Salvador Allende, ¿Sueño o proyecto?
Por Jorge Arrate
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Salvador Allende, ¿Sueño o proyecto? - Jorge Arrate
LOM PALABRA DE LA LENGUA YÁMANA QUE SIGNIFICA SOL
© LOM Ediciones
Primera edición, 2008
Segunda edición, 2013
ISBN: 978-956-00-0449-9
Diseño, Composición y Diagramación
LOM Ediciones. Concha y Toro 23, Santiago
Fono: (56-2) 2 860 6800
www.lom.cl
lom@lom.cl
Jorge Arrate
Salvador Allende ¿Sueño o proyecto?
logo_lom_alta.tifExiste una prohibición de cruzar
una línea que solo es imaginaria.
Juan Luis Martínez
Introducción
No olvidar el futuro
Cuando nació Allende, mi padre aún no nacía. Cuando yo nací, Allende estaba próximo a cumplir treinta y tres años. Su nombre quedó grabado en mi memoria en 1952, en una votación realizada en mi clase de castellano, poco antes de la elección presidencial de aquel año. Solo uno de mis compañeros votó por él.
Conocí a Allende en 1962, cuando concurrió junto a Volodia Teitelboim a la proclamación del candidato a presidente de la FECH del Frente de Acción Popular (FRAP), la alianza de socialistas y comunistas. Era yo el candidato y me sentí muy orgulloso. Trabajé apasionadamente en sus campañas, construí en ese tiempo mi ininterrumpida amistad con sus hijas, conocí a Tencha y su casa en la calle Guardia Vieja. Cuando fue electo presidente, me convertí, por sugerencia de su hija Beatriz y de Carlos Altamirano, en uno de sus colaboradores. Aún era académico del Instituto de Economía de la Universidad de Chile, cuando Allende me encomendó varias tareas. Una de ellas fue estatizar la editorial Zig Zag y crear las bases de una gran empresa pública del libro. Nació entonces Quimantú. Fui luego su asesor económico. El asesor jurídico era mi amigo Arsenio Poupin, desaparecido hasta hoy. Compartí con Arsenio oficina y tiempos cautivantes en el segundo piso de La Moneda, a metros del despacho de Allende, hasta que el presidente me encargó llevar adelante el proceso de nacionalización del cobre desde la jefatura de CODELCO.
Un día de 1972 juré, indisimulablemente nervioso, emocionado, como ministro de Minería, y ejercí ambos cargos por veinticuatro días. Tenía 31 años y entendía que era un honor impensado y una memoria imborrable decir sí, prometo
a un presidente como Allende. Estaba en Moscú, próximo a partir a Tokio, cuando recibí instrucciones del Partido Socialista de regresar de ese viaje de trabajo. No alcancé a hacerlo a tiempo. El 11 de septiembre de 1973 recibí la noticia de la muerte de Allende a través de una vieja radio de baquelita en un antiguo hotel de Montevideo.
Las memorias de aquel tiempo no son el propósito de estas páginas. Solo quiero indicar que a Allende lo conocí estrechamente durante los tres años de la Unidad Popular. Sin embargo, su impacto en mí ha sido por toda la vida. No sé decir si Allende aprobaría lo que he escrito sobre él y su proyecto, desde 1972, en muchos libros, capítulos de libros, presentaciones de libros, ensayos breves en revistas culturales o políticas y en columnas periodísticas. Nadie tiene la representación de Allende ni puede atribuirse en exclusiva su memoria. Las páginas que siguen recogen mucho de lo que he escrito y dicho, ahora revisado y repensado. También contienen nuevas apreciaciones formuladas este año del centenario. El tiempo va ajustando la mirada y el Allende que configuro hoy no es exactamente el mismo que vislumbré a diez o a veinte años de su muerte.
Durante la posdictadura la derecha ha querido inculcar a los chilenos la aversión por nuestro pasado reciente. Ni la memoria ni la historia son nostalgia infecunda. En cuanto al futuro, no tenemos futuro según el pensamiento conservador: el capitalismo democrático
es el fin de la historia
, porque el mundo ha alcanzado un equilibrio final y no es posible ni deseable otro modo de concebirlo. La derecha nos quiere expropiar de pasado y de futuro.
Este texto es un libro de difusión, de esperanzada difusión. Es una mirada, ciertamente imperfecta y siempre provisoria. La reflexión sobre Allende, como historia y también como porvenir, habrá de ser interminable.
No olvidar el pasado. No olvidar el futuro. No olvidar.
1. Murió, pero aún respira
Salvador Allende nació en una familia con tradición de lucha. Sus ascendientes Ramón, José María y Gregorio Allende Garcés participaron en las luchas por la Independencia de Chile. Gregorio fue padre de Ramón Allende Padín, médico, diputado y luego senador, descollante figura del Partido Radical en la segunda mitad del siglo XIX. Allende Padín, conocido como el Rojo
por su anticlericalismo y su audaz pensamiento liberal, fue excomulgado por la Iglesia Católica y alcanzó el más alto grado en las logias masónicas. Salvador Allende fue su nieto.
Salvador nació el 26 de junio de 1908 en Valparaíso, hijo del abogado Salvador Allende Castro y de Laura Gossens. Tuvo dos hermanas, Inés y Laura. Inés se casó con un hermano del fundador del Partido Socialista Marmaduke Grove y Laura fue dirigente socialista y diputada. No obstante el catolicismo de su madre, la tradición de la familia fue laica y tolerante. De niño vivió en Tacna (entonces chilena) y en Santiago, hasta que en 1920 el grupo familiar se estableció nuevamente en Valparaíso. Cursó la enseñanza media en el histórico Liceo Eduardo de la Barra y accedió en ese tiempo a sus primeras lecturas socialistas. En 1925 realizó como voluntario el servicio militar
en el Regimiento Coraceros de Viña del Mar y egresó como oficial de reserva del Ejército. En 1926, a los dieciocho años, entró a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile y a poco andar fue electo como dirigente estudiantil. Al año siguiente asumió como presidente del Centro de Alumnos de Medicina y participó en un grupo de estudiantes que leían colectivamente textos marxistas. Se integró al Grupo Avance, una organización de jóvenes universitarios de gran influencia en el movimiento estudiantil y en los acontecimientos políticos de la época. En 1929 se inició en las logias masónicas y continuó así una tradición de familia. En 1930 fue electo vicepresidente de la Federación de Estudiantes (FECH) en representación del Grupo Avance y participó en las movilizaciones contra la dictadura de Ibáñez. En 1931 asumió como miembro del Consejo Universitario en representación de los estudiantes. En 1932 fue expulsado de la universidad por razones políticas. Una vez reincorporado, terminó sus estudios de medicina y se trasladó a Valparaíso. En junio de 1932, tras la derrota de la República Socialista encabezada por Marmaduke Grove y Eugenio Matte Hurtado, el Gobierno desató una persecución contra dirigentes de izquierda y Allende fue encarcelado.
En 1933, al fundarse el Partido Socialista, sus convicciones básicas estaban ya asentadas. Sobre ellas dijo, cuarenta años más tarde: Soy marxista y lo soy desde mi juventud. Toda mi vida política se ha caracterizado por la consecuencia con mis principios. Pero ser marxista significa actuar de acuerdo a la realidad de mi país, en conformidad a su idiosincrasia y a sus necesidades
. Allende participó en la fundación del nuevo partido en Valparaíso y comenzó sus tareas gremiales
