAÑO ES INTENTAR TRANSFORMARNOS EN UNA NECESIDAD PARA LA
PERSONA AMADA… Nos volvemos su proveedor selectivo: le damos todo lo que queras,
tratamos de complacerle, nos ponemos a su disposición para cualquier cosa que necesite,
intentamos que dependa de nosotros. Tratamos de generar una relación adictiva,
REEMPLAZAMOS NUESTRO DESEO DE SER QUERIDOS/AS POR EL DE SER NECESITADOS/AS...
Porque ser necesitados/as se parece tanto a veces a ser queridos/as... Si nos necesitan, nos
llaman, nos piden, nos delegan sus cosas y hasta podemos creer que nos están queriendo…
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Pero a veces, a pesar de todo lo que hacemos para que nos necesiten, no parecen
necesitarnos. ¿Qué hacemos? BAJAMOS UN ESCALÓN MÁS… INTENTAMOS QUE NOS
TENGAN LÁSTIMA...
Porque la lástima también se parece un poco a ser queridos/as...
Así, si nos hacemos la víctima (usamos frases como: Yo que te quiero tanto... y tú que no me
quieres nada...), esperando que quizás, de esta manera, se animen a querernos, aunque sea
un poco...
Este camino se transita demasiado frecuentemente. De hecho, de alguna manera todos
hemos pasado por este jueguito. Quizá no tan insistentemente como para dar lástima, pero
quiénes no han dicho en alguna ocasión (con la insana e ineficaz idea de ser queridos/as):
“¡Cómo me haces esto a mí!”… “Yo no esperaba esto de ti, estoy tan defraudado/a... estoy tan
dolorido/a...”
“No me importa si tú no me quieres... yo sí te quiero”.
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PERO LA BAJADA CONTINÚA...
¿Y si no conseguimos que se apiaden de nosotros? ¿Qué hacemos? ¿Soportar la
indiferencia?... ¡Jamás!
Si llegamos hasta aquí, por lo menos VAMOS A TRATAR DE CONSEGUIR QUE NOS ODIEN.
A veces nos saltamos alguna etapa... bajamos dos escalones al mismo tiempo y saltamos de
la búsqueda de volvernos necesarios/as directamente al odio, sin solución de continuidad.
Porque, en verdad, LO QUE NO SOPORTAMOS ES LA INDIFERENCIA.
Y sucede que nos podemos llegar a topar con gente que...¡ni siquiera quiere odiarnos!...
Queremos que aunque sea nos odien y no lo conseguimos.
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Entonces... ESTAMOS CASI EN EL FONDO DEL POZO. ¿Qué hacemos?
Dado que creemos y sentimos depender completamente de “esa persona que no nos
quiere/puede amar” y de su mirada, haríamos cualquier cosa para no tener que soportar su
indiferencia.
Y muchas veces BAJAMOS EL ÚLTIMO PELDAÑO para poder tenerle al pendiente de
nosotros/as:
TRATAMOS DE QUE NOS TENGAN MIEDO… MIEDO DE LO QUE PODAMOS LLEGAR A HACERLE
O HACERNOS (fantaseando dejarle sintiéndose culpable y pensándonos...)
—Si no pudimos conseguir sentirnos queridos/as ni necesitados/as, si se negaron a tenernos
lástima y ocuparse de nosotros/as por piedad, si ni siquiera conseguimos que nos odien,
ahora van a tener que notar nuestra presencia, quieran o no, porque a partir de ahora vamos
a tratar de que nos teman.
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Cuando la búsqueda de una mirada se transforma en dependencia, el amor se transforma en
una lucha por el poder. Caemos en la tentación de ponernos al servicio del/de la otro/a, de
manipular un poco su lástima, de darle bronca y hasta de amenazarle con el abandono, con el
maltrato o con nuestro propio sufrimiento...
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Las relaciones afectivas del mundo pueden dividirse en dos grandes grupos:
Aquellas donde AMBOS INTEGRANTES quieren haber sido elegidos/as una vez y para siempre,
y
Aquellas en las que nos gusta ser elegidos/as todos los días, estar en una relación de pareja
donde ambos/as sigamos sintiendo que nos volvemos a elegir. No por las mismas razones,
pero nos volvemos a elegir.
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La interdependencia parece generar lazos indisolubles que se sostienen porque dependemos
mutuamente, y no desde la elección actualizada de cada uno. Porque los/as
interdependientes somos dependientes; y cuando dependemos, ya no elegimos más...
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Fuente: EL CAMINO DE LA AUTODEPENDENCIA de Jorge Bucay… Selección, adecuación y
transcripción de texto por Juan Enrique

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