Cuando pensamos en Steve Jobs, probablemente te venga a la mente su carisma durante los lanzamientos de productos de Apple, donde mostraba su faceta más inspiradora y convincente. Sin embargo, pocos conocen que detrás de esa imagen pública, en el interior de la empresa, Jobs tenía un lado oculto que ponía a prueba a cualquiera que trabajase junto a él. No era un jefe fácil. Era conocido por su carácter exigente y su manera de desafiar a los empleados hasta llevarlos al límite. Si trabajabas para Steve Jobs, sabías que no sería un camino sencillo. Era una persona compleja, alguien que buscaba la perfección absoluta en cada proyecto. Se caracterizaba por una actitud implacable, con poca tolerancia para el error y una visión que rara vez admitía opiniones contrarias. Su exigencia extrema podía parecer insensible, y en muchas ocasiones no dudaba en hacer a un lado, incluso a quienes formaban parte de su equipo más cercano. Trabajar con él requería una combinación de resistencia, dedicación y, sobre todo, aceptación de sus constantes cambios de parecer.Andrea Cunningham y su experiencia con Steve JobsUna de las personas que experimentó esta realidad de primera mano fue Andrea Cunningham, quien formó parte del equipo de marketing de Apple durante el lanzamiento del Macintosh en 1984. Trabajó directamente con Jobs y, a pesar de ser una excelente profesional y de desempeñar un papel clave, vivió la experiencia de ser despedida cinco veces por Steve debido a sus desacuerdos con la visión de la empresa. Sin embargo, una y otra vez, tras un tiempo, la recontrataba.Uno de estos despidos ocurrió después de una reunión en la que la directora financiera de Apple le comunicó que su desempeño no estaba cumpliendo las expectativas y que, además, no recibiría un pago pendiente. Andrea no solo decidió afrontar la situación y logró persuadir a Jobs para exigirle que le pagara lo que le debía, sino también para que la volviera a contratar. Con los años, Cunningham fundó su propia empresa y tomó su propio camino, pero aún recuerda aquellos años en Apple. Lo que podría haber sido una experiencia amarga para muchos, lo tomó como una oportunidad de crecimiento. Ella asegura que, gracias a las exigencias y la presión de Steve Jobs, aprendió valiosas lecciones sobre sí misma y sobre el trabajo. Aunque la experiencia fue dura, considera que la hizo una mejor persona y una mejor profesional. Por eso, no guarda rencor; al contrario, se siente agradecida. A pesar de las críticas y los despidos, reconoce que trabajar con alguien tan exigente le dio herramientas y aprendizajes que le sirvieron para toda la vida.