Nicolás se encontraba trabajando con la computadora y a la vez realizaba llamadas con su celular. Era una tarde de mucha lluvia, la ciudad se encontraba bajo el agua y en el cielo brillaban expectantes rayos. Tormenta que daba miedo. Como era de esperarse se corto la luz y con ello todo lo que implica tecnología. Nicolás se encontraba aterrado entre tanto aburrimiento y encima su celular se quedó sin batería. Se recostó sobre la cama y comenzó a observar todos los rincones de la habitación. El lugar se cubría de un silencio que sólo era interrumpido por los truenos que hacían resonar los vidrios del lugar.
Su mirada se detuvo arriba del mueble, la orilla de un libro sobresalía sobre una de sus esquinas. Cautivado por su atención, Nicolás se subió a una silla para alcanzarlo, era demasiado alto, llegando casi hasta el techo. Una nube de polvo cayó sobre él haciéndolo estornudar. Pasó su mano sobre el libro y alcanzó a leer que decía: “El constructor del mundo”.
Bajó de la silla y luego de pasarle un trapo al libro, se sentó cerca de la ventana, corrió las cortinas que impedían entrar la poca luz del día y se dispuso a leer el libro.
... “Entre recuerdos, este hombre se encontraba mirando fotos, fotos que lo llevaban a los momentos más cercanos a ella, el lugar donde se conocieron, su estación favorita, cada detalle de ella pero principalmente amaba las flores y en especial las margaritas.
Siempre había estado ocupado para simplemente detenerse en una flor, solía quedarse paralizado en su mirada pero el tiempo no podía volver atrás.
Solía en sueños, que era su salida de la realidad, construir el mundo que ella había amado, con los recuerdos que la harían volver de ese lugar oscuro, de ese coma profundo... Creaba un mundo perfecto, que en cada detalle había una parte de ella: lugares que habían recorrido juntos de la mano, por las calles; incluso las hojas que suavemente caían del árbol, en una conjunción maravillosa. Pero allí enfrente de esos voluminosos edificios, se encontraba una parte de él, ella se acercó para poder reflejar en sus pétalos la mirada de él, que sin saber la observaba a lo lejos. La margarita era la esencia pero su alma yacía sola en ese mundo tan inmenso y no quiso detenerse en los recuerdos del pasado esta vez, quiso seguir en busca de lo que su corazón le dictaba, buscaba la mirada de él reflejada en sus ojos. Se alejó por la esquina y todo el mundo perfecto construido por él se desvaneció.
Comprendió que no necesitaba construirle un mundo perfecto, no había tal construcción, había que seguir el camino y no quedarse sólo en el pasado.
Esta vez cuando fue a verla, le dejó sobre la mesa una margarita, que esta vez talvez no diga no, talvez diga si”...
Un rayo de luz entró a través de la ventana de la habitación de Nicolás. Se dio cuenta que había vuelto la luz; estuvo a punto de cerrarse en su mundo cibernético nuevamente, para adelantar trabajo pero entonces la vio, allí sobre la cama grande yacía durmiendo profundamente su bella esposa. Sintió una nostalgia terrible. Miró a su alrededor pero no encontró ningún libro, se había dormido sobre el escritorio que daba al ventanal. ¿Había sido un sueño?
Se dirigió al jardín a buscar una flor y de entre todas arrancó la más hermosa margarita. La dejó sobre la mesita de luz del lado de su esposa y lentamente recorrió sus brazos sobre el cuerpo de ella. Se encontraba de costado a él y cuando abrió sus ojos lo primero que vio fue la flor sobre la mesita de luz y al instante se volteó para poder ver reflejados sus ojos a través de los de él...
Sobre el mueble de la habitación quedó la huella que el polvo no pudo borrar, de aquel libro del constructor, que por correr detrás del tiempo, los lujos y la tecnología, había olvidado que lo más importante dormía junto a él. Esta vez la margarita dijo si, siendo él el que despertó y regresó de ese oscuro lugar...Mariana Pussó.
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