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8 de marzo de 2008

EN VERSO LIBRE




Verás amor, hoy no quisiera
someterme al agobio del soneto,
y su estricta disciplina.
Su forma de exigir siempre su forma
y la rima ritual que no se anima
a saltarse las reglas
y que encima
te obliga a disponer
rosa con cosa,
ninguna con luna,
y corazón, corazón,
¿o es que acaso
corazón no tiene rima?.
Elige la que quieras,
¿o no eres tú la dueña
del mío y de mi vida?
¿Quizás pasión?
¿tal vez razón?
¿o simplemente ternura
aunque asonante sea?

En cuatro líneas te diré:

Te quiero porque te siento guía
en la ventura de vivir contigo
y con nocturnidad y alevosía,
me confieso de amor y te lo digo.

Imposible escapar a la inocencia
de mis ripios en versos
y este asunto
es más fuerte que yo
y mi consecuencia.

El ritmo en la palabra
me subyuga, me apasiona
y me envuelve.
Con la temperatura de mis ansias,
me transporta hasta ti
y me disuelve
en la inalcanzable
lejanía de tus sueños;
los más dorados,
los más amados.
Sé que me sientes
como yo te siento
en esta inmensidad
que nos separa.
El sol está detrás,
siempre me espera,
con su rayo mejor
en tu mirada.

Alberto Cortes

1 de marzo de 2008

FE



Fe, no me abandones
ahora que en la vida pintan dudas
Ahora que han dejado las maduras
espacio a las más duras sinrazones.

Fe, no me abandones
como al palo mayor en la tormenta
amárrate a mi alma que te sienta
a salvo de naufragios y tifones.

Fe, fe , Fe te necesito
como el agua es necesaria en el desierto
como esencial es enterrar a nuestros muertos
como saber que es infinito el infinito.

Fe:
Te quiero fuerte,
la más inexpugnable ciudadela
invicta ante el dolor y sus secuelas
blindada a los embates de la suerte.

Fe, si estás conmigo
me atrevo a conquistar el universo
ponerme las estrellas como abrigo
mirar con buen humor lo más adverso.

Fe, fe, Fe...
no te derrumbes
no permitas que descienda a los abismos
señálame el camino de las cumbres
que allí quiero vivir conmigo mismo.

Alberto Cortes

17 de febrero de 2008

PARTIR



Saldrás a caminar por las estrellas
con tu cósmica tu corte de querubes
echando a la ribera de una nube
tu pena como al mar una botella.

Recogerás el sueño en las violetas
insólitas violetas de la gramas
y te irás lentamente hacia la cama
envuelta en una estela de cometas.

Mientras que yo, la quilla a barlovento,
te llevo en la bitácora conmigo
y abrigo el corazón con el abrigo
de la mágica rosa de los vientos,
preservando en mis ánforas de tiempo
el tiempo de volver a estar contigo.

Alberto Cortez

20 de enero de 2008

TRAIGO PARA TI





Traigo para ti desde muy lejos
un traje de amapolas con lunares,
auténticos lunares de la luna,
con un cuello de garza sibelina
y un sombrero con plumas de ave fénix
plumas infantas del ave renacidas...
Traigo lápices de todos los colores
que robé en un descuido al arco iris
cuando andaba de uniones con las nubes.
y hasta diez pergaminos de abedules
donde pintar los cielos del estío

Había mar en la tierra donde anduve
y del mar te he traído algunas cosas
un pañuelo de nacar nacarado
y unas alas de peces voladores.
Negocié con Neptuno más no quiso
deshacerse por nada del tridente
sin embargo te envía un abanico
de coral vespertino y transparente
que hicieron hipocampos artesanos.

Mil erizos te envían alfileres
para tejer con sargazos un abrigo
que te abrigue de las brisas marinas
de la aurora boreal y de las prisas.

Te traigo este poema en que me traigo
a tus brazos desnudo todo entero,
es decir, sin secuelas del camino,
es decir, sin urgencias y en mis manos
te traigo el corazón que una gaviota
me entregó para ti por si quisieras
ir con ella a volar por el espacio
o al interior de alguna caracola
para escuchar al mar desde más cerca
traducir el idioma de las olas.

Alberto Cortez

10 de septiembre de 2007

LA VEJEZ




Me llegará lentamente
y me hallará distraído
probablemente dormido
sobre un colchón de laureles.
Se instalará en el espejo,
inevitable y serena
y empezará su faena
por los primeros bosquejos.

Con unas hebras de plata
me pintará los cabellos
y alguna línea en el cuello
que tapará la corbata.
Aumentará mi codicia,
mis mañas y mis antojos
y me dará un par de anteojos
para sufrir las noticias.

La vejez...
está a la vuelta de cualquier esquina,
allí, donde uno menos se imagina
se nos presenta por primera vez.

La vejez...
es la más dura de las dictaduras,
la grave ceremonia de clausura
de lo que fue, la juventud alguna vez.

Con admirable destreza,
como el mejor artesano
le irá quitando a mis manos
toda su antigua firmeza
y asesorando al Galeno,
me hará prohibir el cigarro
porque dirán que el catarro
viene ganando terreno.

Me inventará un par de excusas
para amenguar la impotencia,
que vale más la experiencia
que pretensiones ilusas,
me llegará la bufanda,
las zapatillas de paño
y el reuma que año tras año
aumentará su demanda.

La vejez...
es la antesala de lo inevitable,
el último camino transitable
ante la duda... ¿qué vendrá después;

La vejez
es todo el equipaje de una vida,
dispuesto ante la puerta de salida
por la que no se puede ya volver

A lo mejor, más que viejo
seré un anciano honorable,
tranquilo y lo más probable,
gran decidor de consejos
o a lo peor, por celosa
me apartará de la gente
y cortará lentamente
mis pobres, últimas rosas.

La vejez
está a la vuelta de cualquier esquina,
allí donde uno menos se imagina
se nos presenta por primera vez.

La vejez...
es la más dura de las dictaduras,
la grave ceremonia de clausura
de lo que fue la juventud alguna vez.

Alberto Cortés

20 de julio de 2007

QUE CULPA TENGO YO


Qué culpa tengo yo para mi muerte
de manos de un fanático suicida
qué culpa tengo yo de no ser fuerte
para blindar las puertas de mi vida.

Qué culpa tengo yo si mi camino
de siempre es un camino sosegado
no tengo vocación de jacobino
ni soy un trasgresor iluminado.

Si debo convivir con los violentos
por ética les niego mi indulgencia
Los seres que generan malos vientos
no pueden navegar en mi conciencia.

En nombre de que míseros designios
se juega con la paz y con su suerte
la paz es un deber, y es el dominio
que tiene por haber la buena gente.

Conciente soy de ser entre la masa
un punto más en medio de la pista
un número nomás en la subasta
un impreciso numero en la lista.

Qué culpa tengo yo de los manejos
de rapaces ediles sin conciencia
que escurren siempre el bulto y el pellejo
y acaban con mi fe y mi paciencia

Si debo convivir con los corruptos
Tampoco les dedico mi indulgencia
ni tan siquiera un mísero exabrupto
que pueda decorarles la conciencia.

qué culpa tengo yo de los enojos
de jurásicos seres trastornados
que juegan a la muerte y sus despojos
en tremendos y arteros atentados.

Que sepa de para siempre el terrorismo
de artera sombra y docta villanía
que solo tiene espacio en el abismo
del crimen y su eterna cobardía

No hay fin que justifique tanta pena
ni pena que no viva su calvario
no hay crimen que se quede sin condena
más tarde, más que nunca o más temprano.

Alberto Cortez

18 de abril de 2007

CASTILLOS EN EL AIRE



Quiso volar igual que las gaviotas,
Libre en el aire, por el aire libre
Y los demás dijeron, "Pobre idiota,
No sabe que volar es imposible!".

Mas alzo sus sueños hacia el cielo
Y poco a poco, fue ganando altura
Y los demás, quedaron en el suelo
Guardando la cordura.

Y construyó, castillos en aire
A pleno sol, con nubes de algodón,
En un lugar, adonde nunca nadie
Pudo llegar usando la razón.

Y construyó ventanas fabulosas,
Llenas de luz, de magia y de color
Y convocó al duende de las cosas
Que tiene mucho que ver con el amor.

En los demás, al verlo tan dichoso,
Cundió la alarma, se dictaron normas,
"No vaya a ser que fuera contagioso..."
Tratar de ser feliz de aquella forma.

La conclusión, es clara y contundente,
Lo condenaron por su chifladura
A convivir de nuevo con la gente,
Vestido de cordura.

Por construir castillos en el aire
A pleno sol, con nubes de algodón
En un lugar, adonde nunca nadie
Pudo llegar usando la razón.

Y por abrir ventanas fabulosas,
Llenas de luz, de magia y de color
Y convocar al duende de las cosas
Que tienen mucho que ver con el amor.

Acaba aquí la historia del idiota
Que por el aire, como el aire libre,
Quiso volar igual que las gaviotas...,
Pero eso es imposible..., o no?...

Alberto Cortez

14 de marzo de 2007

QUE SUERTE




Qué suerte he tenido de nacer,
para estrechar la mano de un amigo.
y poder asistir como testigo.
al milagro de cada amanecer.
Qué suerte he tenido de nacer.
para tener la opción de la balanza.
Sopesar la derrota y la esperanza,
con la gloria y el miedo de caer.
Qué suerte he tenido de nacer,
para entender que el honesto y el perverso.
son dueños por igual del universo
aunque tengan distinto parecer.
Qué suerte he tenido de nacer,
para callar cuando habla el que más sabe.
Aprender a escuchar, esa es la clave,
si se tiene intenciones de saber.
Qué suerte he tenido de nacer,
y lo digo sin falsos triunfalismos.
La victoria total, la de uno mismo.
se concreta en el ser y en el no ser.
Qué suerte he tenido de nacer,
para cantarle a la gente y la rosa,
y al perro y al amor y a cualquier cosa.
que puede al sentimiento recoger.
Qué suerte he tenido de nacer,
para tener acceso a la fortuna.
De ser río en lugar de ser laguna,
de ser lluvia en lugar de ver llover.
Qué suerte ha tenido de nacer,
para comer a conciencia la manzana,
Sin el miedo ancestral a la sotana
y a la venganza final de lucifer.
Pero sé, bien que sé....
que algún día también me moriré.
Si ahora vivo contento con mi suerte,
sabe Dios qué pensaré cuando mi muerte,
cúal será en la agonía mi balance.
no lo sé, nunca estuve en ese trance.
Pero sé, bien que sé...
que en mi viaje final escucharé
el ambiguo tañir de las campanas
saludando mi adiós, y otra mañana
y otra voz, como yo, con otro acento,
cantará a los cuatro vientos...
¡Qué suerte he tenido de nacer!

Alberto Cortés

13 de febrero de 2007

EL VINO




El vino puede sacar
cosas que el hombre se calla,
que deberían salir
cuando el hombre bebe agua.
Va buscando pecho adentro
por los silencios del alma
y les va poniendo voces,
y los va haciendo palabras.
A veces saca una pena
que por ser pena, es amarga;
sobre su palco de fuego
la pone a bailar descalza,
baila y bailando se crece,
hasta que el vino se acaba.
Y entonces vuelve la pena
a ser silencio del alma.
Si señor,
el vino puede sacar
cosas que el hombre se calla.
Cosas que queman por dentro,
cosas que pudren el alma,
de los que bajan los ojos,
de los que esconden la cara.
El vino entonces libera
la valentía encerrada,
y los disfraza de machos
como por arte de magia...
y entonces son bravucones,
hasta que el vino se acaba.
pues del matón al cobarde
sólo media la resaca.
Si señor,
el vino puede sacar
cosas que el hombre se calla.
Cambia el prisma de las cosas
cuando más les hace falta
a los que llevan sus culpas
como una cruz en la espalda.
La impura se piensa pura
como cuando era muchacha,
y el cornudo regatea
la medida de su drama...
Y todo tiene colores
de castidad simulada,
pues siempre acaban el vino
los dos en la misma cama.
Si señor
el vino puede sacar
cosas que el hombre se calla.
Pero qué lindo es el vino
el que se bebe en la casa
del que está limpio por dentro
y tiene brillando el alma.
que nunca le tiembla el pulso
cuando pulsa una guitarra,
que no le falta un amigo
ni noches para gastarlas,
que cuando tiene un pecado
siempre se nota en su cara.
que bebe el vino, por vino,
y bebe el agua, por agua.

Alberto Cortez