Con estos hechos deleznables, vino a mi mente de sombra un caso que nos ocurrió en el colegio. No hacía mucho que la ley había convertido a nuestras escuelas unitarias en un CRA (Colegio Rural Agrupado). Cada maestra seguía teniendo y dando clase en su escuela pero en la población más grande se formó un equipo directivo con: director, secretario, jefe de estudios... con el que había que contar para cualquier iniciativa.
Merche daba clase en su escuela con niños de varias edades. Durante uno de los recreos un niño de 8 años entró al servicio. Cuando iba por el pasillo para salir al patio, una niña de 6 años iba a entrar y al escolar se le ocurrió enseñarle el pene. La niña salió corriendo para decírselo a Merche, su profesora. La maestra castigó el resto del recreo al niño en clase, además de echarle la típica bronca.
Parecía que todo había quedado ahí. Pues no. La niña lo contó en casa: "Alex hoy me enseñó la "pirulina" en clase. ¡¡Quééé!! La madre, que era una "tocapelotas", que las hay, se le ocurrió sin más escribir una carta a la Dirección Provincial dando cuenta del caso sin pasar por protocolo alguno.
¡Se armó la marimorena! El inspector se presentó en el Centro, reunió al equipo directivo, que no sabía nada del caso y les dio, según él, la mejor solución: Había que sacar a ese niño del colegio inmediatamente. Se llamó a la profesora y ésta pidió tiempo.
¿Cómo se iba a enviar a un niño, por una chiquillada, fuera de su entorno familiar? Aquello había que pararlo. Llamó a la madre. Le explicó cómo había sucedido, la madre superindignada dijo que pensaba sacar a su hija del colegio. Merche intentó razonar: Tú verás lo que haces, eso no se volverá a repetir, te doy mi palabra, son chiquillos. Tu hija está feliz aquí, tiene dos amiguitas de su edad que las ves siempre juntas, se llevan muy bien. La madre parecía que no había entrado en razón y se fue con el ceño fruncido.
Al día siguiente la niña le dijo a Merche que ella no quería ir para otro colegio. La profesora llamó al centro para informar y que de momento no movieran ficha. Por el bien de los niños todo quedó ahí. Nadie, excepto Merche y la madre que como anteriormente hacía, cada dos por tres iba en el recreo a hablar con la profesora y a decirle que si fulanito había llamado "acusita" a su hija o que fulanito había llenado la boca de agua y le había mojado el babi a su niña.
¡La maestra con eso ya contaba, paciencia! Merche solucionó el problema como cuando ella sola en su escuela, sin equipo directivo, tomaba la mejor solución. Sobre todo pensando en los niños no se puede hacer una montaña de un grano de arena.
También es cierto que, a veces, hay casos graves cuya solución se pierde entre largos protocolos. Ya lo decía mi abuela: "Muchos cocineros estropean el cocido".
Siempre hay varias soluciones: "La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón" de H. G. Hendricks.










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