L'ORNITONIGMA

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dimarts, 27 de gener del 2015

Entre barnaclas, gaviotas y grajas


¡Qué mejor manera de coronar un trimestre sin casi salidas a ver pájaros, que dándome una buena “fartura” de ellos! Eso fue lo que hice aprovechando las vacaciones de Navidad. Entre la carga excepcional de trabajo que tuve el primer trimestre del curso y un esguince que me dejó postrado dos largas semanas y unas cuantas a paso de bebé, podéis imaginad las ganas que tenía de salir a ver aves. Digo ganas y no ansias, casi por rubor, porque la necesidad iba más allá de lo natural. Suerte que me queda un poco de autocontrol. Pues bien, en mi recorrido desde Barcelona hasta Galicia y vuelta a Barcelona, no perdí oportunidad. O eso creo.

Con el fin de organizar un poco los datos (cosa que no creo que consiga), aquí os ofrezco una miscelénea de las mejores observaciones de esos días. Mejores en cuanto a rarezas, porque tuve de esas que ansío tanto como la mejor de las cáspicas. No es broma. Lo digo en serio. Una yarrellii fetén me produce tanto o más subidón que una cachinnans. Cosas de la naturaleza humana.

El invierno de las barnaclas
Este invierno yo lo calificaría como el invierno de las barnaclas, de las barnaclas carinegras. Grandes grupos en algunas rías y estuarios, pequeños bandos en varias marismas, ejemplares solitarios en solitarias playas. Fue un festival de barnaclas desde Santoña a Galicia, pasando por las sobrias estepas de la meseta norte.




El graznido de las ocas es un sonido invernal por excelencia. Y aunque las llamemos barnaclas, nada tienen que ver con el marisco. Son tan ocas como las demás, aunque un poco extrañas. A las ocas les pasa lo que a las personas, les gustan las multitudes. Sin embargo ellas parece que se lo montan bastante mejor. La sociedad de las ocas también es multiracial. Basta escrutar con atención, y mucha paciencia, un gran bando de ellas, para con un poco de suerte, dar con ejemplares o grupos pequeños de otras especies.



Si a todo lo observado, añadimos un ánsar piquicorto (Anser brachyrhynchus) que vi en el embalse de San Andrés, Xixón (Asturies), el 27 de diciembre de 2014, el resultado fue más que satisfactorio.


Gaviotas de este a oeste
Desde la costa vasca hasta el suroeste de Galicia, las había por millares. Son unas aves de las que siempre disfruto. Este invierno fue tiempo de reencuentros: smith en Ondarroa, argènteas en Xixón y Galicia, gaviones cada vez más numerosos de este a oeste; visita a Cariño y alrededores, meca del gavioteo ibérico... Pero eché de menos a una de mis favoritas, la gaviota cana. Posiblemente este invierno tan suave las mantiene más al norte.


La primera visita fue al puerto de Ondarroa el 24 de diciembre. La argéntea americana que desde hace tres años visita la localidad, allí estaba. Junto a sus primas lejanas, nuestras patiamarillas cantábricas, destacaba por su tamaño, su manto gris muy claro y sus patas rosa puñeta (rosa chicle, dicen también).




No fue la única con patas de ese color tan chillón. A su cita volvió también la gaviota esquimal que años antes se viera en la piscifactoría de Lago (Xove, Lugo). Igual que en aquella primera aventura que compartí con mi amigo Clemente, Cipriana, que así fue bautizada en honor al municipio donde apareció, se hizo de rogar.

El 29 de diciembre viajaba de Asturies a Santiago. Me había parado a dormir en Ribadeo. A la mañana siguiente pensaba recorrer la rasa costera entre Tapia y Villadún en el occidente de Asturies. Sin embargo, la noticia del regreso de Cipriana decidió el destino. Eran las nueve de la mañana y ya estaba escrutando los tejados de la piscifactoría. Había hecho lo mismo con el canal de desagüe. También había mirado la bahía. La thayeri no aparecía. En San Cibrao había argénteas, gaviones, sombrías y patiamarillas. La entrada de gaviotas había sido buena según decían. Era mediodía cuando volví a la piscifactoría, dos observadores más buscaban a la gaviota. La habían encontrado. Allí estaba, entre el tumulto de decenas y decenas de gaviotas que aprovechaban los restos que se abocaban por el canal del desagüe. No duró más de diez minutos hasta que desapareció. Un reencuentro breve pero intenso.



Uno de los observadores era un finlandés, que iba camino de Cariño. Hacia allí nos dirigimos como una pequeña caravana. El objetivo era la gaviota de Bonaparte que estaba pasando el invierno en la localidad. Fue llegar y besar el santo. No hizo falta ni bajar del coche. Nos sobrevoló varias veces. Pero ahí se quedó nuestro gozó. El ejemplar enfiló hacia la otra punta de la bahía, donde permaneció el resto del tiempo. Cosas de la ornitología. Eso también forma parte de su encanto. Al fin y al cabo no estábamos visitando un zoológico.

Mientras hablabamos de gaviotas, observabamos gaviotas. Un bando variado reposaba en la orilla de la playa. Entonces se disparó una alerta. Una de ellas era claramente diferente del resto. Ante nosotros teníamos una cachinnans fetén. Una de esas que no te dan quebraderos de cabeza, de las que molan, de las que se disfrutan. Unas horas más tarde, compartí la observación con Ricardo Hevia. ¡Vaya día! Eso sí que era un regalazo de Navidad.





Mi destino final era el pueblo de mi padre, al lado de la ría de Ramallosa, en la orilla sur de la ría de Vigo. Una buena despedida de año y a comenzar el 2015. Desde la ventana de mi dormitorio vi las 4 barnaclas carinegras invernantes, todo un acontecimiento en la zona. Y tras un corto paseo, llegué a la playa de Ladeira. Tocando a las dunas hay un pequeño campo de futbol. En el campo de futbol unas cuantas familias, y entre el chutar de unos niños, el correr de unos y otros, una gaviota de Delaware de 1r invierno. Sabía que estaba allí, pero no tan “clavada” al sitio. Era 1 de enero. Quedaban pocas horas para iniciar el viaje de vuelta.




Un paseo por León
Hay aves raras por su regularidad, otras lo son por su escasez. Las hay también por su distribución. Y al margen del significado ecológico del concepto de rareza, las hay por su aspecto.

En el sureste de la provincia de León, vive probablemente el córvido más raro de toda la Península Ibérica, la graja. Es raro en cuanto a aparición, es escaso en cuanto a número de parejas nidificantes, llama la atención su distribución, y además tiene un aspecto rarísimo. Es su aspecto primitivo, su mirada inteligente y la magia que lo envuelve, lo que me cautiva de este córvido.

En algunas zonas verdes de la misma ciudad de León, se puede disfrutar de él. Pude observar algún ejemplar en el campus de la Universidad de León. Pero los grupos mayores los vi entorno a la localidad de Trobajo del Cerecedo.

Todo un gusto cerrar esta crónica con esta especie tan interesante. Espero  que la hayais disfrutado.


dimecres, 29 de maig del 2013

Una mica més de Mallorca

Ahir vaig publicar una entrada sobre els papamosques gris de les Balears. Va ser un visita molt interessant on a més de observar aquesta singular espècie vaig veure diversos exemplars d'altres espècies rares a la Península. 

Vaig quedar sorprés per la presència del Xarxec marbrenc (Marmaronetta angustirostris), del que vaig observar una parella una tarde i 4 exs. a l'endemà. Tots a S'Albubera. 




A Cap Fomentor els falcons de la Reina (Falco eleonorae) van oferir tot un espectacle de vol. Primer un grup de 4 exs. i més tard una parella en vol nupcial. Un dia més tard, vaig veure altres 2 exs. caçant insectes a S'Albufera.





No va faltar la subespècie endèmica de l'illa del Capsigrany (Lanius senator ssp. badius). Molt escàs a tot el territori que vaig recòrrer, la meitat oriental de l'illa.



I naturalment vaig veure els dos tallarols illencs, la Tallareta balear (Sylvia balearica) i el Tallarol de Moltoni (Sylvia (cantillans) moltonii), de les que malauradament no vaig poder aconseguir fotografia.

Mallorca sempre és una bona destinació per veure ocells a la primavera. Jo em feia un grapat d'anys que no hi era. Després d'aquesta visita, de ben segur que el parèntesi no serà tan dilatat. A 3o minuts de Barcelona i a un preu prou asequible és la destinació perfecta per visitar en el moments calents de la migració. No defrauda.

dijous, 10 de gener del 2013

Con mis prismáticos a cuestas: fin del recorrido.


Atravesar la Península Ibérica desde el Atlántico hasta el mediterráneo, es disfrutar de una gran variedad de paisajes. Abandonadas las estepas castellanas, volvimos al Cantábrico para bordearlo hacia el este el dirección al norte de Navarra. Seguro que ya suponéis que el objetivo era muy claro. En efecto, teníamos la intención de ver el Ampelis europeo (Bombycilla garrulus), que Pedro Arratíbel y Pedro Arratíbel Jr. Descubrieron a las puertas del Señorio de Bertiz el 30 de diciembre de 2012. Tras pasar la noche en Elizondo, nos plantamos con las primeras luces del 5 de enero en la antigua entrada de Bertiz. Aquella era la información que me habían facilitado y estaba claro que de estar, había de ser allí, los aligustres estaban cargados de bayas y en las ramas de los árboles más altos abundaban los muérdagos con sus blanquecinas bayas. Fuimos los primeros, pero no los únicos, pronto empezó a llegar más gente. Primero Javier de Bilbao, después Juan Carlos y Silvia de Huesca. Y fue a los pocos minutos de llegar ellos cuando por fin apareció. Tardó en hacerlo, pero apareció. Al final unas 15 personas pudimos disfrutar de tan magnífica ave. Desgraciadamente el día no acompañó. Una niebla espesa deslució la observación. No obstante, fue mucho lo que disfrutamos con el pequeño emplumado. Aquí os dejo una foto testimonial y un vídeo donde se ve como se acicala.




Con el tiempo justo decidimos acercarnos a Pamplona a intentar el Pardillo alpino (Carduelis cabaret) que fue descubierto en el parque de la Ciudadela de Pamplona por los mismos descubridores del Ampelis. Y allí estaba, fiel a los tres abedules donde se alimentaba el grupo de lúganos (Carduelis spinus) a los que acompaña.




La vuelta a Barcelona fue tranquila, peo aún llena de emociones. A la altura del km 32 de la A-21 nos sobrevoló un grupo de buitres a los que acompañaba ¡un Quebrantahuesos! Finalmente hicimos una parada en los arrozales que hay en la A-127 pasado Ejea de los Caballeros y camino de Tauste. Allí descansaban un mínimo de 440 grullas.


Unas vacaciones como éstas tardarán en volver. Desde aquí quiero agadecer la ayuda de Pablo Fernández, Fernando Pereiras, Cosme Damián, Marc Gálvez, José Ardaiz, Juan Carlos y Silvia (y perdón si me dejo alguno).

Ahora vuelta a la tranquilidad y el sosiego de las costas de Barcelona, Maresme y comarcas cercanas, siempre llenas de emociones y sorpresas.

dimecres, 9 de gener del 2013

Con mis prismáticos a cuestas: del Atlántico a la Meseta


El 3 de enero enfilamos camino hacia el este. Dejar Galicia no es fácil. Y no nólo en lo sentimental, también en lo físico. Parece que sea ella la que no quiere dejarte marchar, la carretera se eterniza y a cada kilometro recorrido parece que se le sumen dos más. Al final aparece ese cartel que indica que se acaba esa esquina noroeste, pero todo parece seguir igual. El descenso hacia la meseta es paulatino, no hay un tránsito brusco, hasta que de golpe los ocres dominan el paisaje y el horizonte pierde su verticalidad y Galicia da paso a la meseta castellabo leonesa.

Muy próximo a Benavente se encuentra una de las mejores zonas esteparias de la península, que extiende hacia el este de manera ininterrumpida como un tapiz de formas suaves y onduladas. Villafáfila es un paraiso para miles de ánsares. Allí pasan el invierno, alimentándose en los campos de cereal o en las propias lagunas, hasta que allá por febrero su reloj interno les dice que es hora de volver al norte, algunos a lugares tan lejanos como las frías tundras siberianas, para críar.

Entre los muchos miles de ánsares comunes (Anser anser), es posible encontrar otras especies más raras. En esta ocasión, topé con un grupo de nueve ánsares caretos que disfruté junto a Toño Salazar, Cristian Osorio y Graciela Fernández Arrojo entre otros. Junto a ellos un tarro canelo (Tadorna ferruginea) también se dejaba ver. Mientras en la laguna de Barillos disfrutamos como enanos con el Ánsar indio (Anser indicus) que está invernando en las salinas.


Pero Villafáfila sólo fue el preámbulo. Casi 90km hacia el este está la localidad palentina de Fuentes de Nava. Y a tiro de piedra la laguna de La Nava. Allí otros miles de ánsares comunes rompían el silencio de la estepa y sus voces nasales llegaban de todas partes. El grup más nutrido se alimentaba en unos campos al norte de la laguna. Comencé a observar la gran bandada, hasta que apareció un ánsar careto, y luego y otro, y más allá otros más y así hasta 61... ¡Sí, 61! No daba crédito. Un grupo de 16 barnaclas cariblancas animaban la gran mancha gris con su policromado plumaje. Hubo un momento en que parte del bando se levantó. Al final contéotros 14 ánsares caretos en otro campo cercano a la laguna, que bien podrían pertenecer al gran grupo inicial.


Ensimismado en los ánsares no recorrí más que campos y campos, lo que me dio la oportunidad de disfrutar de una de las aves más impresionantes de Europa, la Avutarda. Las habíamos visto en Villafáfila, pero aquí sorprendimos, o más bien nos sorprendió, un enorme bando en vuelo de 152 exs.


Y con esa magnífica imagen en la retina, de nuevo emprendimos camino hacia el este. 

dimarts, 8 de gener del 2013

Con mis prismáticos a cuestas: hacia el sur de Galicia


El 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes, la humedad de la habitación de aquel hostal calaba hasta los huesos, era aún noche cerrada y no se sentían ni los raitanes, que son bien madrugadores. Y como no hay dos sin tres, comenzaba a llover y el viento no parecía que fuera a dar tregua. Como se suele decir, sarna con gusto no pica, pero como decía mi abuela... mortifica. Un desayuno de los de antes ayuda a sobrellevarlo mejor y aquella tortilla que me comí, llena de tropezones del compango (término más apropiado para referirse al acompañamiento de la fabada) del caldo gallego, disparó mi colesterol y disipó toda sensación de frío.

Lires es la Galicia más auténtica. Encaramado en una suave pendiente, se refugia del oceano, pocas veces sereno, las más embravecido, tras una pequeña ría que sorprende por la cantidad de cormoranes grandes, garzas reales y gaviotas que la utilizan. Como dijo Ángel González: “¿Cómo/solar tan diminuto/puede ser compartido/por una población tan numerosa?” Para el poeta era todo un misterio y se preguntaba qué “regulará tal prodigio”. En el caso de Lires noo hay tales incertezas: una piscifactoría aboca a la ría gran cantidad de alimento que atrae a cientos de aves piscívoras.


Con la marea baja, cientos de gaviotas descansaban sobre los bajíos. En los tejados había otros tantos cientos, y en la desembocadura de la ría descansaba el resto. La búsqueda de la smithsonianus, aparentemente fácil, no lo iba a ser tanto. Así fue que me pasé la mañana mirando gaviota por gaviota, descubrí varias argénteas adultas, unas cuantas inmaduras, hice alguna lectura con escaso éxito debido al fuerte viento. Me trasladé al otro lado de la playa de Nemines, donde encontré 6 gaviotas canas de primer invierno y un primer invierno de gaviota tridáctila (Rissa tridactyla). Óscar Llama me dio algunas indicaciones, pero no había manera, Barrilete no estaba allí. Al medio día me puse a revisar otra vez todos los bandos. Comenzé por la bocana de la ría. El movimiento de gaviotas era continuo. Un grupo llegó del mar y se posó junto al gran bando que dormía sobre la arena mojada. ¡Y allí estaba! ¡Enorme! ¡Monstruosa, destacando como una pálido gavión y empequeñeciendo a las patiamarillas y sombrías de su alrededor! Se acicaló un poco el pecho y se sentó como el resto de gaviotas. La cabeza guardada entre las plumas del dorso, alineada frente al fuerte viento del suroeste. Así se quedó tiempo y más tiempo, hasta que un paseante levantó todo el bando, y de la misma manera que llegó, desapareció.





Antes de bajar para A Ramallosa (sur de la ría de Vigo), me detuve en el puerto de Corcubión. Allí me sorprendió un charrán común (Sterna hirundo) luciendo su librea estival en pleno invierno.



Desde mi “base de operaciones” en Ramallosa (Nigrán), prospecté toda la costa sur entre el río Lagares en Vigo y el esteiro do Miño, en la frontera con Portugal. Buenas cantidades de limícolas en playas, rías y ensenadas, pero lo más destacado fue la presencia abundante de negrones comunes (Melanitta nigra), que quizás esté relacionada con el excepcional paso de migrantes que se registró en la Estaca de Bares el pasado otoño. Un ejemplar en el peqeño puerto de Santa María de Oia el día 29 fue el primero que localicé. El mismo día vi otros 4 exs. en el puerto de A Garda. Entre el Areal de Calzoa y la playa de Samil en Vigo, contabilizé 14 exs. el día 30, y entré 14 y 19 vi entre Paxón i Arealoura. El día 1 de enero eran 15 los que había en esa zona, 4 frente al Monte Lourido y 11 en la playa Ladeira (Baiona). Ese mismo día continuaba el de Santa María de Oia y los 4 exs. de A Guarda. Todos eran hembras y machos jóvenes.



La zona estaba animada, con colimbos chicos (Gavia stellata) en las playas de Patos y Arealoura (Nigrán) y dos ejemplares más en la desembocadura del Miño, frente a Caminha. Alcas y zampullines cuellinegros también estaban presentes, siendo para las primeras uno de los mejores años que recuerdo en los últimos inviernos.



Entre limícolas, gaviotas, alcatraces y aves buceadoras concluyó mi estancia en Galicia. La vuelta estaba al caer y nos esperaban miles de ánsares. Nos esperaban porque el trayecto de vuelta lo hice en compañía de Miquel, a quien tengo que agradecer su inmensa paciencia. 

dilluns, 7 de gener del 2013

Con mis prismáticos a cuestas: norte de Galicia


Tener familia en Asturies y también en Galicia tiene grandes ventajas. Dos buenos sitios para pajarear. En Galicia me esperaban dos especies que tenía muchas ganas de ver: la Gaviota argéntea americana (Larus smithsonianus), que desde hace años se ve en Lires; y sobretodo la hembra de Negrón careto (Melanitta perspicillata), que apareció a finales de noviembre en la ría de Ortigueira. Esta última especie hace años que se me resiste. Han sido muchas las horas pasadas en cabos asturianos y gallegos obserbando la migración, y aún más las rías y costas prospectadas, donde observé cientos de negrones... pero el careto siempre me dio esquinazo, incluso un ejemplar que estuvo un tiempo en Xixón hace ya unos cuantos años.

Para llegar a Ortigueira fuí siguiendo el litoral, parando en campos de cultivo, playas y puertos. Como comenté en el post anterior, el Cantábrico occidental es un lugar excepcional para la observación de gaviotas argénteas, que comparten campos y playas con sombrías y canas (Larus canus). Pero sin duda es el mejor de los lugares para ver gaviones, y su numero se incrementa gradualmente a medida que se avanza hacia el oeste.


De entre todos los sitios, hay uno especialmente bueno: el puerto de Burela. No es que haya uno gran cantidad. Es la proporción con respecto al total de gaviotas lo que llama la atención. Allí se pueden observar ejemplares de todas las edades.

1r invierno
2º invierno
Adulto

Otra fenómeno que se incrementa cuando se avanza hacia Galicia, es el número y la intensidad de las precipitaciones. Hasta el momento el tiempo había acompañado, pero ya en el occidente de Asturies dio un giró de 180º. Un viento intenso con chubascos intermitentes fueron la tónica del viaje. En Ortigueira hubo momentos especialmente intensos. Era ya tarde cuando llegué a la ría y el viento racheado junto con la lluvia dificultaban mucho la observación. Las aguas agitadas era lo peor que podía pasar para la detección de especies buceadoras. Por un momento perdí la esperanza de ver el negrón careto. Aquí la intervención de Ricardo Hevia fue fundamental. Gracias a las indicaciones de Cosme Damián, quien me puso en contacto con Ricardo, pude conseguir mi deseado objetivo.  Aquel día la suerte definitivamente estaba de mi parte. Mientras esperaba a Ricardo, un Elanio (Elanus caeruleus) me sobrevoló durante unos instantes en vuelo de caza.





Era 27 de diciembre. Estaba de camino hacia Lires, donde esperaba encontrar a “Barrilete”, la Larus smithsonianus que tantos quebraderos de cabeza dio a expertos "gaviotólogos", y pensaba que en unas horas sería el día de los Santos Inocentes...

Con mis prismáticos a cuestas: Asturies


Siempre me pasa igual. Soy un sentimental sin remedio. Cada vez que atravieso la ría de Tina Mayor me transformo en una bomba de emociones, y no sólo en lo que respecta a lo “pajaril”, cada rincón de esta tierra me trae profundos recuerdos. Casi 11 años fuera y aún la echo de menos como el primer día. Y aunque los hechos parezcan contradecirlo, mi familia es lo primero. Ellos ya saben lo que tengo en mente y lo aceptan con naturalidad, aunque sé que desearían atarme, encadenarme, retenerme de cualquier manera para disfrutar de mí por unos días, pero son comprensivos y entienden que dejar de ver pájaros es para mí como morir un poco (¡vaya si me he puesto dramático y exagerado!). Es por ello que toleran con cierta benevolencia, que me ausente el día 24 de diciembre hasta que caiga la noche, que por esas fechas es como decir a las seis de la tarde. Después ya vienen las comidas copiosas, las charlas, las preguntas, las risas, y también las tristezas.

Pues así fue que el día de Nochebuena me fui con mi amigo Pablo a ver las dos “blancas” que llevaban tiempo por el puerto de El Musel. Si las gaviotas ya me gustan de por sí, estas especies árticas me hacen babear. El ejemplar de primer invierno de Gavión hiperbóreo (Larus hyperboreus) es una de esos bonitos ejemplares con un plumaje uniforme café con leche. Su corpolencia le permitía competir son las pequeñas patiamarillas, hasta que llegava el chulo de El Rendiello, un gavión (Larus marinus) de primer invierno que los ponía a todos a raya sin compasión, incluidos los de su propia especie. Si la hiperbórea tenía dificultades con el gavión, la gaviota polar (Larus glaucoides), que lleva en el puerto desde finales de julio de 2012, optaba ya directamente por buscar lugares más tranquilos y alejados de semejante matón, sólo cuando el gavión desaparecía se acercaba a compartir la comida que le echaban.






El gavión que no toleraba a las gaviotas

Desde la costa central aasturiana hacia el oeste, comienzan a verse con relativa frecuencia ejemplares de gaviota argéntea (Larus argentatus). La mayoría son aves inmaduras, pero no es raro ver aves adultas. Las explanadas del puerto, donde se reunen cientos de gaviotas patiamarillas y sombrías, son buenos sitios para observarlas.





El pulmón verde de la ciudad de Xixón es otro excelente lugar para ver gaviotas. Entre las numerosas reidoras y sombrías, hay también patiamarillas y cabecinegras, y de vez en cuando se ven rarezas como la Gaviota de Delaware (Larus delawarensis) de 2º invierno que apareció a principios de diciembre.




Pero no todo fueron gaviotas, dediqué un tiempo a ver dos especies que tenía localizadas y hacía tiempo que no disfrutaba: un grupo de 7 cisnes cantores (Cygnus cygnus) en la ría de la Villa, y un Havelda (Clangula hyemalis) en el embalse de San Andrés (Xixón).



No veáis lo bien que me sentó la cena de Nochebuena.

Con mis prismáticos a cuestas: Cantabria


El 21 de diciembre de 2012 me despedí de mis compañeros de trabajo con un pantagruélico festín. Semejante atracón a punto estuvo de dejarme fuera de servicio durante unos días, pero las ganas de emprender camino hacia el Cantábrico y Galicia resultaron el mejor los remedios frente a ese uso y abuso de la comidas en fechas navideñas. Con diferencia, fue uno de los peores viajes que recuerdo y cuando finalmente llegué a Santoña, mi cuerpo me pedía un poco de bondad, aunque sólo fuera un poco. De buen gusto se la hubiera dado, pero mi mente, mis ojos y mis oídos ya estaban a otra cosa. El canto aflautado de los zarapitos reales (Numenius arquata) había alcanzado con fuerza lo más profundo de mi cerebro y todos mis sentidos estaban ya alerta y preparados para lo que se avecinaba, que no era poco. Santoña nunca es poco.

Con la marea a media altura, limícolas y anátidas se alimentaban por doquier en las orillas fangosas, mientras en los canales los zampullines cuellinegros (Podiceps nigricollis) se zambullian bajo las aguas. En la superficie recordaban pequeños y desaliñados pompones de lana.
Podiceps nigricollis

Las marismas de Santoña son un hervidero de vida y cuando el tiempo corre, uno no sabe muy bien a dónde ir. Así que después de echar un rápido vistazo al pólder de Escalante, donde un Águila pescadora (Pandion haliaetus) daba buena cuenta de un múgel, un nutrido bando de ánsares comunes (Anser anser) pacía la hierba fresca bajo la atenta mirada de unos alcaravanes (Burhinus oedicnemus), que hacían todo lo posible por pasar desapercibidos, enfilé hacia el puerto de Santoña, donde esperaba ver algún colimbo.

Gavia immer
El pequeño puerto de Santoña es un balcón abierto al gran estuario. En la lejanía se adivinan miles de patos, sobre las islas descansan las gaviotas y los cormoranes grandes, y al borde de los diques se alimentan, descansan o se acicalan colimbos, alcas (Alca torda) y zampullines cuellinegros. Y allí estaban todos, fieles a su cita anual como no podía ser de otro modo. Las blanquinegras alcas, los zampullines de ojos encendidos y los grandes colimbos con sus poderosos picos lanceolados. Todo un placer para la vista y un deleite para el espíritu. Mi estómago ya no me molestaba. Una cena ligera y un mullido colchón me esperaban en Escalante.


El 23 de diciembre recobradas las fuerzas con la ayuda de un buen desayuno, salía de Escalante en dirección a las marismas. Con las primeras luces del alba me detuve en el pólder. Bajo el cielo sereno y despejado,  los ánsares se anunciaban con sus graznidos nasales. En cuanto la luz me lo permitió, me puse a escudriñar los prados. Las siluetas pronto comenzaron a definirse y en menos que canta un gallo una luz intensa lo inundaba todo. Entre el grupo de ánsares destacaba uno más pequeño y compacto, de cuello corto y oscuro, rematado por una cabeza más pequeña en la que se apreciaba un pico corto y en gran parte oscuro, tan solo el extremo final estaba resaltado por una banda clara. Era un Ánsar piquicorto (Anser brachyrhynchus). El ejemplar llevaba en la zona desde el 12 de diciembre.



No fueron las únicas ocas que vi ese día. Frente al puerto de Santoña, un par de barnaclas carinegras (Branta bernicla) se alimentaban en un intermareal junto a otras anátidas. Al final acabé viendo nueve de estos gansos más típicos de los fangos intermareales. Varios colimbos grandes continuaban por la zona del puerto, pero lo que más despertó mi interés fue un par de bisbitas costeros que rebuscaban entre los mejillones de un dique expuestos por la bajamar.

Santoña es famosa, entre otras muchas cosas, por el gran contingente de zampullines cuellinegros invernantes. Y entre tanto cuellinegro, no resulta extraño que se cuele algún cuellirrojo (Podiceps auritus), lo difícil es encontrarlo. Tras un par de horas escudriñando las aguas abiertas de la marisma y muchos canales, acabé encontrando tres ejemplares desde la carretera que atraviesa la marisma, esa gran herida que en su día proyectó y ejecutó un infausto personaje. Pues allí estaban, los tres calándose continuamente, cerca de donde reposaba una hembra de Eider común (Somateria mollissima).

Dos de los Podiceps auritus

Tras un saldo tan positivo en Santoña, decidí probar suerte con el Ánsar chico (Anser erythropus) que desde hacía unas semanas se veía por el embalse del Ebro. Cuandio llegué a la zona donde acostumbraba a verse, me encontré con un grupo de SEO que lo estaban buscando sin éxito. Recorrí todos los sitios posibles: Lanchares, la Riva, La Costana, Bustamante. Ánsares comunes conté alrededor de 300 exs. Entre ellos, un grupo de 26 ánsares caretos (Anser albifrons), pero ni rastro del Ánsar chico. Disfruté de los caretos durante un buen rato, además de otras aves de la zona, destacando un Picogordo (Coccothraustes coccothraustes).

A última hora de a tarde, vi que muchos ánsares alzaban el vuelo en dirección al pantano. Los encontré concentrándose en un entrante de la Riva. Allí estaban los comunes, los caretos... y ¡el chico! ¡Bimbo, bimbazo! Con las ganas que tenía de ver esta especie, el viaje hasta Uvieo fue un paseo. Al día siguiente tocaba gavioteo por la costa central asturiana, pero eso lo dejo para otro capítulo.

divendres, 17 d’agost del 2012

Israel 2012: de Eilat a Jerusalén

En esta segunda parte, dejaremos la populosa y turística Eilat para adentrarnos en la árida región de Arava y recorrer las orillas del Mar Muerto. Desiertos pedregosos, wadis serpenteantes y altas paredes rocosas fueron los entornos que exploramos en la búsqueda más o menos exitosa de las especies propias de la región.



4 de abril: Eilat – Ein Gedi
Las gangas de Lichtenstein nos habían dejado tan buen sabor de boca que con las primeras luces del alba, mientras dábamos buena cuenta de un contundente desayuno para afrontar un día largo e intenso, ya fantaseábamos con una y otra especie que veríamos a lo largo del día y nos faltaban pies para salir corriendo. La playa Norte nos había defraudado en la primera visita, pero con ánimo optimista nos fuimos de nuevo a batirla en la búsqueda de las míticas especies que tantas y tantas veces habíamos visto citadas.

Con una luz aún débil, pisamos las arenas de la orilla. Las  cornejas caseras (Corvus splendens) ya pululaban a la búsqueda de lo que fuera, como buenas oportunistas que son. El Martín pescador pio (Ceryle rudis) pasó de nuevo frente a nosotros en un vuelo rasante para posarse durante unos instantes en una atalaya y desaparecer fugaz en territorio jordano. Telescopio y prismáticos barrieron una y otra vez las aguas del golfo de Aqaba. Finalmente tuvimos nuestra recompensa, una silueta oscura y ahusada volaba justo por encima del horizonte en dirección a tierra. Se fue aproximando a la costa jordana hasta posarse en una gran boya. El Piquero pardo (Sula leucogaster) se mantuvo esbelto sobre la boya distante. Durante mucho tiempo deseé ver esta especie, y aunque lejana, el mar Rojo nos brindó esa fantástica estampa.

Pero mientras observábamos una y otra vez el piquero y seguíamos barriendo las aguas del golfo, desatendimos nuestras espaldas. Fue el bullicio de las cornejas caseras lo que llamó nuestra atención. Una papelera medio volcada ofrecía un banquete a una decena de cornejas caseras, entre ellas, un inmaduro de Gaviota arménica (Larus armenicus) trataba de hacerse un hueco.


Ejemplar de 2º año calendario de Larus armenicus


Después de un rápido vistazo a la Estación de Anillamiento y su entorno, nos dirigimos hacia las salinas del km 20. Allí estaban las cuatro especies de chorlitejos, pero esta vez eran 12 los C. leschenaultii.



Lo más interesante con respecto al día anterior fue la entrada de paseriformes, destacando un macho de Collalba de Finsch (Oenanthe finschii) y otro de Collalba de Chipre (O. cypriaca), pero la gran mayoría eran collabas grises y collalbas rubias orientales. Estas últimas resultaron especialmente numerosas. En el acceso a las salinas vimos también 4 collalbas isabel.

Oenanthe melanoleuca (hembra) 
Oenanthe melanoleuca (macho) 

Los bisbitas campestres resultaron más numerosos, con un mínimo de 3 ejemplares y varios bisbitas gorgirrojos se alimentaban en los bordes de las pistas junto a numerosas lavanderas boyeras de diferentes subespecies. La más numerosa la flava, pero también pudimos ver muchas thunbergi, varias feldegg, y varios supuestos ejemplares de la subespecie centroasiática beema.

Anthus cervinus 
Motacilla flava beema?
Motacilla flava thunbergii
Motacilla flava flava

Sobrebolándolos estaban las tres especies de abejarucos que se pueden ver en la zona. El europeo (Merops apiaster) y el esmeralda (M. orientalis) ya los habíamos visto en jornadas anteriores. Esta vez se les habían unido 7 abejarucos persas (Merops persicus). Todo un lujo disfrutar de las tres especies simultáneamente y poden comparar in situ los rasgos diagnósticos que ayudan a diferenciarlas. Y por encima de todos ellos un flujo intenso de gaviotas, entre las que pude distinguir un adulto de Larus (fuscus) heuglini.


Aún teníamos mucho camino hacia el norte y deseábamos aprovechar las mejores horas de la mañana, de manera que enfilamos rumbo por la R-90 para intentar de nuevo el Chorlito asiático en los campos de Yotvata. Los estorninos de Tristam nos dieron la bienvenida.

hembra
macho
La fortuna nos dio de nuevo la espalda con los chorlitos, pero el campo estaba infestado de collalbas grises e isabel. Las dos grullas comunes continuavan allí rodeadas de nutridos grupos de calandrias comunes y gorriones morunos.

Sin demorarnos más, retomamos la R-90 hacia el norte, haciendo diversas paradas en zonas que nos parecieron interesantes o cuando alguna silueta rompía el monótono azul del cielo. Aguiluchos laguneros y muchos ratoneros de la subespecie vulpinus seguían nuestra misma ruta. En tierra, currucas zarcerillas, collalbas colinegras (Cercomela melanura) y 2 buitrones desertícolas (Scotocerca inquieta inquieta) nos amenizaron el trayecto.

Cercomela melanura

Pero el plato fuerte llegó a la altura del km 121. En una zona arbustiba varias currucas zarcerillas deambulaban de una mata a otra y entre ellas apareció de repente lo que a primera vista parecía una Currura cabecinegra (Sylvia melanocephala momus). Sin embargo había algo en aquel pajarillo que me decía que no lo pasara por alto. Afortunadamente pude tirarle unas cuantas fotos, que me permitieron sospechar que era una Curruca de Ménétries (Sylvia mystacea). Posteriormente, Marcel Gil confirmó la observación, indicándome que probablemente fuera un morfo intermedio entre las subespecies mystacea y rubescens, quizás de los que crían en Siria o el sur de Turquía.

Sylvia mystacea
Sylvia melanocephala momus (hembra)

Así transcurrió el trayecto hasta Ein Gedi, a orillas del Mar Muerto, donde nos falló el gorrión que lleva su nombre, pero donde vimos el primer Cuervo colicorto (Corvus rhipidurus) del viaje. En un recorrido por uno de los wadis nos hartamos de ver Sylvias y entre ellas una Curruca ustulada (S. melanothorax).

En el albergue donde nos alojamos, disfrutamos de las magníficas vistas de un atardecer sobre el mar Muerto, mientras comíamos galletas que compartiamos con nuestros osados vecinos, los estorninos de Tristam y a los bulbus ojiblancos.



5 de abril: Ein Gedi – Jerusalem

La extrema aridez del desierto de Judea se interrumpe bruscamente a orillas del mar Muerto. Encajado entre abruptos cortados, este enorme mar interior de 80 km de longitud es alimentado por el río Jordán y las aportaciones de manantiales más o menos permanentes que se precipitan hacia sus orillas. Ein Gedi es uno de ellos.

Nos quedaba todo un día por delante antes de llegar a Jerusalem y dar por concluida la parte ornitológica de nuestra visita a Israel. Ello nos obligó a ser selectivos. Nuestro principal objetivo era el wadis Salvadora.



Dadas las circunstancias y pese al cansancio, era delito no madrugar. Con el desayuno aún bajando por el exófago, emprendimos la jornada. El bullicio de las aves en los alrededores de Ein Gedin era demasiado goloso como para irnos directos a Salvadora sin al menos echar un vistazo. Y la decisión bien que mereció la pena. Al poco iniciar el camino hacia el wadis David, vimos a los pies de una acacia un Turdoide arabe (Turdoides squamiceps).



Pero el bimbazo de lujo apareció cerca de la localidad de Quedem, entre unos matorrales, situados en el cauce seco de un torrente. Lustroso como él solo, se dejó ver un macho de Curruca de Rüppell (Sylvia ruppelli). Aparecía y desaparecía entre los matorrales, confundiéndose entre las decenas de currucas zarcerillas que también pululaban por allí.

Al sur del Mar Muerto volvimos a ver de nuevo las cornejas cenicientas (Corvus cornix), que junto al Cuervo colicorto fueron las dos especies de córvidos que vimos en esta zona montañosa.


Muy abundantes resultaron las collalbas colinegras. Algunas parejas estaban en pleno celo realizando displays y subiendo al wadis Salvadora, encontramos un nido donde la pareja de adulto aportaba ceba.

En el wadis Salvadora fue donde vimos otra de las collalbas de la región, un precioso macho de Collalba núbica (Oenanthe lugens) que se movía entre las rocas de una pequeña planicie a medio camino de la subida.

Cuando llegamos al punto de observación, nos apostamos al abrigo de una roca. El sol caía con fuerza y la tuvimos que compartir con una par de cabras núbicas.  Desde nuestro puesto de observación y a lo largo de la subida observamos terreras saharianas, aviones roqueros africanos, collalbas núbica y colinegra, currucas zarcerillas, capirotadas y cabecinegras, bulbus cabecinegros, estorninos de Tristam, una pareja de cuervo colicorto, un Escribano estriolado (Emberiza striolata) y un flujo por encima de los cortados de milanos negros y ratoneros comunes orientales y algún Ratonero moro.

A las 13:34 h., bajo un sol de justicia, atravesamos la Línea del Armisticio de 1949 y entramos en Cisjordania. El viaje no representó grandes novedades desde el punto de vista ornitológico. Lo más interesante fue la transformación del paisaje. Las áridas planicies del norte del mar Muerto dieron paso a una sucesión de colinas cada vez más vegetadas. Así, las tonalidades ocres que nos acompañaron durante todos estos días dieron paso a un verdor fresco y sorprendentemente frondoso.

Tras atravesar la ciudad de Jerusalem, nos dirigimos a los campos de Mishan David. Una vegetación diferente suposo una representación faunística diferente también. Los arrendajos comunes de la subespecie atricapillus fue lo más llamativo. Tambien el aumento del Buitrón rabilargo (Prinia gracilis), abundante entre la vegetación herbácea y ruderal del borde de las balsas de agua. Desde las zonas arbóladas brotaba el canto del Carbonero común y la suerte nos deparó la observación, siempre fugaz de un par de ruiseñores rusos (Luscinia luscinia), uno de los cuales dejó ir su canto en varias ocasiones.

Garrulus glandarius atricapillus
Prinia gracilis

En una gran balsa de agua se concentraba un numeroso grupo de patos cuchara, azulones y un par de cercetas comunes, más de 100 fochas comunes y al menos un veintena de zampullines chicos. En la orla de carrizos se apostaban garcillas cangrejeras y bueyeras, varias garcetas comunes y un par de garcetas grandes. Desde la valla que rodeaba el perímetro de la laguna un cernícalo común se lanzaba en vuelos rasantes hacia los campos, mientras aguiluchos laguneros y águilas culebreras los sobrevolaban. La última observación antes de llegar a Jerusalem fue la de 5 grajillas (Corvus monedula).



Jerusalem

Viajar a Israel sin hacer una parada en la ciudad de Jerusalem, nos parecía como comernos un bocadillo y olvidarnos del pan. Los tres días que pasamos merecerían un post en exclusiva, pero dado que no es el objetivo de este blog, sólo os diré, que no perdáis de vista vuestros prismáticos. Los cielos de la ciudad son sobrevolados, a  parte de por miles de vencejos comunes, por bandos de cigüeñas blancas y negras. Sobre sus tejados cazan pequeños grupos de cernícalos primillas y en sus parques, además de las omnipresentes cornejas cenicientas se pueden ver cosas tan interesantes como picos sirios (Dendrocopos syriacus).


hembra 
macho