Mostrando entradas con la etiqueta Amanece. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amanece. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de noviembre de 2019

MIS IMPRESIONES SOBRE "AMANECE, QUE NO ES POCO"


¿Podéis creer que nunca en toda mi vida había visto entera la película Amanece, que no es poco de José Luís Cuerda? Pues creedlo, porque es la pura verdad.
Y es que nunca la había visto entera, de principio a fin. Siempre que había accedido a ella lo había hecho a través de escenas sueltas, o pequeños tramos de diez o quince minutos máximo. ¿La razón? Hace años, yo diría que lustros, que no veo películas emitidas a través de cadenas de televisión generalistas. Me molesta mucho que las corten cada dos por tres para poner anuncios. Me pone de muy mala leche que hagan eso; no sólo porque me fastidian el clímax, sino porque la mayor parte de las veces desinflan mi interés por lo que estaba viendo, ya que, a fin de evitar los anuncios, voy haciendo zapping, y siempre acabo encontrando por ahí algo más interesante o, como mínimo, capaz de captar mi atención. Así que me olvido de la peli y reseteo mi cerebro.
Por si todo lo anterior no fuese motivo suficiente para odiar los cortes publicitarios en las pelis o series que emiten por los canales generalistas, no está de más apuntar esa peculiar manera que los programadores tienen de aplicar esos cortes. Muchas veces lo hacen en mitad de una escena, o peor, en mitad de un chiste. No sería la primera vez que me cortan un gag o un chiste —de Los Simpson, por ejemplo—, seguido de un «volvemos en un minuto» —el cual, si te tomas la molestia de cronometrarlo, verás que dura más de ese minuto que proclaman—, para, una vez reanudada la serie, acabar el chiste y volver a cortar para publicidad, si bien en esta ocasión se les olvida colocar otro cartelito que ponga «volvemos cuando nos salga de los huevos».
Esto que acabo de relatar me ha pasado con no pocas pelis o series, rebosando el vaso de mi paciencia y optando por no volver a ver una serie o peli a través de un canal generalista. Antes prefiero tragarme por quinta o sexta vez uno de esos documentales de la Segunda Guerra Mundial que repiten en bucle en la 2 de Televisión Española —igual lo hacen para que no olvidemos lo que ocurrió, y evitar que volvamos a cometer los mismos errores del pasado. Aunque, viendo el alarmante auge de la ultraderecha y la ultraizquierda en Europa, me da la impresión de que los seres humanos somos incapaces de aprender una mierda de nuestros errores del pasado. Claro, así nos va—.
 
Pero mejor volvamos a la película.
Lo primero que he decir es que, habiendo sido rodada en 1988, la película ha envejecido bastante bien. A su favor juega el hecho de no tratar temas de actualidad, ni de estar situada en un contexto histórico concreto. Habla de una España que no existe, que nunca existió ni existirá, presidida por el surrealismo y el absurdo.
Como ejemplo de esto que digo podría citar varios ejemplos, como el tío que se desdobla, interpretado por Miguel Rellán, o los hombres que brotan de los huertos y hay que regarlos de vez en cuando para que no se mueran.

Uno de los hombres que brotan en los huertos
Recuerdo en especial una escena, protagonizada por el gran Luis Ciges, quien, a bordo del sidecar pegado a la moto que conduce su hijo, Antonio Resines, al llegar al pueblo y verlo vacío exclama:
Aquí no hay ni Dios. ¿O es que todos aquí son unos hijos de puta, eh, Teodoro? Porque igual son unos hijos de puta que se hacen pasar por fantasmas.
Lo que me pude reír con esa escena, madre mía.
A lo largo de la película hay numerosas frases y detalles que, a poco que les prestes atención, harán que se te dibuje una sonrisa en el rostro, cuando no te provoque la risa o una sonora carcajada. Eso me ocurrió, por ejemplo, con la escena de la llegada del alcalde al pueblo, y todos los lugareños, a excepción del cura y el cabo de la Guardia Civil, salen a recibirlos. En una de éstas, un palurdo grita a pleno pulmón: «¡Alcalde, todos somos contingentes pero tú eres necesario!».
La película, como digo, está repleta de pequeñas frases y chistes, algunos difíciles de pillar a la primera, por lo que exigen toda la atención del espectador. Y ésa es precisamente una de las razones por las que hasta ahora no me había animado a ver esta película de principio a fin: debido a los cortes criminales en televisión, me costaba «entrar» en la película.
En ocasiones, algunos de los giros y situaciones me recordaron a grandes figuras del humor absurdo de nuestro país, como Miguel Gila, Tip y Coll o Jardiel Poncela. Incluso me hizo recordar en ciertos tramos al genial Berlanga, con su costumbre de meter al «Imperio Austrohúngaro» en todas sus películas. En esta ocasión, a Cuerda le da por mentar, cada dos por tres, la Universidad de Oklahoma.
Otro de los personajes que cautivó mi atención desde su primera aparición en pantalla es el del escritor argentino. Este personaje, de los mejor dibujados en toda la película, tiene una memorable escena cuando es llevado en presencia del cabo de la Guardia Civil, acusado de plagiar a Faulkner.
En esa descacharrante escena, el cabo, interpretado por José Sazatornil, le recrimina:
¿Es que no sabe que en este pueblo es demasiada devoción lo que hay por Faulkner? ¿No podía usted haber plagiado a otro?
La seriedad con la que se comportan los personajes en esta escena no hace sino incidir en su comicidad, llevándola a unos niveles de genialidad sólo al alcance de unos pocos privilegiados.
Para acabar, me gustaría citar otra de mis escenas favoritas. En dicha escena, los personajes de Luis Ciges y Antonio Resines, padre e hijo en la ficción, se afanan por buscar un sitio donde alojarse en el pueblo. Como no hay posada ni hostal, deben recurrir a domicilios particulares. Tras un par de negativas, ambos acaban, de noche, en el jardín de una de las habitantes del pueblo. Hallándose en presencia de la hija de la propietaria, le comentan sus intenciones. Entonces la mujer, interpretada por María Isbert, grita:
¡Madre, que aquí hay un hombre que quiere hablar con usted!
Entonces la madre sale al balcón de su casa y replica:
¡Buenas noches!
A lo que Luis Ciges —que está inmenso en toda la peli—, le contesta:
Que quería yo hablarle de Dostoievski.
Ah, pues muy bien. Encantada. Ahora mismo bajo —dice la señora.

De verdad, si te gusta el surrealismo y adoras, como yo, un trabajo bien hecho, con pasión y devoción, no debes perderte esta obra maestra del cine de nuestro país. A mí me conquistó a la primera —o a la decimoctava, si contamos las veces en que por culpa de los programadores me «sacaron» de la peli—. Os auguro risas a cascoporro.
Y es que todos somos contingentes, pero el humor sí que es necesario.