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martes, 12 de abril de 2022

EL RINCÓN DEL ESCRITOR (Parte 2)

 

Mi mano, sin el dedo extra.

Para leer la primera parte de la entrevista pincha aquí.


Esta es la continuación de la entrevista al escritor, y fenómeno de feria, Pedro Fabelo, quien, con sus seis dedos en cada mano, llegó a convertirse en el escritor que más veloz tecleaba en el planeta Tierra, ya que la nave Curiosity, de misión espacial en Marte, en una de sus incursiones en el Planeta Rojo logró entrevistar a un marciano en chándal y gorra de los chinos comprada en AliExpress, quien, con doce dedos en cada mano, aseguraba ser capaz de mantener una velocidad media de 42.800 pulsaciones por minuto al teclear; eso sí, sin usar tildes ni signos de puntuación.

Así pues, aquí os dejamos la segunda parte de la interesante entrevista realizada a Pedro Fabelo en su guarida. ¡Vamos que nos vamos!


¿Escribe con pluma?

No. Soy hetero.

¿Cuál es su proceso creativo?

Normalmente me viene una idea a la cabeza. También me puede venir una cagada de paloma, ya que tengo por costumbre salir a caminar casi todos los días, y por la zona donde yo vivo hay muchas palomas sueltas (de vientre). En cuanto a la idea, puede ser la sinopsis de una historia, partes de un diálogo, un chiste o una simple frase. Si tengo a mano papel y un boli, la anoto, y si no tengo nada de eso intento retener la idea el máximo de tiempo posible en la cabeza, hasta poder anotarla en cualquier soporte físico. Una vez anotada la idea, si no se me ocurre nada más, la dejo reposar y me olvido de ella. Con el tiempo, la retomo y comienzo a trabajar a partir de donde lo dejé. Aunque, en ocasiones, la idea es tan intensa que no se me va de la cabeza, aún habiéndola anotado, por lo que sigo trabajando mentalmente en ella hasta ir dándole forma. Rara vez empiezo y acabo un texto de un tirón. Lo normal es ir haciéndolo por tramos.

¿Tiene un horario fijo para escribir?

No. Puedo escribir a cualquier hora del día o de la noche. Si estoy inspirado, me da igual la hora. Y si no lo estoy, de nada me sirve forzarme, ya que la cosa puede acabar en bloqueo. Aparte de eso, soy de los que piensa que un escritor escribe siempre, aunque eso no se traduzca en algo tangible. Me explicaré. Los escritores somos observadores y curiosos por naturaleza, unos observadores curiosos que se pasan la vida observando cuanto acontece a su alrededor y anotándolo todo en nuestra mente. Luego, tarde o temprano, esas “anotaciones mentales” logran salir a la superficie, y de ahí sacamos el material para escribir. Muchas de mis historias y personajes están sacados de mi día a día, aunque, eso sí, debidamente deformado, ya que de otro modo no sería un escritor de ficción, sino un reportero o un ensayista.

¿Escribe por dinero?

Ojalá.

Entonces, ¿por qué lo hace?

Principalmente porque me gusta leer lo que escribo, y, si no lo escribo yo, no lo escribirá nadie.

También podría escribir y leerse sin necesidad de publicar.

¿Y privar al mundo de mi genialidad? Sería una crueldad, ¿no le parece? No soy tan egoísta como para guardarme mi genialidad para mí solo.

¿Me lo dice en serio?

¿Usted qué cree?

Con usted, la verdad, no sabría decirle...

Eso es bueno. Nada aburre más que lo previsible. Y yo odiaría resultar aburrido.

¿Escucha música mientras escribe?

Depende de lo que esté escribiendo. Si es un artículo para el blog, no me molesta escuchar música mientras escribo. Pero si se trata de escribir un cuento corto o trabajar en alguna de mis novelas, entonces no. Ahí sí que necesito silencio absoluto y máxima concentración.

¿Tiene alguna manía antes o mientras escribe?

Estar solo, y disfrutar de un ambiente cómodo y relajado.

En plena época creativa, ¿le distrae leer a otros autores?

Para nada. Es más, desde que empecé a leer literatura tengo por costumbre leer todos los días, independientemente de si estoy trabajando en algo mío o no.

¿Qué libro está leyendo ahora mismo?

Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, de Emmanuel Carrere. Se trata de una especie de biografía novelada basada en la vida y obra de Philip K. Dick, uno de los escritores de ciencia ficción más innovadores y celebrados de la historia. Ese tipo estaba francamente mal de la azotea fruto, en buena medida, del abuso de drogas, especialmente anfetaminas y LSD. El tipo escuchaba voces en su cabeza de procedencia desconocida, creía que había sido abducido por extraterrestres y sufría de manía persecutoria. Pensaba que el gobierno de los Estados Unidos lo expiaba en secreto.

¿Y usted? ¿También oye voces?

Yo la única voz que escucho de vez en cuando es la de mi mala conciencia, empujándome a levantar el culo del sofá y hacer ejercicio.

¿Siente temor a la hoja en blanco?

No. Me da más miedo la mente en blanco.

¿Le cuesta titular sus obras?

En absoluto. En ocasiones, incluso, lo primero que me llega de un texto es precisamente el título. Y, a partir de él, consigo montar una historia.

¿Sufre o se divierte escribiendo?

Las dos cosas. Pero, si pudiera poner ambas en una balanza, ganaría el disfrute.

¿En algún momento se ha sentido esclavo de su obra?

No. En cada libro que he escrito y publicado he dado el cien por cien de lo que era capaz en el momento de escribirlo. De no haber sido así, jamás habrían salido del disco duro de mi ordenador. De hecho, he vuelto a releer mis libros, y me he vuelto a sorprender con las cosas que he escrito. Y no es coña.

¿Cómo se ve a sí mismo?

En el espejo. O en fotos. De otro modo, es imposible. A menos que tuviese ojos en las palmas de las manos. Pero ya le digo yo que no me gustaría tenerlos. Bastante tuve con tener un dedo extra en cada mano.

¿Se considera a sí mismo un gran escritor?

Bueno, soy bastante alto. Casi llego al metro noventa de altura, lo cual no está nada mal. De hecho, supero con creces la media entre escritores, que suele estar situada en el metro setenta. Y eso por no hablar de los escritores de baja estatura, como Truman Capote o Augusto Monterroso. A su lado, yo sería un gigante de las letras.

¿Qué le parecen los premios literarios de este país?

Pues eso, que son “premios” que se conceden para devolver favores.

¿Cree que están amañados?

¿Y usted? ¿Cree que no lo están?

No. No lo creo.

Pues preséntese a ellos. Yo paso.

¿A qué aspira Pedro Fabelo?

Ahora mismo aspiro polvo, ya que, como ve, mi escritorio es un desastre. Además, viviendo en Canarias, con la dichosa calima dando por saco cada dos por tres...

¿Y al futuro? ¿Qué le pide al futuro?

Ganas, ideas, ilusión, sentido del humor. Y que mi curiosidad siga intacta. El día que pierda la curiosidad, ahí sí que acabará todo.

¿Cómo se ve de aquí a veinte años?

Veinte años más viejo.

¿Tiene algún mensaje para los que aún no han publicado alguna de sus obras y dudan de si autoeditarse o no?

No sé si mi experiencia les será de ayuda. Así y todo, la diré de todos modos. A mí me costó años decidirme por la autoedición. No fue nada fácil para mí, ya que vino precedida de un montón de vanos intentos por hacer que alguna editorial mostrase interés por alguno de mis manuscritos. También me presenté a un montón de concursos literarios, y fracasé miserablemente en todos ellos. Entonces creé el blog, empujado más por otras personas cercanas a mí que por mí mismo. Y no fue hasta que no vi que mi propuesta gozaba de cierta aceptación que me planteé seriamente la posibilidad de autoeditarme. Aquel primer libro fue como una especie de globo sonda lanzada al hiperespacio, y en cuyo interior había un claro mensaje: “Esto es lo que tengo para ofrecerte. No esperes algo sesudo o académico, pero sí algo hecho con toda la ilusión que soy capaz”. Por suerte, fueron muchas las personas que confiaron en aquel proyecto, lo que me llevó a repetir la experiencia en dos ocasiones más, e, incluso, atreverme a autoeditar la que va a ser mi primera novela. No sé qué clase de expectativas tendrán quienes aún anden sopesando de si autoeditarse o no, pero, por si les sirve de algo, diré que si pudiese regresar al pasado y encontrarme cara a cara con el Pedro Fabelo de 2014, aquel joven aspirante a escritor que era un saco de dudas ante la posibilidad de publicar su primer libro, le diría: “¿Sabes qué? No lo dudes, colega. Hazlo”.

Bonito mensaje.

No sé si será bonito, pero sí es sincero.

Sólo me queda darle las gracias por su tiempo.

Igualmente. Al fin y al cabo, su tiempo es también mi tiempo, ¿no lo cree usted?

Pues sí.

¡Lo que habría disfrutado con esto un tipo tan particular como Philip K. Dick! Un “yo” entrevistando a su otro “yo”, mientras ambos “yoes” mantienen un intercambio de ideas. Lo fliparía que no veas. Eso seguro.




martes, 15 de marzo de 2022

HALLADO UN VARÓN DESAPARECIDO QUE ASEGURA SER ESCRITOR

Tertulianos televisivos dándole al tema

 

 Según la información llegada a nuestra redacción, a través de la Policía (in)Cultural, en la mañana de ayer ha sido hallado un varón que llevaba semanas desaparecido “en su mundo”.

El sujeto presentaba un aspecto bastante desmejorado: barba de varios días, ojeras, gafas con los cristales cubiertos por una fina capa de polvo y vaho, equipación deportiva viejuna y pasada de moda, zapatillas deportivas y mascarilla de tela anti Covid19.

Precisamente fue el aspecto un tanto desaliñado que presentaba el protagonista de este suceso lo que alertó a los dueños de varios perros que habitualmente realizan labores de “abono” en las aceras de las inmediaciones; labores que hacen de manera totalmente “desinteresada”, pues ni uno solo de esos dueños de perros muestra interés alguno en recoger las mierdas que van dejando sus canes en las aceras de nuestra hermosa, y cada vez más sucia y maloliente, ciudad.

Según testimonios aportados por testigos presenciales, además de otros tantos testimonios aportados por gente que no había visto ni oído nada pero que, como suele pasar siempre, hablaban con inquebrantable seguridad de algo de lo que no tenían ni puta idea —más o menos como el 99,9% de los llamados “expertos” que inundan las tertulias televisivas cada vez que se trata algún tema de candente actualidad, y lo mismo tienen argumentos para hablar de los efectos de la pandemia, de la erupción del volcán en la isla de La Palma, de la guerra en Ucrania o de la última polémica surgida en el clan Pantoja—, a primera hora de la mañana fue visto en las inmediaciones de una zona residencial de la capital un varón adulto, de edad indeterminada, que deambulaba en actitud claramente errática y ensimismada, mientras farfullaba palabras inconexas y espaciadas a propósito de una supuesta novela en la que lleva años trabajando.

Ante la llamada de alerta que uno de los dueños de los fabricantes de excrementos y orines caninos efectuó al número de emergencia que la Policía (in)Cultural tiene a disposición del ciudadano para tal fin (es decir, el 8837471345894781425794523587, con el prefijo 818453579461), dos agentes se desplazaron a la zona.

Una vez personados en la ubicación facilitada por el denunciante, los agentes interceptaron al individuo. Hecho esto, efectuaron un primer interrogatorio in situ; es decir, sentados, pues ambos, como buenos funcionarios del Ministerio de (in)Cultura, siguen al pie de la letra —como es lógico—, el enunciado de su Ministerio: “No me estreses. Así que, despacito y con buena letra”.

En el transcurso del citado interrogatorio, los agentes de la Policía (in)Cultural supieron por boca del sujeto interceptado que se trataba de un varón, de 51 años de edad, miope, con cara de pocos amigos, feo de narices —en efecto, su nariz es bastante poco agraciada—, y que se reconocía escritor, con tres libros autoeditados en su haber.

Precisamente este hecho fue el que más llamó la atención de los agentes de la Policía (in)Cultural.

¿En serio se declara usted escritor aún siendo autopublicado? —insistió uno de los agentes culturales.

Sí, claro —respondió el feo de narices.

¡Cómo que claro! De claro nada, monada. Declararse escritor por haber autopublicado un libro...

Uno, no. Tres.

Bueno, vale, tres. Lo mismo da.

No. Lo mismo no da. No es lo mismo uno que tres. ¿Es que no veía usted Barrio Sésamo de pequeño? Había en ese programa una marioneta del conde Drácula que se pasaba todos los programas contando cosas. Debería verse alguno de esos programas, tal vez así aprenda a distinguir la diferencia entre uno y tres.

De acuerdo. Tres. ¿Contento? —admitió el Policía (in)Cultural con cierto fastidio—. Declararse escritor por tener tres libros autoeditados es casi tan ridículo como declararse cineasta por haber grabado un par de cintas de vídeo con recuerdos familiares.

¡Cuanta ignorancia, por Kilgore Trout! —replicó el interrogado evidenciando enojo, además de una cierta devoción por el famoso personaje creado por Kurt Vonnegut y que se muestra recurrente en algunas de sus obras—. ¿Y usted se define a sí mismo como Policía Cultural? ¡No me extraña que la cultura esté de capa caída en nuestro bendito país, si quienes deben velar por ella se muestran tan desdeñosos en sus funciones!

¿Qué insinúa?

No insinúo, afirmo. Su ignorancia es casi tan ofensiva como su incultura.

¿Me acaba de llamar usted ignorante y inculto?

E.

¿Cómo?

Las conjunciones se utilizan para unir dos o más elementos de una oración, o dos o más oraciones. La conjunción “e” se utiliza en lugar de “y” ante términos que comienzan por el mismo sonido: “i” o “hi”, pero no en aquellos casos cuando la “y” da inicio a una interrogación o admiración.

Vaya, vaya. Así que estamos ante un listillo, ¿eh?

No. Está usted ante un escritor, independientemente de que sea autoeditado o no, señor agente —añadió con sorna el interrogado.

A ver, ¿por qué lleva días deambulando sin rumbo fijo?

Es lo que hacemos los escritores la mayor parte del tiempo. Solemos perdernos en nuestro mundo. Forma parte de nuestro proceso creativo. Simplemente dejé volar mi imaginación y me perdí. ¿Es acaso eso un delito?

No. Supongo que no.

¿He infringido alguna ley?

No. Supongo que no.

Entonces, ¿estoy detenido?

No. Supongo que no.

Pues si no he infringido ninguna ley y no estoy detenido, ¿puedo seguir mi camino?

Sí. Supongo que sí.

¿Sabe? Es usted un supositor nato.

¿Qué?

Lo dicho. Barrio Sésamo. Hágame caso.

Y diciendo esto, el tipo feo de narices de fue; a seguir trabajando en esa novela en la que asegura estar inmerso.

Así que, por nuestra parte, "esto es to, esto es to, esto es todo amigos". En cuanto tengamos más datos a nuestra disposición que podamos manipular, en función de nuestra ideología, se los haremos llegar, como siempre, para seguir (des)informando. Porque, tal y como reza nuestro eslogan: “La (des)información es poder”. Bien lo saben los que mandan.

 

 


 

martes, 6 de febrero de 2018

EN QUÉ ANDO METIDO



Saludos. 
      Supongo que muchos de los que os soléis pasar por aquí regularmente os estaréis haciendo la misma pregunta: «¿En qué andas metido, tío?».
Os lo diré.
      Como ya avancé en alguno de los últimos posts que publiqué el año pasado (2017), a finales de diciembre me hallaba metido en la corrección de la que iba a ser la primera de mis novelas en publicar.
Acabada su redacción —al fin—, decidí dejarla reposar un tiempo. Es mi procedimiento habitual. Una vez escribo algo, en este caso una novela, necesito distanciarme de ello lo más posible, hasta casi olvidar por completo lo que escribí. De este modo me aseguro volver a ella con la mente fresca y abierta a la caza y captura de errores ortográficos, redundancias o fallos en la sintaxis.
La cosa está en que en el intervalo decidí aprovechar el tiempo y empecé a trabajar en la redacción definitiva del tercer volumen de la trilogía Absurdamente.
Hasta entonces disponía de una pequeña selección de doce relatos —entre piezas publicadas previamente en el blog y algunas otras inéditas en las que llevo tiempo trabajando—, pero desde hace dos semanas ando metido a fondo en la selección definitiva y corrección de los relatos.
Debo señalar que los textos previamente publicados en el blog han sufrido sustanciosas variaciones con respecto a la versión original. En algunos casos se le han añadido varias páginas, diálogos y personajes nuevos.
He de decir que estoy disfrutando muchísimo el proceso. Al releer algunas de las piezas de más antigüedad —algunas se remontan a mis inicios en el blog, a mediados de 2014—, me estoy sorprendiendo a mí mismo. Habiendo pasado tanto tiempo desde su gestación apenas recordaba nada de lo que escribí entonces. Eso hace que esté afrontando la lectura de esos textos más como lector que como autor, por lo que el placer está siendo doble.
Fiel a mi estilo, estoy cuidando especialmente el orden de las piezas, ya que considero fundamental seguir un orden específico —a base de ensayo y error— que permita que la lectura de mis libros sea una experiencia lo más placentera posible. Soy bastante puntilloso en este punto, hasta el extremo de haber cambiado varias veces el orden a medida que voy añadiendo o quitando textos al proyecto.
Habrá microrrelatos, como en los volúmenes precedentes. Todos ellos han sido especialmente escritos para el libro, por lo que nunca serán publicados en el blog. También he priorizado los textos más largos y, por supuesto, los que considero más logrados y divertidos. Y para rematar, una sorpresa en la que llevo bastante tiempo trabajando y que espero que sea la guinda al pastel.
En fin, que en eso estoy metido últimamente.
Pues nada, sólo quería deciros eso. Vuelvo al tajo, que aún hay mucho que pulir y reescribir. 
Por cierto, feliz año nuevo y todo eso (más vale tarde que nunca, ¿no?).

Un abrazo a todos y a todas, y gracias por seguir ahí. (Ya va para cuatro años...¿podéis creerlo?)



martes, 19 de diciembre de 2017

UN LARGO VIAJE (Parte 3 y definitiva)




Para leer la primera parte pinchar aquí
Para leer la segunda parte pinchar aquí



         Hace poco respondía a un comentario que mi buen amigo Josep MªPanadés, autor de Irreal como la vida misma, había dejado en mi blog a propósito del talento. En mi respuesta le comentaba que hace tiempo leí que el talento en cualquier disciplina artística es un 10%, y que el 90% restante es trabajo duro.
Lo creo. No sé si en esos porcentajes —supongo que dependerá de cada artista—, pero sí en el planteamiento general. Y lo creo porque soy de los que piensan que el talento si no se trabaja no sirve de nada.
El talento, tal y como yo lo veo, es como un montón de arcilla dispuesto sobre una mesa. El artista verá en ese montón deforme una futura obra, pero para ello deberá moldear la arcilla, trabajarla, darle forma.
Esto me trae a la memoria la célebre frase de Miguel Ángel (Michelangelo Buonarroti, 1475-1564), el famoso arquitecto, escultor y pintor italiano renacentista. En cierta ocasión le preguntaron cómo podía hacer aquellas esculturas tan bellas de un simple trozo de mármol, a lo que él respondió: «Simplemente retirando lo que sobra».
Exactamente así se construyen las obras literarias: escribiendo mucho para acabar «retirando lo que sobra».
En cuanto a la pregunta de si uno nace con talento o si el talento se adquiere con el tiempo, aún no lo tengo claro. Pero, por mi experiencia, sí que puedo decir que...
¡Jo, qué plasta!
¿Perdona?
Digo que eres un plasta, Pedrín.
¿Y eso? ¿A qué viene?
Pues viene a que llevas dos semanas dando la barrila con lo bien que escribes; que si eso es porque empezaste hace la tira de años, que si dibujas guay, que si eres un tío estupendo y maravilloso...
Un momento. En ningún momento he dicho que soy un tío estupendo y maravilloso.
Pues leyéndote es lo que das a entender.
¿Y no crees que soy un buen tío?
Psé. Normal. Ni bueno ni malo. Aunque eres un poco plasta, la verdad.
¿Plasta? Porque tú lo digas.
Yo soy la voz de los sin voz.
Adiós, Che Guevara.
Pues mira, sí. Soy el Che Guevara de los blogs.
¿En serio?
Totalmente.
Y dime, Che Guevara de los blogs. ¿También quieres acabar como él?
¿Te refieres con mi cara estampada en un montón de posters y camisetas molonas?
Pero mira que eres burro. ¿A eso reduces el movimiento revolucionario? ¿A un montón de posters y camisetas molonas?
Ya lo dijo Zappa: «El comunismo no funciona porque a la gente le encanta poseer porquerías».
¡Lavate la boca cuando hables de Zappa, maldito blog del demonio!
¡Eh, tío, no te equivoques! Que yo también admiro a Frank, ¿ok? Zappa sí que era un revolucionario, y un genio, y no como esos fatigas que se pasan todo el santo día dando lecciones de todo tipo e intentando convencernos de que ellos son la solución a los problemas que aquejan a la sociedad y tal y cual y Pascual.
Da la sensación de que no te van mucho los líderes revolucionarios.
Son más falsos que una moneda de chocolate. O un bitcoin.
A ver si al final vas a ser más inteligente de lo que creía...
¡Pues claro que soy más inteligente de lo que crees! ¡Y mucho más culto de lo que me presupones, cabeza de melón! Aunque no te lo creas yo leo mucho. De hecho, me paso la mitad del tiempo leyendo.
¿Y qué haces con la otra mitad?
Ver webs de tías en pelotas.
La culpa es mía por preguntar...
Hablando de lecturas, ¿qué tal va tu novela?
La acabé.
¡Venga ya! ¿En serio?
Sí. Hace un par de días coloqué el FIN, al fin, valga la redundancia. Ahora quiero dejar pasar un tiempo para leerla con otros ojos y hacer las últimas correcciones, si fuese necesario. Llevo prácticamente un año trabajando en ella a destajo, y necesito distanciarme para verla en perspectiva. Es mi procedimiento habitual.
¿Puedo leer algo?
Aún no. Hasta que no la considere definitiva no pienso mostrar nada a nadie.
¿Y qué más proyectos tienes entre manos?
Llevo un tiempo trabajando en algo especial.
¿Para el blog?
Sí.
Huy, ¡qué bien! ¿Y de qué se trata?
Quiero que sea una sorpresa. Confío en tenerlo listo en estos días, para subirlo el día 25.
Vaya, parece que no paras de crear.
Son rachas. Todo el que escribe sabe de qué va esto. Unas veces no se te ocurre nada y otras no paran de venirte ideas. Lo importante es no desesperar y confiar en tu instinto.
Pues, ¿sabes qué? Me alegro de tu buena racha. Eres buen escritor. En serio.
¡Pero mira que eres falso! ¿No decías al inicio de esta conversación que estabas harto de mi supuesto «autobombo»?
Parece mentira que aún no me conozcas. Eso era para picarte, bobo. ¿No ves que me aburro como una ostra en el tiempo que no publicas? Por eso te pico un poco, para que escribas más material con el que nutrirme y hacer que la gente nos visite. Me encanta cuando la gente nos visita, y nos lee. Y no te digo nada cuándo nos dejan algún comentario. Ahí entro en éxtasis.
No sé yo si creerte...
Que sí, tío. Que no soy tan mal blog después de todo.
Te concederé el beneficio de la duda.
¡Menudo beneficio! ¿Y porqué no te enrollas y me ingresas algo de pasta en mi cuenta corriente?
No te pases.
Era broma, tío. Venga, no te mosquees. Ains.




miércoles, 13 de diciembre de 2017

UN LARGO VIAJE (Parte 2)


Un día, trabajando fuera de horas en la oficina, me vino una pequeña historia a la cabeza; el inicio en realidad. La cosa es que aquel inicio era tan prometedor que dejé lo que estaba haciendo, abrí el procesador de textos, y empecé a transcribir lo que mi cerebro pergeñaba.
En poco más de media hora ya tenía media historia escrita. Lo más curioso de todo era que aquella historia me tenía tan enganchado que yo mismo apremiaba a mi cerebro con preguntas tipo: «Vale, esto es genial, ¿qué ocurre ahora? ¿Dónde va ese personaje? ¿Qué va a hacer a partir de aquí?». O sea, que mi parte lectora se había enganchado a lo que mi parte creativa estaba creando. Qué cosas.
       Lo cierto es que en poco más de una hora tenía un esbozo más o menos definido de la historia: con principio, nudo y un posible final.
Aquella experiencia fue una de las más alucinantes que había tenido en toda mi vida. Había sacado una historia de la nada, sin proponérmelo siquiera, como si hubiese llegado a mí desde algún remoto lugar de origen desconocido, se me hubiese metido en el cerebro y alguien me la estuviese dictando para que yo la escribiese.
Insisto: aquello fue realmente alucinante.
Aquella experiencia había sido tan gratificante que, a partir de aquí, comencé a sentir la necesidad de escribir mis historias de una manera más «literaria», ya que hasta entonces lo único que había hecho era escribir pequeñas ideas o frases que sirviesen de base para mis dibujos o cómics.
Desde mis tiempos de estudiante —hace siglos de eso— he tenido la sana —o insana— costumbre de llenar libretas con pequeñas ideas, frases, esbozos, dibujos, etc.
También aprovechaba las agendas que me regalaban en el trabajo, o las que me regalaban mis familiares, para llenarlas con mis mierdas. Por llenar que no quede, ¿no?

Estas son algunas de las libretas con apuntes que aún conservo (1990-1997)
Algunas de las chorradas que contienen esas libretas
(abajo del todo se puede ver la fecha: Septiembre de 1997)

Este es otro de los cómics que hice y que aún conservo. Año 1991.


Así que, en poco más de un año, ya tenía material suficiente como para conformar una primera antología.
En 1996 llevé al Registro de la Propiedad Intelectual mi primera colección de relatos. En apenas 73 folios desplegaba todo mi arsenal literario de entonces —algunos relatos, un par de piezas teatrales, diversos ensayos de corte humorístico y una pequeña colección de aforismos—.

Mi primera colección de relatos que registré en 1996. Nótese el nombre de la editorial ficticia que me inventé para la ocasión: EDITORIAL SINGUITA (en Canarias, por aquellos años, "sin guita" significaba "sin dinero"). Desde luego, el sentido del humor me acompaña como la Fuerza a Luke Skywalker: desde siempre.

Algunas de esas piezas sirvieron de base a algunos de los cuentos y relatos que años más tarde aparecerían en algunos de mis libros de la colección ABSURDAMENTE, como, por ejemplo, Diario de un taxista en Nueva York, Pues sí que estaba oscuro o Ralph el plasta; eso sí, las versiones que acabaron en los libros están mucho más trabajadas, todas ellas fueron ampliadas y desde luego mejoradas (habían pasado casi veinte años desde que las escribiese por primera vez).
Hoy, al leer algunas de esas primeras piezas y compararlas con las cosas que escribo actualmente noto esa evolución en mis letras.
Han pasado veintitantos años desde entonces, y eso se nota. Y mejor que se note. Eso significa que he mejorado, que he adquirido experiencia y ganado en oficio. Porque escribir, además de un arte, es un trabajo que requiere de mucho esfuerzo y dedicación si pretendes vivir de ello.
Y para hacerlo bien —lo de escribir— debes leer mucho, y aprender cómo lo hicieron otros hasta encontrar tu propio estilo, tu propia voz.
Y es que los escritores, o los aspirantes a serlo —aún no tengo muy claro cuándo alguien debe considerarse a sí mismo escritor— somos la suma de nuestras lecturas. Cuantos más libros de otros autores nos vayamos echando a la espalda, más rica y amplia se irá haciendo nuestra visión literaria.
Aprenderás casi sin darte cuenta, de los libros buenos y también de los malos. De los libros buenos aprenderás lo que debes hacer para mejorar tus escritos, y de los libros malos aprenderás lo que debes evitar para no caer en los mismos errores que sus autores. Lo de valorar si un libro es bueno o malo o si un autor es bueno o malo lo dejo en manos de cada uno. Cada cual tiene sus gustos y sus preferencias y busca cosas distintas en los libros, de ahí que no haya una misma respuesta a la pregunta de si un libro es bueno o malo; dependerá siempre de tu percepción como lector.
Esto no quita para que, como autores, opinemos sobre lo que nos parece tal o cual libro o tal o cual autor. Porque si hay algo que nos enseña el leer mucho es a ir construyendo un criterio propio, y a tener cada vez más claro qué nos gusta y qué no.

La próxima semana cerraré este breve repaso a mis orígenes en esto de la escritura con un último post.


Este dibujo (copiado de la portada del "Somewhere in time" de Iron Maiden) lo hice en 1987 con una caja de rotuladores Carioca de seis colores. De los pocos dibujos que aún conservo. Lástima no haber conservado más cosas de las que hacía entonces. Pero el espacio es limitado, y la paciencia de mis padres finita. ; )